Rajoy y Sánchez a palos mientras galopa Podemos

A las puertas de sus respectivas madrigueras y como los dos conejos de la fábula de ‘galgos o podencos’ -mencionada por Rajoy en el debate- el presidente Rajoy y el líder de la oposición Sánchez se enzarzaron ayer en el Congreso de los Diputados en una acalorada e inútil discusión a propósito de la corrupción y acusándose mutuamente de no asumir las responsabilidades políticas de sus respectivos escándalos. Este lamentable espectáculo ocurría por la mañana, con Ana Mato convertida en convidado de piedra del ‘banco azul’, mientras por la tarde Pablo Iglesias presentaba ante los medios de comunicación las líneas maestras de su programa económico con medidas innovadoras y progresistas, discutibles y de alto calado social que serán acogidas favorablemente por la gran mayoría de sus seguidores.

La dimisión de Ana Mato como ministra de Sanidad dinamitó, de entrada, el que pretendía ser un buen día para el Gobierno de Rajoy con motivo de la presentación ante la Cámara de sus propuestas legislativas para luchar contra la corrupción y mejorar la transparencia política. Sobre todo porque el cese de Mato, no explicado por Rajoy, contradecía las nuevas propuestas del PP –donde se dice que los políticos deberán abandonar sus cargos en caso de ir a juicio por corrupción-, porque la ministra no estaba ni siquiera imputada, aunque si considerada beneficiaria de la corrupción de su esposo, sobre la que el juez Ruz le reconoce a Mato que no la conoció ni participó en ella aunque si se benefició de parte del dinero amasado.

Y, entonces ¿por qué dimitió o fue cesada la ministra Mato? Ahí entró en tromba, y con razón, la oposición. Porque si Mato dimitió para asumir su responsabilidad política, por el mismo motivo Rajoy tendría que dimitir una vez que en el auto del juez se reconoce que el PP (que presidía y preside Rajoy) también se benefició de la corrupción de Gürtel. Y la dimisión de Rajoy, asumiendo responsabilidades políticas, fue lo que le vinieron a pedir a Rajoy tanto Cayo Lara (IU) como Rosa Díez (UPyD) y Pedro Sánchez (PSOE).

Pero Rajoy, bastante aturdido por el caso Mato, no acertó en el debate que inició con un ‘mea culpa’ particular y global sobre la gravedad general de la corrupción en España, evitando el cuerpo a cuerpo -que dejó en manos de su aguerrido portavoz Alfonso Alonso, quien le hizo un ‘quite’ de buena calidad- mientras el presidente pretendía sin éxito desviar la atención de la Cámara en favor de las medidas anticorrupción de su Gobierno, ampliadas y sin lugar a dudas importantes.

Medidas insuficientes en el corto plazo para acallar el ruido mediático y político y la indignación nacional contra la corrupción, que no cesa en toda España y deambula por las televisiones y en los tribunales. Y la oposición, y especialmente Pedro Sánchez, volvió a la carga con el caso de Ana Mato. Y al final Rajoy se enfadó y desenvainó los ERES andaluces y le pregunto a Sánchez que quien asumía en el PSOE la responsabilidad política de esos escándalos. Y ahí y sin acuerdo PP-PP sobre la corrupción acabó el debate, por más que luego ante los medios, y como los conejos de la fábula, unos y otros siguieran enredados con la discusión.

Los perros, galgos o podencos, que persiguen a este par de conejos de la política que son Rajoy y Sánchez no son otros que los de Podemos. Los que, de la mano de Pablo Iglesias y sus expertos, presentaron ayer su programa económico en medio de gran expectación mediática y política.

Sin duda un programa distinto a otros de la izquierda española, original en algunos de sus apartados y discutiblemente viable porque la gran mayoría de sus propuestas e iniciativas de mejoras sociales necesitan de fondos que hoy no existen y que no se podrán recaudar a la vez de que se aumenta el gasto, salvo que esas iniciativas de reformas estructurales, de impuestos, controles financieros y empresariales y reestructuración de la deuda del Estado, etc., precedan y aplacen, durante un tiempo, a la puesta en marcha de del grueso de sus políticas y gasto social, lo que tampoco parece probable.

Pero, en conjunto y, de cara a sus militantes y posibles votantes, Podemos ha elaborado un programa atractivo y novedoso por más que parezca muy utópico y difícil de llevar a cabo sin romper el marco socio económico que hoy día impera en España y en la UE. No obstante tiempo hay y habrá para analizar el alcance de las propuestas económicas de Podemos. Pero en un día como el de ayer tenemos que lamentar, una vez más, el desencuentro de los dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE, que caminan juntos y por separado hacia el desastre electoral, mientras el país continua inmerso en un sin fin de problemas, corrupción incluida, difíciles de solucionar.