Rajoy y la ingratitud

Ha dicho el presidente Rajoy que España está en el buen camino de la recuperación económica y puede que ello sea verdad, aunque los frutos de su profecía todavía no han llegado al conjunto de la sociedad, como no llegará a las clases medias la tibia y trucada rebaja de impuestos. Pero es cierto que la situación general de la economía española ha mejorado sensiblemente, y que se han limpiado y controlado muchas de las causas del descontrol. Asimismo, el escándalo de los Pujol ha desactivado bastante el desafío independentista catalán y eso también figura en el haber del presidente Rajoy, quien tenía guardada en su manga el explosivo as de bastos que se ha abatido sobre CiU, la Generalitat y el conjunto del nacionalismo, tras la confesión de Jordi Pujol. Le queda, eso sí, a Rajoy la responsabilidad política que le compete sobre el gran pantano de la corrupción del país, empezando por sus Gurtel y siguiendo por Bárcenas, Matas, Fabra y compañía.

Y son estas tres cuestiones, crisis, desafío catalán y corrupción, las que hicieron que el PP, en las pasadas elecciones europeas del mes de mayo, perdiera ¡6.800.000! Votos con respeto a los comicios generales de noviembre de 2011, y 2.900.000 votos respecto a las europeas del año 2009. ¿Por qué? Porque los ciudadanos están indignados con la situación general del país, no ven en sus casas y trabajos la mejora de la crisis, están hartos de la corrupción general y de que el desafío y abuso del nacionalismo catalán haya llegado tan lejos mientras el impávido Rajoy se jugaba la partida a la sola carta de los Pujol. Tampoco gusta a los ciudadanos el mal gobierno de Rajoy, que necesita cambios ‘políticos’ importantes, ni su permanente ausencia del Parlamento y de los medios, donde aparece poco y oculta la verdad, como ocultó lo que verdaderamente paso en el encuentro que mantuvo en La Moncloa con Artur Más el pasado día 30 de julio.

Por todo ello y porque arreglar los problemas del país es una obligación de los gobernantes y no un regalo que nos hacen es muy posible que el PP no tenga ganadas las elecciones generales -y menos aún las municipales y autonómicas de mayo de 2015- que se celebrarán a finales del año próximo o principios de 2016.

Sin embargo, en La Moncloa y en Génova 14, presidencia del Gobierno y dirección del PP, si se tiene la sensación y el convencimiento de que la mejora económica y el fracaso de la consulta secesionista de Cataluña relanzaran al PP y Rajoy logrará su segundo mandato como el hombre que nos saco de la crisis y le paró los pies a los independentistas. Y también como el político que impulsó el relevo en la Corona y el final de la época de González y Zapatero en el PSOE. Además en el PP cuentan con los problemas internos del PSOE -ahí incluido el PSC catalán- y aún no se sabe lo que dará de sí el nuevo liderazgo de Pedro Sánchez. De igual manera en el PP piensan que Rosa Díez y UPyD han tocado techo y se desinflan y que Podemos es su mejor aliado por cuanto divide y confunde a los electores e IU y del PSOE.

Puede que muchas de estas cosas sean ciertas, pero los ciudadanos, que ya avisaron en las elecciones europeas al PP y al PSOE, no van a volver alegremente al redil del bipartidismo por más que mejore la situación. No en vano su presunta ingratitud está preñada de indignación y por el hecho de que nadie les devolverá todo lo que han perdido y sufrido por más que ahora se les ofrezca un futuro mejor. Muchos de los que no votaron en mayo de este año a PP y a PSOE no lo volverán a hacer.

Máxime, cuando Rajoy sigue envuelto en la oscuridad de la Moncloa y falla estrepitosamente en su discurso político y en su política de comunicación. Dos atributos que no tiene Rajoy y no quiere arreglar introduciendo en su Gabinete políticos de altura y cambiando su equipo de comunicación. Ese no es su estilo y eso no va con él. Y ambas cosas le pueden costar muy caro porque al día de hoy los ciudadanos no olvidan y están anclados en la indignación que conduce a la ingratitud. Aunque también es cierto que al otro lado del río tampoco inspira confianza ni levanta entusiasmo el primer partido de la oposición.