Alfonso Alonso rectifica la austeridad sanitaria

El ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, ha rectificado parte de las decisiones de su predecesora en el cargo, Ana Mato, y se perfila como un político que va a tener en el PP un creciente protagonismo, si este partido decide poner en marcha una renovación y regeneración de dirigentes en un plazo no muy alejado. Probablemente tras las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo, donde los ‘populares’ pueden sufrir un segundo fracaso tras la reciente derrota de Andalucía.

Alonso se ha ocupado a fondo del problema de la asistencia a los enfermos de hepatitis C, asunto que parece estar en vías de solución. Ya en enero suprimió el copago farmacéutico hospitalario y ahora acaba de eliminar la prohibición del acceso a la asistencia primaria de inmigrantes irregulares en la Seguridad Social, lo que prohibió el Gobierno de Rajoy en 2012. Se trata de una decisión importante desde el punto de vista humanitario que además reduce los atascos en los ambulatorios de urgencias, que eran el único lugar al que estas personas podían acudir en caso de enfermedad. Aunque esta decisión del ministro es una medida incompleta por estos inmigrantes, al carecer de tarjeta sanitaria, no tienen acceso a los médicos especialistas.

Las iniciativas de Alonso se suman a otras rectificaciones de carácter social que el Gobierno de Rajoy ha puesto en marcha en las últimas semanas y que fueron anunciadas durante el pasado debate de la nación con el deseo de reducir, de cara a los procesos electorales en curso, el malestar social de las clases medias y sectores más desamparados de la sociedad. Los que han sido completamente olvidados por el Gobierno en sus políticas de ajustes, mientras se derrochaban ingentes cantidades de dinero para salvar bancos y cajas de ahorro.

Un gravísimo error, muy propio de los gobiernos conservadores, que dio alas a los movimientos sociales y a partidos como Podemos. Si a ello le sumamos las innecesarias reformas legislativas de este Gobierno de corte ideológico, como la ley del aborto, o las relativas a Educación, Sanidad, Justicia e Interior, que han incluido una clara involución democrática y de libertades, veremos que estas cuestiones han sido esenciales en el deterioro electoral del Partido Popular.

Ajustes contra los sectores más desfavorecidos y reformas ideológicas innecesarias que, por otra parte, van a durar muy poco porque el PP no volverá a gobernar con mayoría absoluta y muchas de esas reformas -como las del Código Penal- serán rectificadas de un plumazo en próximos meses.

La pregunta que surge ahora en el seno del PP es la de si se podía haber hecho el ajuste fiscal del déficit y la convergencia con la UE sin asfixiar a las clases medias y bajas y sin provocar un vuelco ideológico en asuntos de alta incidencia social. Y la respuesta es que si, que la austeridad fiscal se ha podido llevar a cabo de otra manera e incluso con consenso político a pesar de la mayoría absoluta del PP.

Y es por ello por lo que ahora, como lo hace el ministro Alonso, el PP y su Gobierno empiezan a recular con el argumento de que la mejora económica les permite ahora hacer concesiones lo que no es verdad. Lo que ahora les empuja a estos cambios son las elecciones en curso, pero el daño ya está hecho y ninguno de los que han sufrido los ajustes cambiará su voto por más que el gobierno les prometa ahora otras políticas.

Y lo mismo ocurre con los impuestos y las rebajas anunciadas que están muy lejos de la situación fiscal que el PP heredó del PSOE. Y todo ello porque los ciudadanos ya saben -y se van a encargar de ello- que el PP no logrará una nueva mayoría absoluta en las elecciones generales y que a partir de 2016 muchas de estas injustas y duras situaciones cambiarán por la llegada al Ejecutivo de otros partidos, aunque sea en coalición.

Una vez más, y como ha ocurrido en otras ocasiones, la mayoría absoluta -que nunca es eterna y difícilmente repetible en dos legislaturas- ha cegado los ojos de los gobernantes del PP y desde su enorme poder en municipios, comunidades y Gobierno central, el Ejecutivo de Rajoy perdió contacto con la realidad y  la sensibilidad social e impuso criterios de orden ideológico en un tiempo de alto deterioro social.

Y ahora, como lo acaban de ver en Andalucía, el PP está sufriendo un duro castigo electoral, que se va a extender a los ayuntamientos y comunidades en liza en los comicios del 24 de mayo, y probablemente a las elecciones generales de primeros de 2016.

Y ¿no hubo nadie en el Gobierno que, a finales de 2011, cuando se inició la legislatura tuviera una visión política más justa y cercana a la sociedad? Pues está claro que no y de esos errores estos resultados electorales, en los que también se incluyen los escándalos de la enorme y variada corrupción. Aunque el mayor error de Rajoy y de los suyos consistió en creer que ellos solucionarían la crisis económica en poco tiempo y que ese éxito les daría una nueva mayoría absoluta para gobernar. Y se equivocaron y así les va.