Escocia dijo ‘no’ a la independencia

Con una participación muy alta, superior al 84 % y una mayoría del 54 % de los votos frente al 46 %, el pueblo de Escocia ha rechazado su independencia del Reino Unido y permanecerá bajo el gobierno de Londres y la Corona británica, así como en el seno de la Unión Europea donde el recuento de los votos se siguió con la máxima preocupación. Especialmente en España, donde hoy el gobierno de Artur Mas dará un paso temerario en favor de la ruptura de la unidad de España y la legalidad y presentará en el parlamento catalán una ley de ‘consultas catalanas’, con la que pretende burlar la ley vigente a pesar de que saben que esa norma no cabe en la Constitución Española. Y ello con la pretensión de celebrar el día 9 de noviembre una consulta relativa a la independencia de Cataluña para abandonar España y la UE.

Consulta que no se va a celebrar, porque la prohibirán tanto el Tribunal Constitucional como el Gobierno de España y que en todo caso y probablemente perderían los nacionalistas catalanes como ha ocurrido en Escocia. Pero cuya convocatoria constituye un desafío al Estado, la legalidad y a la unidad nacional por parte de Artur Mas, la federación que le respalda –CiU- y otros partidos catalanes, lo que tendrá consecuencias y los españoles nunca vamos a olvidar.

En Escocia, donde el referéndum es legal y sus razones históricas verdaderas, finalmente se ha impuesto un razonable ‘no’ por lo que no habrá independencia. Pero el país queda prácticamente dividido porque el porcentaje a favor de la secesión es muy alto y deberá ser tenido en cuenta. Especialmente por el Gobierno de Londres y el Parlamento británico que ahora deben cumplir sus promesas para conceder a los escoceses mayor autonomía. Es el compromiso que asumieron los conservadores y laboristas del Reino Unido hace tan solo un par de semanas cuando vieron las encuestas anunciaban un victoria del ‘sí’ a la independencia, algo que el primer ministro británico, David Cameron -que sale muy tocado de este proceso- nunca creyó que podría ocurrir.

En España, al contrario, el Gobierno de Rajoy no puede aceptar el chantaje de Artur Mas y hacer ahora concesiones en favor de un mayor autogobierno catalán con mejoras de su financiación, como lo pretenden algunos –incluido el PSOE con su propuesta federal- porque los nacionalistas catalanes no pueden alcanzar un premio sobre la base de un chantaje y una amenaza contra la legalidad y la Constitución. Ello sería un mal precedente además de la tumba política del PP y del propio Rajoy.

Lo que debería hacer Mas, visto lo ocurrido en Escocia, es dar desde ahora marcha atrás y anunciar que no romperá con la ley y que acatará las decisiones del Tribunal Constitucional. Y que se cuiden y mucho los altos responsables de las finanzas y de las empresas catalanas de hacer más llamamientos al diálogo y a una negociación bajo chantaje que nunca se ha de celebrar en estas circunstancias españolas, porque lo que tenían que haber hecho y declarado ya, como lo hicieron sus homólogos de Escocia de una manera clara y definitiva, era su rechazo frontal a la consulta y a Artur Mas.

De igual manera los primeros líderes e instituciones de la Unión Europea, que llegaron tarde y asustados a la votación de Escocia, deben sacar consecuencias de lo ocurrido y adoptar, desde ahora y de manera inmediata, decisiones y textos legales que habrá que añadir a los Tratados de la Unión Europea, para que, desde ahora y para siempre, quede claro que cualquier territorio de la Unión que rompa su propio Estado saldrá de la UE y nunca más podrá reingresar. Se trata de defender este proyecto histórico que es fundamental para los ciudadanos de la Unión y que han estado a punto de dinamitar un par de millones de votantes escoceses por culpa de la frivolidad de Cameron.

En cuanto a Escocia, veremos qué consecuencias políticas tiene todo ello y cuánto tiempo tendrá que pasar para que, como pasó en Quebec, los independentistas escoceses vuelvan a solicitar un nuevo referéndum, lo que ya no será tan fácil ni se producirá de una manera inmediata. Aunque eso sí, Alex Salmond y sus seguidores podrán decir que la suya es una ‘dulce derrota’ por el alto porcentaje de votos obtenidos y por las nuevas ventajas políticas de las que van a disfrutar. Mientras que en Cataluña esta ‘ducha escocesa’ les caerá como un cubo de agua helada, por más que insistan en la falacia del derecho a decidir y a votar de los catalanes sobre las cuestiones que afectan a los españoles y a la soberanía española y nacional sobre las que solo puede votar el conjunto del pueblo español, como ellos saben aunque huyan de la verdad.