Rosa Díez se enroca y lleva a UPyD al desastre

El Consejo Político de UPyD tenía que abordar dos cuestiones de mayor importancia: salvar la supervivencia del partido; y reconducir su proyecto de manera urgente y decidida para reintegrarse en una gran oferta electoral de centro democrático de cara a los comicios municipales y autonómicos del 24 de mayo, buscando acuerdos con Ciudadanos. Una misión, sin duda difícil y arriesgada que incluía el relevo en la máxima dirección de UPyD pero que, por imposible que pareciera, constituía la única salida posible y un gesto de responsabilidad no solo ante sus militantes y sus votantes sino también ante los millones de ciudadanos que buscan una alternativa seria, democrática y razonable a la crisis del bipartidismo nacional. Pero nada de esto se ha hecho y UPyD avanza desconcertada hacia nadie sabe dónde.

En democracia no basta con pedir perdón por los errores cometidos y por los fracasos que afectan a todo un partido político. Hay que asumir, sin la menor dilación, las responsabilidades políticas y eso no ha sido lo que ha hecho Rosa Díez en el Consejo Político de UPyD donde se volvió a enrocar en su omnímodo poder llevando a su partido hacia el desastre electoral. Y, lo que es peor, dejando pasar un tiempo precioso y una oportunidad de oro para avanzar por el centro de la política en un momento crucial para todo el país donde, frente al bipartidismo decadente, se está abriendo una ‘tercera vía’ centrada y democrática que Ciudadanos ya ha empezado a ocupar.

El Consejo Político de UPyD, que controla Rosa Díez, ha dejado las cosas como estaban y pretende aplazar una grave crisis del partido hasta después de las elecciones autonómicas y municipales del 24 de mayo, sin que ella ni su equipo directivo en pleno hayan presentado la dimisión por los graves errores y los fracasos que les atañen. Como son la derrota en Andalucía, la negativa de un pacto con Ciudadanos para fortalecer el centro político y la negación de la tozuda realidad que hace que sus votantes, varios dirigentes, diputados notorios y muchos de sus militantes hayan abandonado a Díez y UPyD, lo que los conduce a un imparable proceso de autodestrucción.

La crisis, como una gangrena, necesitaba cortar por lo sano y sin pérdida de tiempo, pero las mismas soberbia y ceguera de las que ha hecho gala Rosa Díez para conducir UPyD al fracaso han vuelto a hacer acto de presencia para dejar las cosas como estaban y a la espera de lo que ocurra el 24 de mayo. Unas elecciones a las que UPyD concurrirá inmersa en un cúmulo de malas noticias, disidencias internas y sin capacidad de llevar a cabo un discurso político ilusionante y creíble.

Y falta por ver con qué candidatos y en qué estado de ánimo UPyD se presentará en esa campaña electoral. Ya en las elecciones andaluzas su capacidad de convocatoria fue mínima y reducida a simbólicos encuentros con algunos medios de comunicación. Y ello por causa de sus pésimos y agresivos modales y errores políticos que acabaron condicionando los pésimos sondeos preelectorales que vaticinaban el hundimiento de este partido en Andalucía, lo que las urnas confirmaron después.

¿Y creen que anunciando un Congreso Extraordinario para después de las elecciones, con la posible futura dimisión de Díez y cambio de liderazgo a favor de su mano derecha, Múgica Herzog –su tapadera-, todo se arreglará y los votantes del centro político apoyarán a un partido en vía de desguace?

No cabe duda que los actuales órganos directivos de UPyD tienen todavía la legitimidad democrática y el control de la organización y están en su derecho de decidir lo que deseen y de aplazar, como lo han hecho, la crisis hasta el Congreso Extraordinario, e incluso de mantener a Rosa Díez como la líder del partido tal y como hicieron. Pero se olvidan algo fundamental que ha subrayado Luis de Velasco con su propuesta de dimisión colectiva de la dirección: que los votantes ya han hablado en Andalucía y deben ser tenidos en cuenta. De lo que se deduce que harán lo mismo en el resto de España tal y como lo anunciaban las encuestas de primeros de este año, y con mas motivo después de lo ocurrido en el Sur y de la crisis abierta a los cuatro vientos de UPyD.

Y si la democracia interna del partido fracasa al encastillarse en torno a sus dirigentes ¿cómo estará UPyD en condiciones de hacer brillar su discurso de regeneración democrática y ejemplaridad en toda España? Rosa Díez ha debido dimitir tras el fracaso andaluz y si no lo hizo en ese momento debió de hacerlo en el Consejo Político de manera irrenunciable. Y no solo por no haber reconocido errores y el alcance de su derrota sino y sobre todo por no haber llevado UPyD, como lo demandaban los ciudadanos españoles, hacia una gran plataforma de centro capaz de compartir una ‘tercera vía’ frente al bipartidismo decadente, ocupando el lugar vacío que apareció ante sus ojos tras las elecciones europeas de 2014. Tal y como lo propuso Sosa Wagner y tal y como lo está haciendo Ciudadanos de la mano de Albert Rivera. La ‘burbuja del cava’, lo llamó Rosa Díez desde su pompa de jabón que acaba de estallar.