La mejora española y Hollande contra Merkel

Las últimas cifras relativas al crecimiento del PIB español en un 0,6 % en el segundo trimestre de año abundan en el optimismo del Gobierno sobre la recuperación de la economía y el empleo en nuestro país. Lo que aplaudió recientemente Angela Merkel durante su encuentro con el presidente Rajoy en Santiago de Compostela. Sobre todo porque el caso español sirve a la canciller para mantener intactos sus compromisos sobre el ajuste del déficit en la zona euro, evitando flexibilizar esos objetivos y no forzar al BCE a la apertura de más ayudas financieras para luchar contra la deflación y favorecer del euro, que es exactamente lo contrario de lo que piden Hollande y Renzi desde Francia e Italia.

Precisamente el presidente de Francia, François Hollande, acaba de anunciar que este sábado pedirá una cumbre extraordinaria de la UE en la que se aborden sus propuestas para flexibilizar los objetivos comunes de déficit, permitir la devaluación del euro (en pos de una mejora de las exportaciones europeas), y conseguir que el BCE inunde de dinero el espacio europeo para conseguir una rápida salida del actual estancamiento económico europeo y evitar el riesgo de deflación (España está en el -0,5 % de precios) que amenaza a la UE.

Estamos pues ante un pulso entre Merkel y Rajoy contra Renzi y Hollande en el que España hace el papel de compañero de viaje de la canciller, por más que los intereses españoles están mucho más cerca de los de Francia e Italia, por cuanto la mejora del PIB no garantiza la recuperación y el empleo a favor de las capas más desfavorecidas de la sociedad. Y porque en España otros índices como el del aumento de la deuda o la caída de las exportaciones están frenando también nuestra recuperación.

La cuestión española está en saber hasta qué punto el optimismo oficial del Gobierno de Rajoy supone un cambio de tendencia a favor del crecimiento y el empleo y cuál es su verdadero impacto en el conjunto de la sociedad. Desde luego las altísimas cifras del paro español no permiten mucho optimismo, y la falta de crédito a empresas, emprendedores y familias tampoco ayudan nada. De ahí que Rajoy debe cuidarse y mucho en no convertirse en el escudero de Merkel por más que ello le ayude para conseguir el colocar a De Guindos en la presidencia del Eurogrupo, o para lograr un puesto importante en la Comisión Europea de Juncker.

Por supuesto tanto Pedro Sánchez desde el PSOE como el resto de la oposición no son tan optimistas como Rajoy y están mucho más a favor de las posiciones de Hollande y Renzi. Aunque para los socialistas las políticas de ajustes del primer ministro Manuel Valls los conduce a la confusión y a contradicciones, una vez que el nuevo equipo directivo del PSOE aún no ha fijado con claridad su posicionamiento en política europea y económica, y se limita a pedir nuevas medidas para la recuperación del empleo.

Quizás se pueda encontrar un pacto a mitad de camino entre la dureza de Merkel y las exigencias de Hollande, no en vano el actual estancamiento de la economía europea, en la que España parece una excepción, también afecta a Alemania y ello ha de servir a Merkel como argumento para flexibilizar sus posiciones y facilitar desde el Bundesbank un cambio de estrategia monetaria en el BCE.

Sobre todo porque la UE necesita ofrecer a los mercados una imagen conjunta de mejora económica y unidad política. Máxime ahora que la crisis de Ucrania y la presunta intervención militar de Rusia en ese país está tensando de nuevo la relación de los países europeos con Putin y su Gobierno, hasta el punto que ya son varios los gobiernos de la UE (y la OTAN) que piden más represalias y sanciones económicas contra Rusia, lo que sin duda incluye el riesgo de una respuesta similar de Moscú. De ahí la importancia de la cohesión europea y que todos los países remen en la misma dirección con políticas más expansionistas que a su vez reduzcan las tensiones políticas y el malestar social en la UE.