Mas quiere plebiscito electoral

Sin decir una sola verdad sobre la Historia de Cataluña, ni sobre la actual relación de Cataluña con el resto de España (que es muy beneficiosa para Cataluña), ni sobre la fallida consulta del 9N, y sobre todo sin explicar las graves consecuencias políticas y económicas que tendría para Cataluña la ruptura de su relación con España y su salida de la UE, Artur Mas, anunció lo que ya sabíamos: que quiere unas elecciones autonómicas plebiscitarias con lista única para salvarse él como el padre de la patria y héroe nacional (aunque diga estar dispuesto a participar como el último de la lista) y salvar a CiU del riesgo de que ERC les gane las elecciones autonómicas y Oriol Junqueras se proclame presidente de la Generalitat para liderar el proceso independentista que Mas quiere culminar en 2016.

Prueba de todo ello está en que las últimas encuestas catalanas ofrecen un ‘empate técnico’ entre CiU y ERC repartiendo entre ambos 63 escaños, lo que han celebrado en CiU como gran acontecimiento porque aparecen con uno o dos escaños por delante de ERC, es decir unos 32 escaños. Cuando hace tan solo cuatro años, en 2010, CiU logró ¡60 escaños! Entonces ¿cuál es el motivo de semejante celebración si Mas ha perdido casi el 50 % de los votos y los escaños de CiU desde que iniciaron el proceso independentista?

A Mas, este mitómano que ha perdido contacto con la realidad y desprecia las más elementales normas de una democracia al tiempo que violenta con aires desafiantes la legalidad -por lo que tendrá que afrontar la acción de la Justicia- le ha pasado igual con la Consulta del 9N. La que, amén de ilegal, careció de las más elementales garantías democráticas de participación y recuento de votos. A pesar de todo ello solo votó el 33 % del electorado y a favor del independentismo (y con trampas porque muchos votaron en varias urnas) 1.700.000 catalanes, sobre el total de 6.300.000 del censo. Es decir un 30%.

Pero Mas dice que todo esto es su gran éxito, que el Estado español no debe aplicarle la ley, que sus nuevas elecciones plebiscitarias -sobre las que no ha dado fecha alguna- son ‘el último instrumento’ para culminar así el proceso independentista en 2016, y que todo será bonito, democrático y pacífico.

Dando por sentado que el Estado Español y de Derecho no hará nada -como suspender la autonomía catalana si avanza hacia la secesión contra la legalidad constitucional- y permitirá todos estos disparates hacia ninguna parte sobre los que aún han de decir su última palabra ERC, Unió, ICV y Cup, para ver si todos ellos aceptan entronizar a Artur Mas como líder único del nacionalismo catalán.

Como algo deben decir de semejante colección de disparates el Gobierno de España y los partidos constitucionalistas, frente a los monólogos falsos, temerarios y reiterativos de este personaje. Así como el conjunto de los empleados públicos de Cataluña (y los parados y pensionistas que se verán muy afectados por semejante proceso) y las grandes empresas nacionales y multinacionales y entidades financieras a las que Mas quiere expulsar de la UE y del euro y del mercado español.

Desde que inició, a primeros del pasado mes de agosto su cabalgada ciega en pos de la independencia, Artur Mas tiene abandonado el Gobierno de Cataluña -aún no tiene Presupuestos para 2015- y se pasa los días sin pisar el despacho de la Generalitat, en actos, conferencias y festejos, para agitar la independencia que superan el centenar. Mientras el paro, la economía y los problemas reales de Cataluña permanecen aparcados y bajo el lema de que esta lamentable situación solo es culpa de España.

En realidad y aunque presume de valentía, Artur Mas está asustado y no sabe a dónde va ni dónde estará en los próximos meses. Porque si no logra el apoyo de ERC para la lista única plebiscitaria no podrá gobernar salvo que pida ayuda a lo que va quedando del PSC, donde además le exigen el regreso a la senda constitucional. Mas está, pues, en manos de Junqueras que es el que tiene el control de la situación para mayor alegría y disfrute del empresariado catalán que tan largas alas de cera ha dado a este aprendiz de Ícaro que nunca llegará su destino final, salvo que el Gobierno de Rajoy y el PSOE de Sánchez, como hicieron en la consulta catalana, miren hacia otra parte y abandonen sus responsabilidades políticas y constitucionales, lo que sería tanto como regalar a Mas un parasol para su vuelo final.