Un 2015 espectacular para Iglesias y Rajoy

El año 2015 se anuncia inquietante y va a ser espectacular en Europa -hoy en plena convulsión- y especialmente para España donde se va a producir un gran vuelco del mapa electoral de la transición, camino de un ‘tiempo nuevo’ del que habló el rey Felipe VI en su proclamación, primera señal del cambio después de la abdicación de su padre el rey Juan Carlos I, la muerte de Adolfo Suárez y la marcha de Rubalcaba, el último felipista, y también de la traca final de la corrupción de un Régimen que se acaba.

Lo malo y puede que lo bueno de la confrontación anunciada de los dos modelos que van a luchar a sangre y fuego en el año 2015, tanto en la Unión Europea como en España, es que los dos tienen parte de razón. Dice Pablo Iglesias, a propósito de Grecia y del miedo que despierta la esperada victoria helena de Syriza, que la soberanía nacional y la democracia de los pueblos del Sur de la UE se deben y se van a imponer a la hegemonía de los mercados y de las instituciones europeas que los representan, en pos de solucionar problemas inmediatos de los ciudadanos frente al horizonte de la resignación, en una larga crisis que aumenta las desigualdades y amenaza con enquistarse durante muchos años en la mayoría de las poblaciones del Sur de Europa.

Eso es así y es verdad. Pero también tienen y ejercen su soberanía y vida democrática las naciones y los pueblos del Norte de la UE y en su derecho están de advertir que si no hay convergencia del déficit y ajustes del gasto y estructurales, ellos no pagarán los costes de los rescates del Sur. De ahí que el modelo del ajuste social y la convergencia europea del déficit -que en la UE lideran Merkel (Alemania), Juncker (la Comisión) y Draghi (BCE) en sintonía con el FMI y los EE.UU.- es para los países del Norte de Europa ¡garantía del progreso económico y de estabilidad. Y lo que es muy importante: la base para avanzar hacia la unión bancaria y fiscal de la UE. Los dos pilares que les faltaban a la unión monetaria del euro, y puntales del edificio político de la Unión Europea.

Estamos pues ante dos ‘Europas’ divergentes y contradictorias, pero la una sin la otra dejan de ser Europa porque la Historia del Continente y la larga marcha del Tratado de Roma es hoy indivisible, y nadie puede pensar en: una Europa del euro y del Norte rica; y otra del Sur fuera del euro y en plena revolución social. No en vano de esas diferencias y otras ambiciones nacieron los conflictos bélicos europeos, y Alemania no puede caer en la tentación hegemónica rompiendo el bien preciado de la solidaridad europea y continental.

En España está ocurriendo algo parecido pero con un elemento crucial y diferencial con respecto a otros países de la UE: la democracia española de la que hablan Pablo Iglesias, Mariano Rajoy y el rey Felipe VI en su discurso de Nochebuena, no existe como tal, ni es comparable a la de las grandes naciones europeas. Y en sus carencias democráticas están muchas de las causas que han incidido en la crisis económica e institucional del país.

Para empezar falta algo de lo que casi nadie habla en los debates sobre la reforma constitucional, que por ahora se limitan al Estado del Bienestar o el modelo territorial: en España no existe la separación de los poderes del Estado como garantía de los controles democráticos del poder Ejecutivo y de la lucha contra la corrupción, lo que conduce en la práctica a un falso presidencialismo sin las garantías de ese modelo político y constitucional; y además falta una ley electoral representativa y directa -en España los ciudadanos no eligen directamente a ¡ninguno!, de sus representantes y gobernantes, lo que dejan en manos de los aparatos de los partidos -la fábrica de ‘la casta’-, al tiempo que se delega en ellos, y no en el Parlamento, la soberanía nacional y la capacidad de seleccionar a las personas que han de gobernar y representar al conjunto del país. Y mientras todo esto no se arregle, lo demás estará construido sobre cimientos falsos que impedirán la estabilidad del edificio nacional.

El desafío de Cataluña

Es verdad que los efectos de la crisis financiera internacional, el fin del modelo de crecimiento español -de ladrillo y turismo-, y el despilfarro y la corrupción forman parte de las causas del vigente mal español. El mismo que fue aviesamente utilizado por los nacionalistas burgueses para lanzar desde Cataluña -y finalmente en favor de ERC- un fallido proceso secesionista con el argumento falaz de una España injusta y perversa y de que fuera de España y de la UE la casa ruinosa catalana se convertiría en la dulce casita de chocolate. Pero tras el falso discurso del lechero Mas y de los sentimientos impostados y victimistas fracasó. Y ¿qué decir de la gran corrupción de ‘la casta’ catalana ahora y durante los gobiernos de Jordi Pujol, donde Artur Mas fue consejero de hacienda y Primer Consejero, lo que le otorga una clara responsabilidad política, personal urde que penal. Artur Mas está desconcertado y, para colmo, desbordado por el nuevo impacto de Podemos en Cataluña (como en el País Vasco) que acaba de estallar.

Además el proceso independentista que apareció en 2012 se ha estrellado en la Consulta del 9N, convertida en una parodia anti democrática donde el independentismo no superó del 35 % de la población, y las últimas encuestas anuncian que va en descenso. Motivo por el que muchos ilusos desilusionados de las clases medias y los jóvenes del país miran hacia Podemos como alternativa al nacionalismo y como oportunidad de esperanza a su más que justificada desesperación.

El impasible Rajoy y el nuevo Iglesias

Y en esto de Cataluña, y en su posición favorable a la convergencia del déficit en el seno de la UE, Mariano Rajoy tiene su cuota parte de razón vista desde su posición ideológica. Y su inmovilismo en el tema catalán -como en casi todo- puede que a la postre le salga bien, porque ni él ni el PP -salvo que quieran hundir el partido más de lo que está- pueden hacer concesiones de ningún tipo a quienes violan la legalidad y chantajean al Estado. Bastante hizo ya Rajoy dejándoles hacer la consulta del 9N, que él había prometido impedir y que está pendiente de resolución judicial.

En cuanto a su anunciada recuperación económica de 2015 el presidente Rajoy juega con el fuego de la impaciencia general y contra el reloj de las elecciones que cabalga en su contra y sin parar. Y ahí se lo juegan todo Rajoy y el Partido Popular, donde la corrupción sigue estando muy presente, y donde no hay el menor atisbo de democratización ni de transparencia, porque allí solo manda el ‘dedo mágico’ de Rajoy y nadie más. El año 2015 será, pues, el año definitivo del autócrata Rajoy, el hombre de mármol inmóvil y cerrado a toda transformación en profundidad de la Constitución.

Y ahí va a chocar Mariano Rajoy con Pablo Iglesias más que con el PSOE de Pedro Sánchez y Susana Díaz – están los dos a la greña-; y no digamos con la UPyD de Rosa Díez que ha perdido el tren del final del bipartidismo por su soberbia y ambición personal y su falta de pacto con Ciudadanos, a los que ahora les pide acuerdos en Cataluña donde UPyD no tiene nada que hacer. Albert Rivera puede ser, el tercero líder en discordia en la vida política nacional donde los nacionalistas de CiU y PNV perderán mucho peso a manos del excitante duelo Rajoy-Iglesias que inundará todo lo demás. Y donde el PSOE, si se descuida, podría hundirse como en Grecia se hunde el Pasok. Como ya se hundió Izquierda Unida sin remisión porque Podemos los ha superado con el discurso de la rebelión y del liderazgo hacia una nueva transición española si logra sortear el muro de resistencia que ofrece Rajoy. Y sobre todo si sus expectativas electorales lejos de ser un espejismo se convierten en realidad. Dentro de pocos meses se sabrá.