El problema no está en Podemos

Quienes piensan que los males de España, en lo que al horizonte de la política se refiere, se solucionan recomponiendo los pilares del pacto constitucional de 1978 -que mal soportan el deteriorado Régimen de la transición- con la estrategia de atacar y descalificar lo que llaman la burbuja o el ‘souflé’ de Podemos, sus líderes y sus programas se equivocan. El problema no es en Podemos, que a fin de cuentas es la consecuencia del deterioro político, moral e institucional de España, sino que está dentro del PSOE y del PP y en el agotamiento de los ‘metales’ de la transición.

De igual manera se han equivocado, en el PSOE y el PP, los que creyeron que haciendo concesiones al independentismo catalán (vista gorda en la Consulta del 9N, desistimiento legal frente al desafuero de Mas, y regalos federales y fiscales-, los de CiU iban a regresar como unos corderitos a la senda constitucional que ya han abandonado una vez que se fueron al monte secesionista tras la estela de ERC.

Los problemas están en los gobernantes y dirigentes del PSOE y del PP, y en su ceguera e inmovilismo político, mientras crecen sin cesar los escándalos de la corrupción, las malas noticias sobre la economía, y los problemas internos de los dos partidos que son de gran envergadura y adolecen de liderazgos. Y todo esto, que está a la vista y alcance de los ciudadanos, es mucho más impactante y poderoso que las denuncias de Podemos o las críticas al llamado ‘populismo bolivariano’ o sus programas económicos - Financial Times acaba de dar la razón a Podemos en la reestructuración de la deuda del Estado-, o incluso a denuncias de sus líderes como el llamado caso Errejón.

La autodestrucción del PSOE y del PP, el empeoramiento de la vida económica y social del país -por más que se atisben mejoras en la macro economía- y el espectáculo de la corrupción tienen una fuerza y capacidad de impacto muy superior a las carencias de Podemos. Y ello es, por ejemplo, lo que explica el resultado de la última encuesta electoral de Sigma Dos publicada por el diario El Mundo que sitúa a Podemos como primer partido nacional (con el 28,3 %), seguido del PP (26,3%) y del PSOE (20,1%), mientras reduce a pequeñas minorías a UPyD e IU en poco más del 4%.

Y da la impresión de que ya es tarde para ‘matar al mensajero’ del fin de Régimen que anuncian con trompetería los de Podemos. Y que la única salida a lo que va quedando del bipartidismo está en su propia reconversión y una acción decidida, limpia y coherente. Como la que por ejemplo lideran en Francia e Italia, Vals y Renzi, y ahí incluidas sus respectivas reformas territoriales de regiones y provincias realizadas en cuestión de pocos meses, como palanca para la reducir gasto público, despilfarro, corrupción y nepotismo.

Algo que no quieren hacer ni el PSOE ni el PP. El PSOE porque quiere ampliar el problema con Estados Federales y el PP porque no quiere mover nada que afecte a la Constitución, y ahí incluidas las carencias democráticas esenciales: separación de poderes del Estado y ley electoral entre otras muchas cosas. Como no quiere el PP democracia interna, ni hacer primarias, echar a los corruptos imputados, ni tampoco cambiar el Gobierno agotado ni la cúpula del partido desprestigiada; y como no quiere el PSOE acabar con el disparate del PSC catalán, o la crisis de los EREs y fondos de formación de Andalucía. O como no han querido ninguno de los dos defender en Cataluña el orden constitucional.

Y no decimos que los de Podemos sean ejemplo de democracia interna -que no lo son-, ni defensores de la legalidad y la unidad nacional -tampoco lo son-, ni arcángeles anti corrupción. Pero hoy los de Podemos representan el ímpetu del cambio político, la indignación ciudadana, y la desesperación social frente a la crisis. Y se han convertido en un revulsivo para todos los demás, los que primero se mofaron de este epifenómeno que les parecía pasajero y ahora se ha convertido en una pesadilla -y no solo para el PSOE y el PP- de la que no saben cómo salir o cómo despertar.