El enredo catalán

Concluidas las elecciones municipales y autonómicas y a la espera de los pactos de gobernabilidad locales y regionales, en el horizonte político se perfila una nuevo conflicto que tiene que ver con la promesa de Artur Mas de celebrar el 27 de septiembre unas elecciones plebiscitarias en favor de la independencia de Cataluña. Lo que va a condicionar la votación para la alcaldía de Barcelona que pretende Ada Colau, y lo que preocupa mucho al gobierno de Mariano Rajoy, donde no se descarta el adelanto al 27-S de las elecciones generales para desactivar los comicios plebiscitarios de Mas.

Así, mientras Ada Colau va pregonando por Barcelona que ella no acatará la ley si le parece injusta -lo que sería un delito- desde ERC le acaba de advertir su líder, Oriol Junqueras, que esta formación independentista no apoyará su candidatura a la alcaldía de Barcelona si no se suma al proceso secesionista catalán. Algo a lo que hasta ahora se había resistido Colau, declarándose a favor del 'derecho a decidir' pero sin ir más allá, y sobre lo que se va a tener que pronunciar con mayor claridad.

Es verdad que en estos días agitados de negociaciones urgentes para lograr pactos de gobernabilidad de los ayuntamientos antes del 13 de junio vamos a asistir a curiosas interpretaciones de la escena del sofá entre Don Juan y Doña Inés donde la teatralidad, los reproches y las desavenencias entran en el primer acto del espectáculo. Eso está ocurriendo en Madrid, Barcelona y Valencia y algo parecido ya pasó en las sesiones de investidura de Susana Díaz en Andalucía donde se está a la espera del comienzo del segundo acto.

Sin embargo, y por más que por ejemplo Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se lancen advertencias mutuas, todos creen que en los pactos de la izquierda se impondrán los acuerdos, sea contra CiU en Cataluña o contra el PP en el resto de España, al menos de manera generalizada.

Ahora bien el caso de Barcelona incluye ingredientes muy especiales como lo acaba de subrayar con la mayor seriedad Junqueras con su advertencia a Colau para que se convierta al independentismo porque la capital catalana -que representa el 25% del electorado, dos millones de personas- es la pieza fundamental del proceso soberanista de Artur Mas, y la joya de CiU y del poder económico catalán, los que no quieren ver la ciudad en manos de un gobierno populista y de la izquierda radical.

Además en esta partida está en juego la convocatoria o no de las elecciones plebiscitarias y autonómicas de Cataluña que ha prometido Artur Mas para el día 27 de septiembre y serán precedidas de una gran manifestación en la Diada del día 11 del mismo mes en Barcelona, para lo que sea necesario el apoyo de la alcaldía de la capital.

De manera que en Barcelona está en juego la alcaldía y la convocatoria de las elecciones plebiscitarias. Y Mas parece tener muy claro que sus pactos con ERC deben alcanzar al terreno municipal, empezando por Barcelona, lo que comienza a preocupar y con razón a Ada Colau.

De la misma manera que al PP le preocupa y mucho la convocatoria de las elecciones plebiscitarias por tres motivos fundamentales: por todas las consecuencias políticas que de ellas se pueden derivar; porque el PP no tiene buen candidato para concurrir a esos comicios, visto el rechazo que allí provoca su primera representante Alicia Sánchez Camacho; y porque los sondeos anuncian que Ciudadanos será el segundo partido más votado en menoscabo del PP y del PSC y eso facilitará el triunfo de Albert Rivera de cara a las elecciones generales del mes de noviembre.

De ahí que tampoco se descarte en Madrid que Rajoy se decida a unir las elecciones catalanas con las generales para empantanar el proceso de los secesionistas y levantar allí la bandera de España, tal y como lo reclaman los sectores más conservadores del PP, que acusan al presidente Rajoy de haber hecho la vista gorda durante la consulta secesionista del 9N.

Motivos todos ellos por los que el enredo catalán parece más complicado de lo que en principio creían Ada Colau y el propio Artur Mas, dado que en la porfía están en juego la alcaldía de Barcelona, las elecciones del 27-S y la unidad nacional.