Mato amplía la crisis del Gobierno y del PP

Ana Mato nunca debió de ser nombrada ministra y Rajoy lo sabía pero se empeñó y al final Mato ha tenido que dimitir una vez que el juez Ruz de la Audiencia Nacional la ha señalado como beneficiaria de la corrupción de su marido, Jesús Sepúlveda, en la trama del caso Gürtel. La que según el auto del magistrado funcionaba en beneficio de la financiación oculta e ilegal del PP. Lo que proyecta una sombra alargada sobre el Partido cuando todavía está pendiente de la ‘pieza separada’ de los llamados ‘papeles de Bárcenas’ en la que Ángel Acebes, exsecretario general del PP, continua en situación de imputado por más que Ruz haya archivado las diligencias que sobre él permanecían abiertas en el proceso de Gürtel.

Que todo esto haya ocurrido en la víspera de que Rajoy presente hoy en el Congreso de los Diputados su proyecto de ley contra la corrupción no deja de ser un sarcasmo y duro contratiempo para el presidente del Gobierno y del PP, cuyo escapismo del desafío secesionista catalán, se ve ampliado por estos escándalos de su partido. Ayer mismo el fiscal de Extremadura abrió una investigación sobre los viajes de Monago, y Carlos Fabra está a punto de ingresar en prisión, mientras retumban en los medios las tarjetas negras de Blesa y Rato, las andanzas valencianas de Cotino, Castedo y Grau, el caso de Molina en Toledo o la trama Púnica de Francisco Granados quien en prisión está, mientras otro juez solicita que Matas vuelva a ingresar.

Lo llevamos diciendo hace mucho tiempo, Rajoy debe hacer, de una vez por todas -ya se han ido Cañete, Gallardón y Mato-, una profunda crisis de su Gobierno y convocar de urgencia un Congreso Extraordinario del PP en el mes de enero para: limpiar el Partido; democratizar su organización con elecciones primarias; renovar sus líderes y candidatos a las elecciones de municipios y autonomías de las elecciones de primavera de 2015; e incluso convocar primarias para principio del verano para elegir el candidato del PP a la presidencia del Gobierno en los comicios generales de finales de 2015. En las que ya veremos si se presenta Rajoy, sobre todo si el PP sufre, como anuncian las encuestas, un severo castigo electoral en la primavera.

Todo esto que ocurre es muy malo para el PP y para el Gobierno de Rajoy, pero también lo es para la imagen de España en el mundo, cuando aún no hemos salido de la crisis y mientras siguen causando asombro los desafíos del presidente de la Generalitat, Artur Mas, quien desde su cargo anuncia la independencia de Cataluña para 2016, tras haber celebrado una Consulta ilegal el 9N, ante la pasividad y vista gorda del Gobierno de Rajoy. Lo que más tarde está intentado arreglar con su querella contra Mas la Fiscalía del Estado, ante el asombro de los españoles y la consternación de la mayoría de los ciudadanos que habitan en Cataluña y se sienten abandonados por el gobierno nacional.

En medio de este espectáculo que ofrecen el Gobierno y el PP, al que se le añaden los problemas de corrupción del PSOE (con Chaves y Griñán a las puertas del Tribunal Supremo) y las ocurrencias de Pedro Sánchez desde el PSOE, como rectificar la reforma constitucional del artículo 135 sobre el equilibrio presupuestario, todavía quedan en España ciudadanos que se asombran porque Podemos figura en las encuestas como la primera fuerza política de España, mientras desfallece el bipartidismo del PSOE y el PP.

Cuando lo que causa asombro es la incapacidad de Rajoy, su Gobierno y su partido para no saber lo que ocurre ni adivinar lo que está a punto de ocurrir. Y no solo en España si no en su propio Gobierno y partido político, donde habitan en medio de una enorme confusión y descontrol. Siempre se dijo que Rajoy era un experto en el manejo de los tiempos, dejando dormir los problemas y pudrir las situaciones conflictivas. Pues se ha lucido con su fama de domador del tiempo porque el PP le está estallando en las manos en vísperas de una decisiva campaña electoral municipal y autonómica que puede adelantar el escenario del posterior hundimiento del PP, al estilo de la UCD. Y ¿qué piensa, hace o dice de todo esto el presidente de honor y refundador de este partido José María Aznar? No se sabe pero lo podemos imaginar.