La corrupción puede dinamitar a PP y PSOE

Conviene estar muy atentos a los acontecimientos porque este país está cogido con alfileres como un traje en la sastrería -se nos aparece en la memoria el sastre José Tomás que le cosía a Camps- mientras seguimos dándole vueltas al desafío catalán y a los destrozos que la corrupción ya han provocado en el PSOE y en el PP -y en IU, CC.OO., UGT, CEOE y CEIM- con las famosas tarjetas de Caja Madrid/Bankia, que pueden ser una avanzadilla, o cabeza de playa, del gran desembarco del grueso de la corrupción ambiental del Estado y de los dos grandes partidos nacionales, de manera especial.

Bastaría con que, en el caso de Caja Madrid (y todas las Cajas rescatadas, valencianas, gallegas, manchega y catalana) salieran a flote la lista completa y escandalosa de los llamados ‘créditos blandos’, como los que, al parecer, Blesa y su equipo concedían a sus amigos, los partidos, dirigentes políticos y entorno familiar y a destacados periodistas y medios de comunicación. Créditos a unos tipos de interés muy bajos y, en muchos casos, pasados a fallidos para quedar reducidos a una ‘donación’ a fondo perdido.

Esto es al menos lo que empieza a circular por Madrid, como la que sería segunda y definitiva parte del gran escandalo de Caja Madrid -cuyo rescate ha costado 23.000 millones de euros a los españoles- que este Gobierno de Rajoy presume haber desvelado a través del Frob.

Una pretensión de alto riesgo porque el caso de la Caja madrileña (y de las otras rescatadas, la mayoría bajo control del PP) le puede estallar en la cara al Gobierno de Rajoy como un boomerang. Y también al PSOE (en Castilla La Mancha y Cataluña, donde está implicado el exvicepresidente del Gobierno de Felipe González Narcís Serra, en Caixacatalunya). Y todo ello mientras los unos del PP y los otros del PSOE toman medidas expeditivas contra los implicados en el escándalo de las tarjetas, como es ahora el caso de Rato. A quien desde la dirección nacional del PP le han pedido que presente la baja temporal para evitar tener que echarlo, en la línea habitual de Rajoy, es decir para ‘ganar tiempo’ y disimular.

Sin embargo, cuidado con la posible venganza de los expulsados, castigados y ‘pasados a cuchillo’ en las televisiones y los medios de comunicación porque a buen seguro que más de uno querrá llevarse a la tumba política a su propio partido. Y entonces lo del principio del fin del bipartidismo empezaría a ser una realidad al alcance de la mano.

Algo de ello hay en las distancias que acaba de tomar la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, frente a Pedro Sánchez, que ha roto sin pensárselo la tradición felipista de cerrar filas y ‘hacer piña’ en la adversidad -como se hizo con los GAL- y ha empezado a echar gente por la borda, sin ni siquiera ser oídos. Algo que no ha gustado a Susana Díaz, entre otras cosas porque ella tiene, en su Andalucía, pendientes de una decisión del Tribunal Supremo a sus predecesores Chaves y Griñán, que si salen tocados en los ERE y cursos de formación, acabarán metiendo en la trituradora al PSOE de Andalucía, que ya tiene a Podemos en los talones.

Y quien habla de la corrupción en el bipartidismo PP-PSOE no ha de perder de vista la crisis de IU -donde se han iniciado el goteo de deserciones-. Como en UPyD, que en ‘los años de plomo’ de los GAL y la corrupción felipista contaba el apoyo y silencio de Rosa Díez a la que también se le van, en un continuo goteo, dirigentes y destacados militantes por causa de la crisis de Sosa Wagner que la líder de UPyD ha administrado fatal.

Es decir, si el Frob levanta el velo completo de Caja Madrid en ese caso se puede armar la ‘marimorena’ y los de Podemos -si no se pelean entre ellos- obtener un resultado electoral excepcional. De manera que mucho cuidado con presumir, como hacen en la Moncloa, que son ellos los que han tirado de la manta de Blesa y Rato, porque bastaba que uno de los dos se pusiera a cantar y a dar detalles de todo y todos los implicados en la corrupción y entonces asistiríamos boquiabiertos, a la traca final del Régimen de la transición. Dice el refrán: ‘dime de qué presumes (de honradez) y te diré de lo qué careces’.