Temblor en el fin de Régimen

El seísmo de 5,2 grados de intensidad que ayer sacudió Madrid a media tarde y en vísperas del último debate sobre el ‘estado de la nación’ podría ser premonitorio del terremoto de fin de Régimen que se anuncia en la vida política e institucional española si, a lo largo de este año electoral de 2015, se confirma el final del bipartidismo PP-PSOE nacido en la transición. Y si con esta sacudida termina el Régimen de toda una época que obligará a una reforma profunda de la Constitución y las instituciones, las reglas de juego político e incluso de las estructuras económicas y sociales del país, muchas de ellas ya en constante revisión.

Puede que los titulares del final del debate se centren en saber quien ganó dialécticamente el duelo parlamentario entre el presidente del Gobierno Mariano Rajoy y el nuevo líder de la oposición y del PSOE Pedro Sánchez. Pero eso no es lo fundamental. Y puede, y sería lógico, que las discusiones se centren en la crisis económica y social que sufre el país. Pero el debate sería incompleto si no abordan cuestiones esenciales que, a buen seguro, Rajoy y Sánchez van a eludir o a pasar de puntillas como la propia crisis institucional y política del Régimen, ahí incluida la unidad nacional.

Por ejemplo ¿por qué abdicó el Rey Juan Carlos? Una pregunta que aún está por responder con exactitud y que es de la mayor importancia. O ¿por qué el Gobierno de Rajoy consintió el referéndum del 9N y el PSOE de Sánchez se calló ante esta flagrante vulneración de la legalidad vigente en este país? Como ambos, salvo que se calienten los ánimos demasiado, van a intentar no hacerse mucho daño en el debate de la corrupción, o sobre el creciente deterioro de la instituciones públicas, empezando por el Poder Judicial (que ambos partidos se reparten) y la Fiscalía del Estado.

Cuestiones que en cierta manera parecen ocultas bajo el pacto anti terrorista yihadista donde se ha incluido una cadena perpetua, camuflada ‘revisable’, y que se añade a otros recortes de derechos y libertades llevados a cabo por el gobierno del PP en la legislatura que ahora y con prisas pretenden dejar de lado, como ocurre con el aborto, tasas judiciales, etcétera.

Siempre en el campo político e institucional Sánchez hablará de reforma de la Constitución sin aclarar qué hacer con el articulo 135 recién reformado sobre la estabilidad presupuestaria, o sobre el modelo territorial del Estado con vistas hacia una fórmula federal ‘asimétrica’ que el PSOE no se atreve a mencionar como tal, mientras permite al PSC mantener su defensa de la autodeterminación, lo que es inconstitucional.

Sobre el sistema a electoral no habrá disquisiciones importantes, máxime ahora que el bipartidismo está en horas bajas y necesitan mas que nunca a la ley D´hont, ni tampoco sobre la necesaria separación de los poderes del Estado, que en España no existe. Solo hay separación de sus funciones.

Rajoy y Sánchez se harán reproches mutuos sobre la crisis que para el PP ya está solucionada o en vías de solución y para el PSOE vigente, o algo recuperada pero injustamente repartida. Y ambos dos harán ofertas de todo orden a los parados, los desfavorecidos y las clases medias para intentar reconciliarse con sus electores de antaño, muchos de los cuales ya no van a regresar al PSOE ni al PP.

Pero estas ofertas y rebajas pre electorales llegan tarde y a buen seguro que no van a conseguir desmontar las alternativas al bipartidismo que nacieron en los comicios europeos e 2014 y se están fraguando en torno a Podemos en la izquierda, como una seria alternativa al PSOE al que superan en todas las encuestas y a IU que está en pésima situación. Y en torno a Ciudadanos por el centro político que ha empezado a crecer de manera exponencial en menoscabo del PP y UPyD. Por lo que Pablo Iglesias y Albert Rivera serán los grandes ausentes del debate, cuyas consecuencias no serán importantes en un país donde los acontecimientos políticos se suceden a gran velocidad y no digamos los relativos a la corrupción.

No suele ser habitual que, en este tipo de debates y menos aún en vísperas electorales, se hable sobre las cuestiones políticas de fondo que embargan la crisis global de este país, que no es solo económica. Sobre todo porque PP y PSOE, los dueños del bipartidismo decadente, quieren que todo siga como está y ha estado en los años de la transición. Pero les guste o no el país ha empezado a cambiar. Como puede que cambien los protagonistas de este debate a partir de 2016. Salvo que la tan aludida gran coalición PP-PSOE llegue a ser una realidad tras las elecciones generales de fin de año.

Algo difícil de imaginar porque los pactos de las elecciones municipales y autonómicas del mes de mayo podrían desbordar esta situación. Aunque desde luego hay que esperar a las elecciones para comprobar los cambios que se anuncian en el horizonte y preconizan situaciones de inestabilidad política en todos los niveles de la vida política nacional. Lo será malo para garantizar el proceso de recuperación económica y social del país que sin duda ha comenzado aunque está bastante lejos de acabar.