Rajoy derrotado en Andalucía

Comienza el cambio político en España. Se veía venir, lo anunciaban las encuestas, avisaron los comicios europeos de 2014, y se ha confirmado en las elecciones de Andalucía el que era el territorio más favorable para el bipartidismo al que se le rompe, por su empalizada más alta y sólida del Sur, la que hasta ahora era su muralla infranqueable por causa de la novedosa presencia de Podemos en el Parlamento andaluz (15 escaños) donde también entra con fuerza Ciudadanos (9 escaños).

Elecciones que gana el PSOE de Susana Díaz -inmune al paro y la corrupción- que logra mantener sus 47 escaños de 2012 -aunque pierde 125.000 votos- y que va a necesitar del apoyo de otros partidos para gobernar como podrían ser el del PP, Podemos o Ciudadanos, una vez que IU, su anterior socio en el gobierno, se queda en 5 escaños (pierde 7) insuficientes para pactar. Unas elecciones en definitiva donde el perdedor ha resultado ser el PP de Mariano Rajoy que, en Andalucía, lidera Juanma Moreno quien ha bajado de 50 a 33 escaños y perdido más 500.000 votos.

Unos comicios los andaluces que tendrán un seguro impacto en las citas electorales municipales y autonómicas del 24 de mayo donde se espera la confirmación del fin del bipartidismo. Y en los que el Partido Popular se juega mucho, visto el ímpetu de Ciudadanos por el centro y, de momento, la capacidad de resistencia del PSOE aunque en mayo los socialistas se verán de muy cerca las caras con Podemos en las batallas esperadas de Madrid y Valencia.

Dirá y pensará Mariano Rajoy que el PP ha pagado en Andalucía el duro desgaste de su gobierno, en ajustes sociales y austeridad para así lograr la salida española de la crisis, que considera al alcance de la mano y que cree que se vislumbrará con claridad a finales del presente año y que, con ello, el PP podrá recuperar el impulso y su liderazgo electoral.

Pero todo eso, que en parte es cierto, no es del todo así. El PP ha perdido votos y escaños en Andalucía -y no solo hacia Ciudadanos sino también hacia Podemos- por otros motivos ajenos al desgaste social y económico del gobierno nacional. Los ha perdido por las malas maneras y modales autocráticos con los que Rajoy -incluso dentro de su partido- ha liderado estos tres años de legislatura, desde el inmovilismo y el desprecio a sus adversarios a los que ha tratado con innecesaria agresividad.

También Rajoy es responsable político de los muchos casos de corrupción del PP y de su negativa de limpiar a fondo el partido, consciente quizás de su propia autoría en casos como los de Gürtel y Bárcenas. Incluso él mismo y su gobierno se han equivocado en la política de comunicación que han convertido en propaganda entregada en las manos de personajes que carecen del menor prestigio y credibilidad (sus tertulianos camorristas). Y a no perder de vista, en el inventario de errores, el abandono por el Gobierno de los sectores más débiles y desamparados de la sociedad a los que la crisis ha golpeado con enorme dureza y brutalidad.

La victoria del PSOE en Andalucía tiene matices y la pretendida carroza de Susana Díaz podría convertirse en calabaza si no logra pactos y apoyos de uno o varios partidos para alcanzar su investidura, lo que de no producirse la obligaría a convocar nuevas elecciones y esta vez sin la exclusividad de la televisión, hoy a su servicio, y del aparato clientelista de poder que los socialistas tienen en el sur.

No lo tiene fácil Díaz a pesar de su victoria porque su estilo autoritario -del que hizo gala en los dos debates electorales televisados-, no lo podrá utilizar si quiere salir investida y poder gobernar. Lo que no podrá ocurrir antes de las elecciones municipales y autonómicas del 24 de mayo, porque quien pacte con ella en Andalucía quedará señalado como ‘cómplice’ del PSOE en España y pondrá en peligro su próxima campaña electoral.

Como en peligro de extinción ya están IU y UPyD. Los de IU que veremos si deciden de una vez por todas el acuerdo electoral con Podemos antes de las cita municipal y autonómica de mayo. Y los de UPyD donde Rosa Díez tiene una personal responsabilidad en el fracaso de su partido en Andalucía y en su negativa al pacto con Ciudadanos (de buena se ha librado Albert Rivera) que ella impidió quemando las naves de cualquier acuerdo posible para el futuro porque Ciudadanos, agredido por la propia Rosa Diez, nunca lo aceptará. Lo que podría llevar a UPyD hacia su definitiva y asombrosa autodestrucción cuando ha tenido en su mano el convertirse en la verdadera alternativa de gobierno nacional.

Mientras Ciudadanos, por el contrario, tiene por delante un buen futuro político y un mejor calendario electoral. Porque llegará a la cita de mayo con el impulso de los resultados andaluces y porque en septiembre, en Cataluña, se convertirá en la tercera fuerza política a solo tres meses de las elecciones generales. Albert Rivera lo sabe mientras exhibe su discurso conciliador y respetuoso para con todos sus adversarios, lo que contrasta con la excesiva agresividad de los demás.

El cambio político ha comenzado en España y empezado por Andalucía por más que parezca que allí sigue todo igual. El bipartidismo se acaba y en el seno del PP se abre una crisis de imprevisibles dimensiones por causa de débil liderazgo, malos modales autocraticos y el decidido abandono de la centralidad.