Es una rebelión delictiva, no es un lío ni un error

La política de comunicación del Gobierno de Mariano Rajoy no funciona, como ellos mismos lo reconocen y como lo estamos viendo en estos momentos decisivos del desafío catalán. Y afecta incluso al presidente del Ejecutivo y a su vicepresidenta porque no es acertado ni pertinente, ni tampoco lo que esperan oír los españoles, que Mariano Rajoy califique de ‘un lío’ la convocatoria por Artur Mas de un referéndum ilegal para la independencia de Cataluña y que lo haga desde la presidencia de la Generalitat que representa al Estado en esa Comunidad autónoma. Como no es acertado que Soraya Sáenz de Santamaría valore semejante decisión como un ‘error’, por más que añada que la consulta no se va a celebrar y el que Gobierno adoptará las medidas legales y políticas necesarias para impedirlo. ¡Faltaría más!

Lo que ayer ha consumado Artur Mas, con esa ridícula solemnidad que le quiere dar a semejante disparate, es el inicio de una conducta delictiva que incluye los posibles delitos de prevaricación y desobediencia a los tribunales y a la ley, porque él sabe -y  lo han dicho mil veces- y es consciente que lo que pretende y convoca es ilegal e inconstitucional, que será recurrido este por el Gobierno de España y automáticamente suspendido por el Tribunal Constitucional.

Luego lo que acaba de hacer Más no sólo es ‘meterse en un lío’ como ha declarado con simpleza Rajoy, desde la muralla china donde concluyó su visita oficial a ese país, y ni siquiera un ‘error’, porque Más no se equivoca sino que avanza conscientemente hacia la ilegalidad. Lo que nos lleva a la conclusión de que lo que acaba de hacer el presidente catalán es dar un paso definitivo para delinquir. O simplemente para pavonearse ante sus seguidores y acto seguido humillarse y plegarse a la legalidad lo que le costará su carrera política y tendrá que explicar los catalanes a los que ha mentido y metido en una dinámica infernal de la que no saldrá nada bueno para nadie, y no digamos sí semejante disparate avanza por la senda de la violación de la legalidad e incluso la violencia.

Y hora es que el Gobierno de este presidente Rajoy -que ya calificó el comienzo del desafío independentista como una simple ‘algarabía’- empiece a hablar con firmeza y precisión y a actuar sin más contemplaciones frente a un proceso que ya ha desbordado en demasiadas ocasiones el marco legal desde las instituciones del Estado en Cataluña, que Mas ha puesto al servicio de sus planes independentistas a sabiendas de que ello era ilegal e incluía los delitos de malversación de fondos públicos y prevaricación, cuestiones sobre las que se ha hecho la vista gorda desde los poderes del Estado y el Gobierno de la nación. Como condescendientes ha sido la Fiscalía y el ministerio de Justicia sobre los escándalos de corrupción del nacionalismo catalán -con algún indulto incluido- y no digamos ante las estafas masivas de la familia Pujol.

A ver si va a resultar que donde está el lío no en en Barcelona sino en Madrid por tanto usar los paños calientes y dejar pasar la colección de maniobras y mentiras de Más sobre las que se ha construido esta enorme falsedad. Y ahí incluidos los insultos a España, diciendo que les ‘roba’ -cuando los que han robado son los Pujol y CiU- y a quienes defienden la verdad y defiende la legalidad.

Cuidado con las simplezas y las palabras vanas porque los españoles no están para bromas y hace tiempo que esperan el despertar de Rajoy y su Gobierno -y también del PSOE que se ha manchado las manos con la actitud del PSC-, para poner coto a todo esto que no sólo afecta a la unidad de España, sino a la imagen de nuestro país en el mundo e incluso a la recuperación de la economía y el empleo que son, o deberían ser, nuestro principales objetivos políticos.

Y mucha atención también a los poderes económicos, financieros y empresariales, de Cataluña que han jugado de manera cómplice y temeraria en apoyo de este proceso con el discurso falaz de que había que dialogar o negociar, bajo amenaza de secesión, cuando lo que todos estos poderes y grandes intereses económicos de Cataluña, que viven y dependen del conjunto de España que es donde tienen su mercado y del ámbito de la Unión Europea lo que debieron de hacer es denunciar sin rodeos el desafío de Más. Y hora es que todos ellos se impliquen para acabar con este proceso ilegal, inconstitucional y falaz al que muchos de ellos han jugado y apostado mientras engrosando sus arcas con el dinero de todos los españoles y de especial manera con el de los españoles que no viven en Cataluña, lo que es el colmo de la desfachatez  de estos prebostes que escondidos están y que ahora deberán salir de sus doradas madrigueras para dar la cara, como lo hicieron en Escocia sus homólogos ante el riesgo de secesión.

Lo único positivo de todo esto es que hemos llegado al punto de ruptura y que a partir de ahora estamos en la hora de la verdad. En Madrid y en Barcelona, y vamos a ver si las decisiones que se esperan se toman con la firmeza y diligencia que requiere el caso y se presentan con unos modos y un lenguaje que estén a la altura de las graves circunstancias en las que España está.