Pactos de Tronos

iglesias-900Había declarado Pablo Iglesias que él nunca se reuniría en secreto en reservados de los restaurantes para negociar ominosos pactos. Pues es lo que acaba de hacer Pablo Iglesias en un restaurante de Madrid en secreto y con Pedro Sánchez mientras continúan los ‘Pactos de Tronos’, o de poder en alcaldías y comunidades autónomas, entre los jefes de fila de los cuatro partidos en liza. Todos se esconden, se ven en secreto, disimulan ante el público y sus propios militantes, hablan de ideologías y de programas, dibujan líneas rojas en el aire pero lo que ahora está en juego, como en la serie que Iglesias le regaló al Rey Felipe VI, es el control del poder.

Los hay incluso que presumen de su poderío e independencia como las cuatro furias de la política española que ahora circulan por ahí. Colau en Barcelona, Oltra en Valencia, Susana en Andalucía y Aguirre en Madrid. Y algunas de ellas llegan hasta el límite de presumir de que ellas nunca aceptarán ‘el cambio de cromos’. Es decir el intercambio de apoyos mutuos para pactar.

Lo dice Susana Díaz desde Sevilla como afirmando que a ella la tienen que votar el PP, Podemos y Ciudadanos solamente porque sí, porque ella quiere un cheque en blanco y la adhesión incondicional a su persona y liderazgo. Vótenme, dice la tal Susana, que yo luego haré lo que quiera y donde quiera con los votos del PSOE. Es decir que ya veremos si ella deja que el PP gobierne en varias alcaldías de capitales de provincias andaluzas donde resultaron ser la lista más votada. Y lo mismo les dice a Podemos en Cádiz, donde los de Iglesias podrían alcanzar la alcaldía de esa capital.

Y algo parecido está haciendo Mónica Oltra en Valencia con el PSOE. Les pide a los socialistas que apoyen a su candidato de Compromís a la alcaldía de Valencia y además le exige al PSOE que la apoye a ella para la presidencia de la Comunidad de Valencia a pesar de que la lista socialista de Ximo Puig fue la más votada entre los partidos de la izquierda. Y esto ¿por qué? Pues porque dice Oltra que ella tiene un acuerdo con Podemos que suma más escaños que los del PSOE, a los que pretende poner entre la espada y la pared.

Y preguntamos ¿se achantará Pedro Sánchez ante tanta chulería de su propia y enloquecida Susana y los desafíos de Oltra tras su cena secreta con Iglesias en el reservado del restaurante de un hotel de Madrid?

Los días pasan y el tiempo se agota para los ayuntamientos, y en Madrid Manuela Carmena va en volandas, en medio de un clamor popular, mientras Esperanza Aguirre refunfuña en su rincón y agarrada a la presidencia del PP de Madrid para impedir que Cristina Cifuentes tenga una opción de pacto con Ciudadanos.

Sobre todo una vez que las tardías dimisiones -debieron ser inmediatas- y a la fuerza de Vitoria y Figar, imputados en la corrupción Púnica, ya han resultado insuficientes, y con toda la razón, para Albert Rivera el líder de Ciudadanos. El que sabe que la jefa del PP en Madrid y por lo tanto la máxima responsable política de las corrupciones que se han empezado a descubrir en la capital es Esperanza Aguirre. Y porque se teme que todos los casos de corrupción que hasta ahora han aparecido son solo el principio de lo que puede haber escondido por ahí.

En Barcelona y a su aire sigue Ada Colau, convencida de que ERC no se atreverá a vetarla para la alcaldía de la capital por más que ella no se haya sumado a la ‘hoja de ruta independentista de Artur Mas’. Colau se reúne con los vecinos y toma nota de sus quejas y peticiones como si se tratara más de la responsable de una ONG que de la futura alcaldesa de la capital.

Las ‘furias’ más notorias de la política están inmersas en los pactos de tronos a nivel autonómico y municipal, mientras en el palacio de la Moncloa -según publica el diario La Razón- acusan a Pedro Sánchez de ‘sinvergüenza político’, lo que resulta asombroso por parte del presidente Rajoy que se ve ninguneado por los principales actores de los pactos en curso.

Y ¿quién tiene la culpa de todo ello? Pues está claro que los malos son los adanes y los zascandiles, que es como llamaba Mariano Rajoy en la campaña electoral a sus adversarios políticos. Y todo ello después de gobernar a su aire y con permanente desprecio de la oposición. Ahora bien, si es cierto que el portavoz adjunto del Gobierno Luis Ayllón, ha calificado de ‘sinvergonzonería’ el comportamiento político de Pedro Sánchez, entonces llegaremos a la conclusión de que en la Moncloa -que es donde se lleva la política de pactos y no en la secretaría general del PP- están de los nervios y han perdido la cordura y los modales.

Esa sería la prueba del patético final hacia el que camina de manera imparable la legislatura de Rajoy. Perdiendo el que era su inmenso poder autonómico y local, con el PP destruido en su organización y sin una alternativa de liderazgo que les permita recuperar el pulso de cara a las citas electorales, catalanas y generales, que están al llegar