La furia de Rajoy

El presidente del Gobierno Mariano Rajoy está muy enfadado con todos y contra todo, y puede que también consigo mismo porque ahora se da cuenta del tiempo que ha perdido en Cataluña y de los errores allí cometidos por su notoria ausencia frente al desafío secesionista de Artur Mas, que calificó en 2012 de simple ‘algarabía’. Y es verdad que Rajoy ha visitado muchas veces Cataluña durante su presidencia pero sin hacer ni decir lo que debió de haber dicho y hecho –aplicando de manera implacable la ley- contra los desafueros y locuras de Mas, a quien ahora, por fin, empieza a cantarle las cuarenta y ya veremos si a aplicarle de manera implacable el peso de la ley.

En Barcelona, y reunido con los suyos del PP catalán en un recinto de un aforo limitado, Rajoy ha sacado el carácter y ha subido el tomo de voz para decirle a Mas que es un mentiroso –en la Historia, Europa y en la relación económica y fiscal de Cataluña con el resto de España-, y un fracasado en la Consulta del 9N –que tildó de ‘simulacro’- y en la campaña internacional que la acompañó, subrayando que sólo una tercera parte de los catalanes votaron ese día y sin las mínimas garantías democráticas.

Pero sobre todo Rajoy acusó a Mas de violar la ley y de abandonar el gobierno catalán. De no ocuparse de los problemas reales de todos los catalanes y someterlos a un disparatado calendario electoral que se inició en 2010 con las elecciones autonómicas, que luego repitió en 2012, para montar la Consulta del 9N en 2014, y que ahora pretenden hacer otras elecciones autonómicas y plebiscitarias en 2015, año donde además hay elecciones municipales, en primavera y generales a finales del ejercicio.

Recordó Rajoy que en 2010 CiU tenía 62 escaños en Cataluña y en 2012  bajó a cincuenta, pero olvidó de decir que las encuestas ahora le dan 32.

Todas estas cosas que dice Rajoy de Mas son ciertas, pero hace falta que el presidente actúe en consecuencia. Porque en lo de aplicar la legalidad y defender el orden constitucional la actitud en Cataluña de este gobierno de España ha dejado mucho que desear. E incluyó un grave error como fue el enviar a Pedro Arriola a conversaciones secretas con Mas en la víspera del 9N. Algo que desconocían los españoles y el PP catalán y que Rajoy quiso justificar diciendo que no hubo negociaciones y que no las habrá sobre la unidad de España.

Entonces ¿por qué el Tribunal Constitucional no incluyó en la segunda de sus sentencias de suspensión de la consulta la advertencia de su obligado cumplimiento? ¿Acaso ello fue sugerido desde la Moncloa? ¿Por qué no actúo la fiscalía en días previos al 9N cuando ya se estaba violando todo lo decidido por el TC, y tampoco antes ni después la Abogacía del Estado, la que ahora se persona en el caso del ‘pequeño Nicolás?

Rajoy sabe que se equivocó enviando Arriola, que Mas consideró el gesto como prueba de debilidad y además el día de la consulta se mofó de todos ellos e incluso del fiscal. Como sabe que el PP catalán está indignado y sus votantes se están pasando a Ciudadanos, y por ello fue Rajoy a Barcelona y ha subido el tono de su voz, pero ya veremos si también sube el tono de sus decisiones, porque el 9N no estuvo a la altura de las circunstancias.

El presidente ayer hizo un discurso político en Barcelona y en su lista de reproches no solo incluyó a Artur Mas sino también a Pedro Sánchez del PSOE al que acusó de no querer apoyar las reformas legislativas contra la corrupción, de pedir ahora una reforma constitucional y a la vez el querer deshacer la reforma que en la Carta Magna acordaron PP y PSOE sobre la estabilidad presupuestaria en 2011. Además de criticó el voto en contra del PSOE a Juncker y Cañete el Parlamento Europeo. Y todo eso es verdad y en ello tiene razón.

Como son verdad las críticas a Mas, pero la política no es solo discurso y Rajoy, de una vez por todas, debe pasar a la acción en Cataluña, en el resto de España y en el PP donde crece la preocupación por la derrota electoral y la pérdida de poder en las próximas elecciones como ya lo anuncian las encuestas. Y la acción pasa por aplicar la ley en Cataluña, y por reformar el  Gobierno y convocar un Congreso del PP y abriendo democráticamente el partido con primarias para nombrar sus candidatos a la cita de los comicios municipales y autonómicos de primavera. Porque si Rajoy no se mueve y regresa al silencio e inmovilismo de la Moncloa, la crisis del PP que ahora impera en Cataluña se extenderá por todo el territorio nacional. Y si dicha parálisis se extiende al desafío catalán su promesa de que no consentirá que nadie ponga en peligro la unidad de España se esfumará.