La incógnita de la lista más votada

En vísperas del domingo electoral, el presidente de Galicia, Alberto Núñez Feijóo y el expresidente del Gobierno, Felipe González, han coincidido a la hora de afirmar que en las comunidades y ayuntamientos debe gobernar "la lista más votada". González ha añadido el matiz de poner, como una de las condiciones, la capacidad del líder más votado para conseguir apoyos para la formación de Gobierno. Lo que, por ejemplo, podría relativamente fácil para Susana Díaz en Sevilla si pacta con el PP o la izquierda y muy difícil para Esperanza Aguirre y Rita Barberá en Madrid y Valencia por los casos regionales acumulados en la corrupción del PP.

Pero ya es tarde para las cábalas porque estamos en vísperas del día ‘D’ de las urnas del domingo 24, donde puede que ningún partido político esté en condiciones de proclamar una gran victorial. El PP porque, aunque logre ser la lista más votada en muchos lugares, perderá las cómodas mayorías absolutas que alcanzó en 2011.

Los de Podemos porque, como ya lo reconoce Pablo Iglesias, han perdido fuelle y entusiasmo, respecto a unas expectativas que ellos consideraron inmejorables. Ciudadanos puede que sea el partido más beneficiado porque parte de cero y no cayó en el error de Podemos de presentarse como primer partido de la oposición. Y el PSOE porque, aunque conservará frente a los de Podemos -aunque no en todas partes- el segundo lugar nacional, tendrá un resultado mediocre en plena crisis del paro y de la corrupción del PP, lo que debía garantizarles una gran victoria que no tendrán.

Ayer, en Cáceres, Pedro Sánchez y Felipe González no consiguieron llenar la plaza de toros con apenas 4.000 asistentes del total de 7.000 del aforo, mientras Rajoy, Fabra y Barberá sí llenaron la plaza de Valencia de mayor capacidad a pesar del cúmulo de escándalos de corrupción del PP. Lo que da idea de la falta de tirón electoral de Sánchez, marcada por la ausencia de cohesión en el seno del PSOE que en la legislatura ha cambiado tres veces de liderazgo -Zapatero, Rubalcaba y Sánchez- y corre el riesgo de añadir un cuarto si se confirma la ambición de Susana Díaz de aspirar a la cabeza del cartel de los socialistas en las elecciones generales de fin de año.

La frialdad del encuentro de Sánchez y Díaz en el mitin electoral de Sevilla del jueves da una idea de esta situación, marcada por la urgencia -el diario El País está en campaña a su favor- de la difícil investidura de Susana Díaz como presidenta de la Junta de Andalucía. Un paso imprescindible para que Díaz pueda, tras ser investida, ser la candidata nacional del PSOE, lo que significaría un duro final del liderazgo de Sánchez.

La clave del PSOE estará sin duda en los resultados y los posibles pactos de Gobierno a los que Sánchez se resiste -en relación con el PP- pero sin muchas certezas. Aunque sabe que la pieza maestra de los pactos con el PP o con la izquierda está en el caso emblemático de Andalucía, Comunidad decisiva y emblemática para el PSOE. Y el lugar donde Pedro Sánchez se juega tanto y podría tener la llave del pacto o su mayor problema político.

Lo de la lista más votada, que favorecía mucho al PP, puede ser dramático para el PSOE si favorece las candidaturas populares, y el balón de oxígeno que necesita Podemos para relanzar su partido de cara a las generales tras acusar al PSOE de traicionar a las bases y electores de la izquierda en pos de un pacto con la derecha.

El laberinto de los pactos que se presentará tras la jornada electoral va a ser endiablado y difícilmente bipolar PP-PSOE como pretenden Núñez Feijóo y Felipe González. Habrá pactos y gobiernos de todos los colores y a ello se ha de acostumbrar la ciudadanía. Sobre todo porque en este país sigue existiendo una amplia mayoría, ruidosa y silenciosa, que exige un cambio de rumbo, de partidos y de políticos y eso no se puede ni se debe defraudar ni evitar.