Fracaso de Rajoy en ‘el Mayo español’

El cambio político ha comenzado en España en lo que podríamos llamar ‘el Mayo español’, parodiando el ‘Mayo francés’. Un mayo que se inicia en el 15-M de 2011 y que ahora acaba de poner un punto y aparte al modelo del bipartidismo PP-PSOE que gobernó el país desde el inicio de la transición. Bipartidismo que se acaba con la entrada de Podemos y Ciudadanos en los principales gobiernos autonómicos y municipales de España, tal y como se atisbó en las elecciones europeas de 2014 y las andaluzas del pasado mes de marzo.

Estamos ante un cambio sin paliativos que afecta al PP y al PSOE. Y de especial manera al PP de Rajoy y mal hacen y peor harán si insisten en el consuelo -de tontos- de pregonar que ganaron las elecciones municipales con el 26% de los votos del país, frente al 25 % del PSOE. Porque es más cierto decir que el PP de Rajoy perdió el inmenso poder regional y local que había cosechado en 2011, como consecuencia de sus malas políticas económicas y sociales, sus reformas legislativas con involución en la vida democrática y las libertades, el uso abusivo de su mayoría absoluta en el Parlamento nacional y con el gigantesco pantano de la corrupción del PP en el que han desembocado ríos de escándalos por doquier, a los que Rajoy y sus barones no han puesto coto ni han asumido responsabilidades políticas por ello. De ahí, entre otras cosas, los fracasos en Madrid y Valencia.

Por todo ello cabe imaginar que el PP debe refundarse en un Congreso extraordinario antes de las elecciones generales de finales de año (y de las catalanas del 27 de septiembre, si es que Mas la convoca). Refundación del PP obligada en proyectos, programas y líderes, que veremos si le alcanza al propio Rajoy por el fracaso de su liderazgo en todas las elecciones que se han celebrado en esta legislatura, lo que también afecta a su equipo en el Gobierno y en el PP, empezando por Sáenz de Santamaría y Cospedal.

Ya se lo dijo Aznar a Rajoy en la Convención de enero del PP en Madrid cuando preguntó que dónde estaba el Partido Popular y si de verdad quería ganas las elecciones. Un Aznar reaparecido y aclamado en esta campaña electoral cuya opinión y decisión sin duda se hará notar en las próximas semanas y debates internos del PP.

Y una refundación del PP obligada por el fracaso electoral y también por los fracasos personales de destacados dirigentes del partido empezando por el de Esperanza Aguirre, cuya campaña electoral, sucia y bronquista, acabó contaminando a todo el partido sacándolo del centro político, y siguiendo por Dolores Cospedal si finalmente pierde La Mancha, o Rita Barberá en Valencia, etcétera.

Y, aunque ha salvado ‘los muebles’ de su liderazgo frente a Susana Díaz, que no eche Pedro Sánchez las campanas al vuelo como líder del cambio político en marcha, porque ahora más que nunca depende de Podemos, la nueva izquierda. Y en buena parte también de Ciudadanos, por ejemplo en la Comunidad de Madrid. No en vano muchos de los gobiernos que el PP puede perder en autonomías y ayuntamientos dependerán de Podemos y de Ciudadanos, de ahí que el baile de los pactos que ahora comienza va a ser decisivo para todos.

Incluso para Rajoy quien calificó al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, de ‘adanista’ y que ahora deberá convencer al político catalán de la necesidad de pactos con el PP porque son muchas las alcaldías y comunidades en las que Ciudadanos tendrá la llave de la gobernabilidad. Y que se cuide de los pactos Rivera, sobre todo en aquellos territorios que estuvieron marcados por la corrupción porque el mensaje del cambio político que emana de la gran mayoría de los españoles no lo debe alterar. Asimismo Albert Rivera y Ciudadanos deben comprometerse directamente en los gobiernos y no solo con apoyos parlamentarios externos porque hay mucho que vigilar y controlar.

¿Cómo se ha llegado a este ‘Mayo español’ del fin del bipartidismo y del cambio político? Pues porque el modelo de la transición española ya está agotado y hacía tiempo que pedía una profunda reforma y renovación. La que empezó, ahora hace un año, con la abdicación del rey Juan Carlos I y la proclamación de su hijo Felipe VI como Rey de España.

Y también por el deterioro y la baja calidad de la clase política española, lo que emana de una pésima ley electoral que coloca todo el poder, e incluso la soberanía nacional, en manos de los jefes de los partidos muchos de ellos sin democracia interna. Y porque en España no existe la separación de los poderes del Estado motivo por el que no hay controles legales ni democráticos -del Parlamento y la Prensa- y todo ello ha favorecido el gran espectáculo de la corrupción en todos los niveles e instituciones del Estado. Y todo esto se debe terminar en pos de una reforma y regeneración democrática y una nueva política como la que ahora acaba de comenzar.