Rajoy contra la democracia y el PSOE

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Maragallo, tuvo que salir días atrás al encuentro de los últimos disparates de Esperanza Aguirre, para decir que Manuela Carmena y Podemos son demócratas. Pues bien ahora es su presidente del PP y del Gobierno el que exhibe su furia anti democrática porque nadie o casi nadie quiere pactar con el PP, y especialmente con él. Y es así como Rajoy ha lanzado desde el palacio de la Moncloa y la Presidencia del Gobierno de España un ataque frontal contra la democracia, los partidos democráticos y la legitimidad de los pactos que emanan de las elecciones del 24-M. Las que, por lo que se ve, no acata ni reconoce Mariano Rajoy.

Rajoy sigue buscando responsables externos de su fracaso político y personal y ahora la ha tomado con Pedro Sánchez y el PSOE a los que acusa de fomentar pactos ‘antidemocráticos’ y de aliarse con la ‘extrema izquierda’. Unos pactos del PSOE que son de su exclusiva responsabilidad y cuyas consecuencias pagarán los socialistas en las urnas si derivan en actitudes que son contrarias a la estabilidad nacional. Y si el PSOE se acerca a la extrema izquierda de Podemos no es menos cierto que Rajoy se va hacia la ‘extrema derecha’ imitando los discursos de Esperanza Aguirre y Rita Barbera, dos perdedoras enloquecidas que a su vez son las responsables políticas -como Rajoy- de flagrantes casos de corrupción. Pues bien que se cuide Rajoy de este nuevo discurso anti democrártico, no vaya a ser que Albert Rivera comience a ver con claridad los peligros que encarna cualquier pacto con el PP.

Partido donde, entre otras cosas, Ciudadanos está viendo que Rajoy es incapaz de regenerar y de poner orden en el PP a nivel nacional y menos aún en el PP de Madrid donde los imputados por corrupción se negaban a dimitir y donde su presidenta Esperanza Aguirre se mantiene en el cargo a pesar de ser la máxima responsable política de la corrupción madrileña y el principal obstáculo para un posible acuerdo entre Rivera y Cifuentes en la Comunidad de Madrid. Pero Rajoy no se atreve con Aguirre porque teme que la madrileña le responda, si se le pide su dimisión por la corrupción de Madrid, que el primero que tiene que dimitir es Rajoy por sus responsabilidades en los casos Gürtel y Bárcenas, lo que abriría de manera definitiva la caja de los truenos en el PP.

La soberbia y la ceguera de Rajoy crecen en la misma medida que pierde contacto con la realidad nacional y aumenta la desazón dentro de su partido y su gobierno en los que ahora duda si hacer cambios o no porque el viernes declaró que no hay que tocar ‘lo que funciona bien’, según su exclusivo criterio. O sea palos para todos, para el PSOE y Sánchez incluidos, para los pactos entre los partidos democráticos de la oposición y para el Partido Popular al que trata con el mayor de los desprecios a pesar de ser el principal responsable del fracaso electoral del 24-M.

Además, este presidente del Gobierno no entiende dos cosas esenciales: que el discurso del miedo y sus referencias a la extrema izquierda no causan el menor efecto en la ciudadanía como se ha visto el 24-M y menos cuando no paran de crecer la corrupción y los problemas económicos y sociales y la pobreza entre de las clases mas desfavorecidas del país; como no entiende Rajoy que su discurso alarmante y antidemocrático contra la extrema izquierda a los únicos que puede interesar son a inversores extranjeros, a los que envía mensajes de una España extrema, inestable e ingobernable. Aunque tantas veces avisó Rajoy, dentro y fuera de España, de la llegada del lobo desestabilizador a nuestro país que al final españoles y extranjeros comprenderán que la causa de la inestabilidad política en España es el propio Rajoy y se proyecta sobre la crisis interna del PP, partido que podría convertirse en la cuarta fuerza política nacional por detrás de Ciudadanos, PSOE y Podemos si todo sigue como va.

Y lo más grave, Rajoy no se quiere marchar, ni convocar un Congreso extraordinario del PP en pos de una renovación democrática de personas, programas y actitudes, lo que conduce al PP al rincón de una derecha ultraconservadora (la vieja Alianza Popular) que abandona el centro de la política en un momento crucial en el que a la vista están las elecciones de Cataluña del 27 de septiembre y las generales de España en noviembre.

Y todo ello en un tiempo en el que el adversario más directo y moderado del PP es Ciudadanos, un partido en línea ascendente al que Rajoy no cesa de enviarle votos del PSOE y del PP -acusando a Sánchez de extremista y atacando a la democracia- lo que da una idea de la munumental indignación que produce en Rajoy la soledad del PP en medio de una tempestad que él mismo sembró con sus vientos y maneras autoritarias de gobernar, su mala política y sus muchos casos de corrupción. Tormenta que ha empezado a estallar en el seno del PP, con la rebelión a bordo de varios de sus barones, y por ello Rajoy se refugia en el discurso de la extrema derecha que los saca del centro de la política y empuja a Ciudadanos hacia la cima del liderazgo nacional.