Soraya, Susana e Iglesias, serán candidatos en 2015

Vaya por delante de esta crónica que estamos en un momento muy especial de alta incidencia social de la crisis y del estallido por doquier de la corrupción del PP. Momento especial que puede cambiar de aquí a las elecciones generales de 2015 donde los ciudadanos, a parte de la novedad indignada de Podemos, deberán votar en favor de un partido o de gobierno que nos saque de la crisis económica, social e institucional.

Pero dicho todo esto, al día de hoy tenemos que subrayar que Mariano Rajoy se está quedando solo (incluso en su partido el PP y en ámbitos de la derecha económica y empresarial) por su particular autismo e inmovilismo proverbial, que conducen al descontrol. Y a la caída en picado de las expectativas de votos del PP, partido al que Demoscopia (El País) sitúa en tercer lugar con un 20, 7 % de intención de voto, por detrás del PSOE con un 26, 2 % y de Podemos, la estrella política del momento español que se coloca en el primer lugar con un 27,7 %. Una encuesta que será más o menos confirmada por el CIS a pesar de que este sondeo oficial, a punto de salir, se hizo días después de la aparición del escándalo Púnico de la trama madrileña de corrupción de Francisco Granados.

Y si esto, que supone el fin del bipartidismo, se confirma en las elecciones municipales y autonómicas de la primavera de 2015, Rajoy no podrá seguir al frente del PP y tendrá que poner en marcha su ‘Plan B’ colocando en la presidencia del partido (y ya veremos si también del Gobierno) A Soraya Sáenz de Santamaría tras un congreso extraordinario del PP donde solo podría postularse en su contra Alberto Núñez Feijoo. Soraya es pues la persona de confianza de Rajoy y además ajena a la anterior generación del PP y, por lo tanto con juventud, con las manos limpias de toda responsabilidad anterior (Gürtel, Bárcenas, Granados, Camps, Matas, Fabra, etc).

Pero si el batacazo electoral de la primavera también le pasa factura al ‘PSOE de Pedro Sánchez’ -como lo llama Luena-, entonces aparecerá en las primarias socialistas la presidenta andaluza Susana Díaz poniendo orden sin complejos y cohesión nacional (frente al PSC), punto final al estilo ‘buenista’ y confuso de Sánchez, que ya puso en marcha ZP.

De esa manera en las elecciones generales de finales de 201, o de primeros de 2016 -el PP agotará el vaso de la legislatura-, podríamos encontrarnos en la campaña electoral con Soraya Sáenz de Santamaría (PP), Susana Díaz (PSOE) y Pablo Iglesias (Podemos). A los que se les podría sumar Albert Ribera, si Rosa Díez pacta desde UPyD con Ciudadanos y da un generoso paso atrás, político y generacional, tras haber perdido su gran oportunidad en las elecciones europeas de mayo en plena caída del bipartidismo PSOE-PP.

Las últimas encuestas electorales -de El País y La Sexta TV– han hablado y anuncian que un partido llamado Podemos, que aún no tiene líder oficial, es la primera fuerza política de España. Y su capitán Pablo Iglesias cabalga a lomos de la indignación nacional que se desprende de la crisis económica, el paro, la pobreza con niños marginados y del gigantesco pantano de la corrupción (amén de la mala gestión de la crisis del ébola) que ha estallado en el corazón del Partido Popular. Y que aún habita en los restos felipistas del PSOE que no consigue salir de su ambigüedad en defensa de la unidad nacional por culpa del PSC catalán, amigo de la autodeterminación y de la última consulta ilegal de Artur Mas.

La secuencia del hundimiento del PP ha sido espectacular. En la semana del ébola, estallaron las tarjetas negras de Caja Madrid, con Blesa y Rato en lo más alto, luego aparecieron las cuentas de Francisco Granados en Suiza y la Comunidad de Madrid y las tardías peticiones de perdón de Aguirre (que hundida está) y de disculpas de Rajoy (que acorralado anda hasta en su propio partido y por el diario ABC). Y a no perder de vista el final ‘trágico’ de Gallardón en el debate del aborto o el fiasco de la salida a Bolsa de AENA, otro ejemplo del descontrol de Rajoy. El que se inició con su incapacidad -y la de Cospedal- de controlar el caso Bárcenas, siguió con la crisis catalana y se extendió al ébola, y al estallido de la corrupción que no es capaz de frenar. La presencia desafiante en la alcaldía de Alicante de Sonia Castado doblemente imputada por corrupción lo dice todo.

Y ahora y con recurso tardío al Tribunal Constitucional, que suspenderá la segunda e ilegal consulta del 9N de Artur Mas, iniciamos esta semana de Cataluña, que esperemos no sea trágica pero donde todo puede pasar. La que se ha de sumar al asombroso espectáculo de la política española que ha provocado el vuelco en las encuestas y causa estupor en la UE y en los circuitos económicos internacionales por el incierto horizonte de ausencia de estabilidad política que todo ello puede generar, cuando está en juego la recuperación económica del país. Ese mítico ‘séptimo de caballería’ que Rajoy sueña que llegará a tiempo haciendo sonar su cuerno de una cierta mejora económica, pero que no lavará la mancha de la corrupción ni su desgaste personal. Lo que daría paso a Soraya Sáenz de Santamaría, que tiene fama de buena gestora pero cuyo liderazgo político en el PP está aún por demostrar.