El PSOE responde a Rajoy

“El PP es un partido hundido, en retirada y en descomposición’. Así ha respondido el secretario de organización del PSOE Cesar Luena a las duras palabras de Rajoy con las que acusó a Pedro Sánchez de hacer ‘pactos antidemocráticos y aliarse con la extrema izquierda’. Sal gruesa del presidente del Gobierno, que descalificó con esas palabras el resultado electoral del 24M y la legitimidad de los pactos que los partidos con representación institucional están en su derecho de acordar.

Rajoy está muy tocado por su fracaso en el 24M y acorralado dentro y fuera de su partido. Y ha decidido que la mejor defensa es un ataque y se ha liado a palos con el líder del PSOE, Pedro Sánchez, a las pocas horas de un almuerzo en La Moncloa en el que presidente, acostumbrado al ordeno y mando sobre todos los que habitan en ese espantoso palacio, creyó que le iba a imponer su voluntad al secretario general del PSOE y conseguir pactos con el PP. Pero el joven Sánchez se resistió a caer en las garras de Rajoy, como el joven Rivera se resiste a caer en las garras que Aguirre tiene puestas sobre la Comunidad de Madrid.

Porque ambos saben que una cosa sería lograr unos pactos constitucionalistas entre el PP, PSOE y Ciudadanos, pero otra muy distinta es pactar con el liderazgo autoritario, ultra conservador y muy tocado por la corrupción de Mariano Rajoy, que se ha convertido en el primer obstáculo para la estabilidad política y para la renovación de su partido. Y que, con una soberbia infinita, les dice a Sánchez y a Rivera que se arrodillen ante su persona porque él se considera la estabilidad, la solución de la crisis económica y el único capaz de conducir a España por la senda de la unidad –lo que no es cierto como se vio en su retirada ante la consulta del 9N-, la regeneración y la modernidad.

Es exactamente al contrario. El viejo Rajoy es el principal problema, empezando para el PP, como ya se lo han dicho sus barones –‘mírate al espejo, Mariano’- y la pitonisa –Cayetana- de FAES exigiéndole su marcha. Pero el presidente no se mueve y desata su furia contra todo y contra todos, e incluso duda en hacer los cambios que a regañadientes prometió porque teme que si abre la puerta de la renovación el primero en irse tendrá que ser él. Y por ello decidió que su mejor defensa es un ataque y ha soltado por su boca el ataque contra Pedro Sánchez y el PSOE llamando antidemocráticos unos pactos que emanan de las elecciones y por lo tanto son democráticos, le guste o no a Rajoy o al lucero del alba, y aunque se hagan con el mismísimo diablo que a buen seguro no es Manuela Carmena.

La solución a la grave crisis del PP, que camina con paso firme hacia una nueva y gran derrota electoral en dos tiempos –los comicios catalanes de septiembre y los generales de noviembre- no se arregla insultando y atacando a los demás sino mas bien, al contrario. Renovando con urgencia el partido, presentando a un nuevo candidato a la presidencia del Gobierno y garantizando una lucha sin cuartel a la corrupción y a sus responsables políticos para que, tras las elecciones generales del otoño, el PP pueda participar en los pactos del gobierno nacional.

Pero si no se hacen estos cambios y Rajoy no se va, la profecía de Luena que califica al PP como un partido ‘hundido, en retirada y en descomposición’ se cumplirá. De hecho no hay que mirar demasiado lejos y ni siquiera al territorio de Valencia una región que apesta casi en su totalidad. En el propio PP de Madrid y su Comunidad autónoma tenemos un claro ejemplo de la monumental crisis del PP, con Aguirre atrincherada en Génova 13, la sede donde habitaban los Bárcenas y La Puerta, y en cuyas de pendencias se encuentra algunas compuertas secretas que conducen a la cueva de Alí Babá.

Lo malo para ese domador de tiempo que presumía ser Rajoy es que a él ya no le queda tiempo. Apenas unas semanas o unos pocos meses. Pensó que, a pesar de su fracaso del 24-M, él con sendas comidas en la Moncloa con Rivera y Sánchez, en las que los invitados eran el menú de sus saturnianos almuerzos, iba a recomponer a su favor la situación pero se volvió a equivocar. A ninguno de los dos convenció y luego desató su ira contra Sánchez y lo mismo hará contra Rivera si finalmente no le entrega la Comunidad de Madrid y otros regalos.

Rajoy no tiene escapatoria. El cambio ha comenzado y a él solo le corresponde el decidir si un PP limpio y renovado se suma al tiempo nuevo o se encastillan en el fortín de la derrota y de los escándalos que ellos mismos han forjado y del que no saben como salir. Algunos piensan que a caballo como si fuera a una Cruzada en contra del comunismo, el independentismo y el terrorismo. Pero esos fantasmas ya no existen, no son de este tiempo. Ahora los problemas son otros la calidad de la democracia, la pobreza y la dignidad social, la cohesión nacional y la corrupción. Y para hacer frente a estos desafío ya no sirve Rajoy.