La crisis del Gobierno de Rajoy no debe esperar

Todo apunta a que las varias tribulaciones por las que atraviesa España son la excusa perfecta para que Rajoy, enemigo de todo cambio y de la toma de decisiones, no haga mudanzas, ni cambie el Gobierno agotado que preside, sin la fuerza y el liderazgo que requiere la situación del país. Pero todo nos dice que, de aquí a las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2015 no habrá paréntesis o remanso para llevar a cabo y en tranquilidad la crisis de un Gobierno que se está convirtiendo en un problema añadido para el conjunto del país y cuyo relevo no se debe demorar.

Gallardón ya no puede con el cargo, De Guindos se quiere ir al Eurogrupo, Wert está agotado y de perfil, Mató está tocada, Soria quemado, Margallo se inmiscuye en asuntos interiores, Fernández Díaz no tiene el nivel, etcétera. Y junto al dilema de la crisis del Gobierno están aparcadas las listas del PP para las elecciones municipales y autonómicas y puede que un relevo necesario en la cúpula del Partido Popular ante el desplome de Cospedal.

Artur Mas dará esta semana el siguiente paso del desafío catalán al Estado convocando la consulta ilegal para el 9 de noviembre, y el Gobierno de Mariano Rajoy deberá activar los mecanismos legales y políticos a su alcance para frenar el intento si Mas, tras la suspensión de la ley de consultas catalanas por el Tribunal Constitucional, decidiera dar el paso definitivo en contra de la legalidad.

He aquí la primera noticia de la semana que entra a la que se ha unido la advertencia pesimista del ministro Luis De Guindos que afirmó que España ya no es inmune al peligro de desaceleración económica de la Eurozona, con lo que se empieza a desdibujar el discurso de Rajoy sobre ‘las fuertes raíces’ que amparan la recuperación del crecimiento español. Lo que empeora las expectativas electorales del PP, como lo prueba por otra parte el bloqueo de la ley del aborto de tiene en capilla a Gallardón. O la pretensión a la desesperada de Rajoy de un cambio de la ley para la elección de alcaldes que, de llevarse a cabo y sin un consenso, abriría un gran conflicto político nacional.

Solo un presidente fuerte y decidido es capaz de hacer la crisis que su Gobierno necesita sin escudarse en la inclemencia de los agentes externos, a sabiendas que la tormenta no amainará y que hace falta sabia nueva y más política en un Gabinete donde hasta el momento primaban conceptos de confianza y amistad que se han revelado fallidos e insuficientes para abordar el difícil tiempo español. Y cuando antes se hagan los cambios mejor que mejor.

¿Acaso no se hizo así en las Jefatura del Estado o en la cúpula del PSOE? Pues lo mismo ha de ocurrir en el Gobierno de Rajoy. Los españoles merecen y necesitan el cambio y un equipo de prestigio y eficacia a la altura de las circunstancias. Y también lo necesita el PP donde crece el desasosiego ante el proverbial inmovilismo de Rajoy, máxime tras los escándalos de Bárcenas y Gürtel que siguen dando vueltas por los tribunales y colocan a este partido en la lista inagotable de la corrupción del país.

La estrategia del gana tiempo del Presidente se ha agotado y ha entrado en el irreversible ritmo del descuento del calendario y del reloj. Y no solo por todo lo que le afecta al liderazgo de Rajoy y a su partido sino y sobre todo al conjunto del pueblo español. Esta semana será decisiva y las que le siguen lo han de ser también, y hacen falta impulsos y nuevos políticos al frente de la nación, de lo contrario la crisis global que padecemos irá de mal en peor.