Rajoy no descarta cambios en el Gobierno y en el PP

En el PP siguen inmersos en el mayor de los desconciertos. Por fin y una vez que cuatro barones del PP han anunciado su marcha, el presidente Mariano Rajoy dice que tomará decisiones y, en contra de lo que dijo el lunes, ahora no descarta cambios en el Gobierno y el partido para preparar las elecciones generales del mes de noviembre. Y añade que los cambios ‘no se anuncian antes de que se produzcan’. Un vuelco en su actitud que es consecuencia de la rebelión de los barones del PP.

A la vez crece en el PP el rosario de declaraciones contradictorias. Como las del ministro de Interior Fernández Díaz que ha apoyado la propuesta de Aguirre de un pacto de todos contra Podemos, lo que rechaza Javier Arenas poco después de que el ministro de Exteriores García-Margallo y Cristina Cifuentes dijeran que Manuel Carmena y Podemos son demócratas. Y la guinda del caos otra vez en boca de Aguirre que propone para la alcaldía de Madrid un gobierno de ‘integración’ incluyendo a Carmena ‘siempre y cuando renuncie a no imponer ‘soviets’ (sic) en los distritos madrileños.

Por si algo faltara a los dirigentes regionales del PP que dicen que se van de la primera línea del partido ahora les afean desde Génova 13 que ‘se han precipitado’. Cuando el que se precipitó fue Rajoy negando los cambios que ahora afirma que hay que hacerlos, y que a remolque una vez que esos cambios ya los han iniciado los barones regionales que han anunciado su marcha, hartos del inmovilismo de Rajoy.

Cambios que, por lo que se empieza a escuchar en la cúpula del PP podrían incluir nuevos ministros en su Gabinete y la imposición de cuatro gestoras en Madrid, Valencia, Cataluña y el País Vasco. Entre otras cosas porque parece claro que Alicia Sánchez Camacho no será candidata del PP a las elecciones autonómicas catalanas del 27 de septiembre que Artur Mas insiste en convocar, según se desprende de sus últimas declaraciones.

Está claro que Rajoy no ha salido del aturdimiento en el que vive después de la debacle electoral del día 24 y no solo no sabe qué hacer sino que ha perdido la autoridad porque cada dirigente va por su lado. Y algunos ya le han tomado la delantera y adoptando decisiones por su cuenta que parece son irreversibles, como ocurre con la marcha anunciada por Fabra, Rudí y Bauzá. Y todo ello mientras Cospedal, de la que se dice que también se va, guarda un espeso silencio desde la secretaría general donde está claro que carece de mando tras las desautorizaciones que sufrió de Rajoy en Madrid, Valencia y Andalucía.

En cuanto al discurso anti Podemos como peligro para la democracia, el PP vuelve al campo de las descalificaciones a sus adversarios políticos que tan caro le ha costado en las elecciones de lo que va de legislatura: europeas, andaluzas y municipales y autonómicas. Todavía no se han enterado en el PP que la agresividad y las descalificaciones se pagan muy caras. Ahí está el caso de Rosa Díez contra Albert Rivera, o el de Aguirre contra Carmena, porque la indignación ciudadana está cansada de esta agresividad, máxime cuando proviene de dirigentes y partidos que tienen responsabilidades en la corrupción.

Y lo que sorprende en todo esto es que el PP se quiera arrogar el mando en los pactos e incluso decirles al PSOE y Ciudadanos lo que tienen que hacer. Una pretensión esta última que constituye otra prueba del desconcierto que impera en el PP. Aunque en el resto de los otros tres partidos, Ciudadanos, PSOE y Podemos, los pactos tampoco están muy claros aunque todavía es pronto para que cada uno descubra su cartas en esta múltiple partida.

De ahí que sorprendan las prisas y locuacidad de los primeros dirigentes del PP ante la propia confusión de Mariano Rajoy que empieza a rectificar y a entender que esta vez su táctica del inmovilismo no le va a funcionar y que su partido y los ciudadanos en general le exigen cambios que el tendrá que adoptar.