Los nuevos escándalos de la Junta afectan a Susana Díaz

Mientras la policía ha comenzado a detener a decenas de altos funcionarios de la Junta de Andalucía, implicados en el fraude multimillonario de los cursos de formación, la presidenta en funciones de la Junta, Susana Díaz, mantiene la exigencia de que los partidos de la oposición andaluza le faciliten la investidura para una nueva legislatura a cambio de difusas promesas.

Una pretensión que debía ser aplazada a la vista de este nuevo y gigantesco escándalo que la afecta a ella personalmente, porque algunos de los contratos fueron realizados bajo su mandato, motivo por el que los partidos de la oposición andaluza, y especialmente Podemos y Ciudadanos, deberían pensarse y mucho su decisión antes de dar un paso al frente a favor de Díaz.

La que, por otra parte, dice que ella no acepta un cambio de apoyos o cromos con otros partidos en los Ayuntamientos que se han de constituir antes del próximo sábado día 13, porque lo que quiere es quedarse ella con todos los cromos, la Junta y las Alcaldías de Sevilla y Córdoba entre otras, y muy a pesar de que el PP consiguió ser la lista más votada en ambas ciudades.

Ayer Díaz volvió a recibir la negativa del líder del PP andaluz Juanma Moreno, quien le volvió a pedir un acuerdo de respeto a las listas más votadas en ayuntamientos y en la Junta, a lo que Susana respondió que no. Y hoy le toca el turno negociador a Ciudadanos, Podemos e IU que llegan a su encuentro con Díaz en medio de la avalancha de detenciones policiales de muchos altos cargos de la Junta.

La estrategia de Díaz pasa por conseguir el acuerdo de investidura antes de que el día 13 se constituyan los nuevos Ayuntamientos y advierte y amenaza con un nuevo adelanto electoral si para esa fecha no ha logrado los apoyos. Como el que podría ofrecerle Ciudadanos, si los de Albert Rivera finalmente deciden apoyar al PSOE en Andalucía y al PP en la Comunidad de Madrid -donde al menos Cristina Cifuentes está luchando contra la corrupción del PP- para presentarse como partido centrado que facilita la investidura de las listas más votadas. Pero el nuevo escándalo de Andalucía le puede pasar factura a Albert Rivera quien, por otra parte, sigue dudando que hacer en Madrid a la vista de las revelaciones del caso de las tramas Púnicas de corrupción del PP.

En cuanto a Podemos parece que podría existir un acuerdo secreto entre Susana Díaz y Teresa Rodríguez para permitir que el candidato de Podemos en Cádiz, José María González, 'Kichi' -que es la pareja sentimental de Teresa- logre la Alcaldía de esa ciudad, a pesar que el PSOE local no está de acuerdo y preferiría que la candidata del PP, Teófila Martínez, repita como alcaldesa de la ciudad.

A la espera de las reuniones que hoy mantendrá Díaz con los representantes de Podemos, Ciudadanos e IU, lo más sorprendente es el silencio de la oposición andaluza ante el nuevo estallido de la corrupción en la Junta de Andalucía. Lo que debería ser motivo de revuelo y más exigencias a Susana Díaz. Incluso de diálogo entre los opositores a la candidata del PSOE para formar un gobierno de transición, presidido por un independiente o un candidato neutral, para que durante un año limpie la Junta de corrupción, abra una comisión de investigación en el Parlamento andaluz, se colabore con la Justicia, se acabe con el nepotismo y el clientelismo del PSOE en la Junta que dura más de 30 años, y posteriormente se convoquen elecciones.

Eso es lo que ocurriría en una democracia que se precie de serlo. Y parece ser, curiosamente, el argumento que Ximo Puig candidato del PSOE a la Presidencia de la Comunidad de Valencia ha planteado a sus posibles socios de gobierno de la izquierda, ante la insistencia de Mónica Oltra de Compromís de ser ella la nueva presidenta valenciana, a pesar de tener menos escaños que los del PSOE pero con el argumento de que cuenta con el apoyo directo de Podemos.

Lo de los gobiernos de limpieza en aquellos sitios marcados por la corrupción no sería una mala noticia como alternativa novedosa a los pactos. Pero en el vigente momento español y vistos los enfrentamientos ideológicos entre los distintos partidos, no parece que algo así pueda ser viable.

De esa manera se acabaría de un plumazo la soberbia de Susana Díaz en Andalucía y quedaría en evidencia su pretensión de que no hay alternativa a su candidatura a la Presidencia de la Junta y de que solo ella puede volver a convocar las elecciones, lo que no es verdad en ninguno de los dos casos.

Bastaría que IU, Podemos, PP y Ciudadanos, que sí representan a la gran mayoría del pueblo andaluz, presentaran a la Presidencia del Parlamento un candidato neutral para que se acabaran de una vez los malos modales altaneros de Susana Díaz y sus descalificaciones y toda clase de amenazas a los líderes de la oposición, y sobre todo para levantar y airear las alfombras de la Junta bajo las que se oculta la corrupción. Ahora que tanto se habla de la cultura de los pactos no estaría mal que se exploraran todas las alternativas que emanan de las urnas sobre todo si de lo que se trata es de acabar con la corrupción.