La Oposición no será ‘leal’

Vamos a ver si Mariano Rajoy se atreve con la crisis de Gobierno que debe hacer para afrontar el año y medio de legislatura que le queda, abordar la crisis catalana, intentar superar el estancamiento de la economía y relanzar electoralmente el PP, con la ayuda de su anunciada reforma de la ley electoral municipal para elegir a los alcaldes de manera directa y por mayoría simple, lo que ya ha provocado el rechazo unánime de la Oposición. Una Oposición, en precampaña electoral permanente, que no será ‘leal’ a la mayoría del Ejecutivo si este utiliza el rodillo de su mayoría absoluta y se empeña en reformar por las bravas la ley electoral municipal.

Lo de reformar su Gabinete es algo que no le gusta a Rajoy pero puede ser obligatorio si tras su próximo encuentro con Merkel se abre la puerta a la presencia del ministro De Guindos al frente del Eurogrupo de la UE, mientras aún queda pendiente el nombre del candidato, o candidata, español a la Comisión Europea una vez que el presidente Juncker no quiere a Arias Cañete y pide a Rajoy que le haga otra propuesta con nombre de mujer.

Tampoco está claro lo que va a ocurrir con el desafío catalán a pesar de los graves problemas surgidos en el seno de los partidos independentistas a propósito de la gran estafa de Jordi Pujol y del resto de su familia confesada públicamente por el propio líder y fundador de Convergencia. Pero en este terreno, donde Rajoy se ha movido muy poco al menos en público, el presidente tiene la obligación final de dar la cara y de bloquear la consulta ilegal tal y como lo ha prometido en reiteradas ocasiones.

En cuanto a la Oposición, donde ahora se estrena Pedro Sánchez como líder del PSOE, todo anuncia que tendremos un otoño algo más que caliente por causa de la anunciada reforma de la norma electoral municipal para la elección de alcaldes que Rajoy quiere imponer con su mayoría absoluta. A lo que Sánchez y su equipo ya han dicho que no a la vez que promocionan un frente global de la Oposición contra lo que llaman un abuso o golpe de mano del PP en contra de la legalidad democrática -hay dudas muy serias sobre la constitucionalidad de semejante reforma-, dado que solo faltan nueve meses para la celebración de esos comicios.

Este enfrentamiento puede, por otra parte, repercutir de manera muy seria en el llamado pacto constitucional de 1978, hasta el punto de que en caso de ruptura el PSOE podría plantearse otras actitudes. Como por ejemplo su posición sobre el referéndum que otros partidos han pedido sobre Monarquía o República, algo que sería bien acogido por las bases y militantes del PSOE. Por ello Rajoy debería tener mucho cuidado con no romper la cuerda de las relaciones institucionales con el PSOE.

Sin embargo el ‘frente’ de la Oposición contra el PP que proponen desde el PSOE en el caso de la reforma electoral para elegir a los alcaldes, no parece tan sencillo como se piensan en Ferraz, dado que hay muchos problemas internos en casi todos los partidos de la Oposición. Empezando por el PSOE en Cataluña y Andalucía, siguiendo por UPyD donde sus dirigentes andan a la greña, o por CiU con el escándalo de los Pujol, e incluso en IU por causa de la imparable irrupción de Podemos en la izquierda política.

En realidad nadie, en la política española, está para tirar cohetes ni tampoco la primera piedra, sobre todo en la Oposición. Y de esa debilidad y luchas fratricidas se quiere aprovechar Rajoy con su reforma electoral, a sabiendas de que su partido no tiene ahora capacidad de pacto con otras fuerzas políticas como CiU, PNV y UPyD. Motivo por el que quiere cambiar la ley electoral para no perder las alcaldías que ahora controla en toda España. Pero ese juego nada limpio a Rajoy le puede salir muy mal, porque va a necesitar de la ayuda del PSOE para abordar muchas cuestiones de Estado e institucionales y no es fácil de imaginar que el PP imponga su mayoría política sin consenso en la reforma electoral y que luego pida ayuda en el campo institucional. Todo tiene un límite y da la impresión de que esa frontera se va a sobrepasar.