Rajoy protege a la familia Pujol

Acuciado por los muchos problemas de corrupción que afectan al PP, y por la imputación en cadena de notorios exdirigentes del Partido Popular, Rato, Acebes, Molina, etc, el presidente Rajoy mantiene tensas las bridas de sus fiscales para que no se lancen al galope contra nadie de la política, sus adversarios incluidos, intentando desactivar o reducir el impacto social de los casos propios y ajenos. Así pasa con los ERE y cursos de formación de Andalucía, con el caso Noos de Urdangarin y la Infanta Cristina y ahora también con Jordi Pujol, su esposa e hijos. E incluso a pesar del desafío catalán, o precisamente por ello, como si fuera cierto el rumor de que la cabeza de Pujol y la de su familia estarían puestas sobre una mesa secreta de negociación de Rajoy con Mas.

Resulta asombroso que el fiscal del caso de Pujol Ferrusola aún no le haya pedido cárcel para evitar la manipulación de fondos opacos, como ahora se acaba de descubrir, ni que el propio juez Ruz se haya involucrado en la toma de medidas cautelares frente a los indicios de delitos penales que adornan la figura del primogénito de los Pujol. ¿Qué ha pasado o que está pasando con Pujol?

De momento, la noticia de la detención por la policía y posterior imputación por el juez de Oleguer Pujol, el hijo pequeño del ex presidente catalán y presunto cerebro financiero de la familia, ha sido un respiro. Su detención se produjo durante un registro oficial de sus casas y oficinas y constituye un gesto -una vez finalizado el registro, quedó libre con cargos- pero su iniciativa corresponde al juez Pedraz de la Audiencia que ha visto pelar las barbas de su homólogo Ruz tras descubrise la burla al juez del mayor de los hijos de Pujol, Jordi Pujol Ferrusola, mientras la fiscalía tocaba el violón y a pesar de la imputación por el juez de once empresarios acusados de corrupción.

Porque La noticia de la transferencia bancaria hecha por Pujol Ferrusola de 2,4 millones de euros de Andorra a México, tan sólo seis días después de haber sido imputado en la Audiencia Nacional y tras haber negado la existencia de ese dinero, ha dejado en ridículo al juez Ruz y en sospechosa evidencia al fiscal del caso y al fiscal general del Estado, Eduardo Torres Dulce, que está a las órdenes del Gobierno. Y en este asunto a las órdenes directas del exministro Gallardón que fue tan duro a la hora de mandar a Bárcenas a la cárcel sin fianza previa, como quería mandar de cabeza a la cárcel a Fabra sin agotar el trámite de su recurso de indulto.

¿Por qué los Pujol gozan de los favores de la fiscalía cuando todo el mundo sabe que el expresidente del gobierno catalán es el inductor del desafío al Estado y la legalidad? Desde luego no se entiende semejante impunidad, cuando la alarma social y la tensión catalana invaden a diario la vida pública española y cuando la corrupción está ocupando el centro de la atención nacional. La respuesta a esta sorprendente y generosa actuación del fiscal solo puede ser política y apunta a la idea de que existe una negociación secreta entre Rajoy y Mas en la que está de por medio la cabeza de Pujol y del resto de su familia a cambio del freno del proceso secesionista catalán.

A no ser que en Moncloa tema que Pujol cumpla la amenaza que lanzó ante el parlamento catalán  cuando dijo que podrían caer otras ramas podridas del mismo árbol. Un miedo al ‘cante’ del jefe del clan, quien podría ampliar su confesión inicial implicando a dirigentes políticos y a algunas instituciones en los tiempos del rey Juan Carlos. Como miedo hay en el PP a que, tras las confesiones de Bárcenas, algunos de sus dirigentes ahora imputados, camino de juicio y sin escapatoria, decida tirar de la manta de Génova 13, llevarse al banquillo o al desastre a más de uno de sus dirigentes y gobernantes del PP.

Da la impresión de que entre el PP, PSOE y CiU se ha impuesto un pacto de silencio y de unos mutuos apoyos en esto de la corrupción, al estilo del dicho español de ‘entre bomberos no nos pisamos la manguera’. Pero el desafío independentista rompió el pretendido pacto y ahí empezó el calvario de Pujol. El que ahora habrían querido suavizar tras la decisión de Mas de suspender la consulta secesionista del 9N para sustituirla por un simulacro que, de momento, el Gobierno de Rajoy no recurre como sí eso formará también del pacto secreto.

Sin embargo las últimas noticias sobre Pujol Ferrusola deben cambiar, al menos dentro de la Audiencia Nacional, la actitud del juez y la fiscalía. Y si Torres Dulce no mueve esta vez un dedo en señal de firmeza entonces el escándalo de los Pujol pasará a ser imputado al PP y caerá, como una pesada losa, sobre el parqué del despacho presidencial de Rajoy que ya soporta mucho peso de sus propios cadáveres políticos, imputados y acusados, por lo que la tarima monclovita, si esto sigue así, se podría hundir bajo los pies de Rajoy. Y no sólo por el impacto judicial de todos estos casos, en los que el PP y PSOE recurren a eufemismo del ‘esta sub iudice’ para no actuar, sino porque el ruido mediático y social que estos escándalos generan pueden acabar hundiendo al propio Rajoy. Sobre todo una vez que la caza de los corruptos está planteada como una guerra ciudadana sin cuartel en contra del poder establecido, motivo por el cual la natural lentitud de la Justicia será implacablemente compensada por una creciente y enfurecida denuncia social.