Las dos caras de Draghi

Con cierto entusiasmo y también algunas dudas se ha recibido la tardía decisión del presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, de iniciar un programa de compra de Deuda Pública y privada de los países de la zona euro de la UE por valor de 1,14 billones de euros, a unos 60.000 millones mensuales de aquí a septiembre de 2016.

El argumento oficial es el de combatir el riesgo de deflación y ayudar a los países en crisis, pero el reverso de esta decisión nos lleva a la conclusión de que el BCE abre el grifo -arranca la máquina de imprimir billetes- porque la crisis sigue siendo muy poderosa y el ritmo de recuperación mucho más lento de lo esperado. Y también y, visto que las compras de deuda afectan a las públicas y privadas (de los bancos), cabe imaginar que la situación de la banca europea en general deja todavía mucho que desear.

Y si esto es así, nada ni nadie está en condiciones de garantizar que ahora el crédito a las familias y las empresas vaya a circular con facilidad y a bajos tipos de interés. El crédito se moverá, como dice la presidenta del Banco Santander, Ana Botín, pero con prudencia y no como una lluvia de billetes para el conjunto de la llamada ‘economía real’.

De hecho el BCE (y sobre todo Alemania y el Bundesbank) ha debido de ver muy mal  o muy preocupante, la situación política y económica de la UE como para poner en marcha este río de dinero, siguiendo un modelo que dio muy buenos resultados a los EE.UU. (aunque malos en Japón) y que siempre ha contado con la oposición del gobierno de Berlín.

Y cuando hablamos de motivos económicos nos referimos a la deflación y la debilidad del sistema financiero. Pero a no perder de vista los motivos políticos que son tan importantes como los económicos, y ahí está la crisis y las inminentes elecciones de Grecia, y la oleada de protestas sociales en toda Europa que está generando una creciente zona de inestabilidad política en muchos países de la UE, y España ahí incluida.

En todo caso, bienvenida sea esta decisión de Draghi que, de momento, ha creado un ambiente de optimismo en los mercados europeos. Porque ello no garantiza una mayor velocidad en la recuperación del crecimiento, ni que una parte sustancial del nuevo dinero que aporta el BCE llegue de manera clara, directa y ‘a buen precio’ a empresas y familias, por más que si ayudará a rebajar los tipos de interés de la deuda y la prima de riesgo. Lo que hubiera venido muy bien cuando estos tipos estaban muy altos tal y como lo hizo la Reserva Federal de los Estados Unidos, acelerando así el final de la crisis en ese país.

En todo caso ‘las palomas’ del BCE le han ganado el pulso a los ‘halcones’ del banco que lidera el Bundesbank y cuya resistencias a estas medidas se basa en el riesgo de que los países más afectados por la crisis reduzcan sus reformas estructurales y sus ajustes fiscales. Pero los ‘halcones’ parece que le han visto las orejas al lobo de la deflación y también al peligro de crisis de orden político, como el crecimiento del anti europeísmo en la UE, o de la llegada al poder de gobiernos que plantean la reestructuración o impago de la deuda, como puede ser el caso de Grecia si Syriza se alza con el poder el próximo domingo.

Y a no perder de vista, en el ámbito político, los graves problemas que hoy tienen los gobiernos de Francia e Italia, dos potencias europeas que sufren un empeoramiento de la crisis económica y cuyo peso específico ha sido tenido en cuenta tanto en el BCE como en Berlín.