Cataluña: no hay más salida que elecciones anticipadas

Es inútil, el gran escándalo de la corrupción de Jordi Pujol y su familia es un tsunami que se lleva todo -las instituciones catalanas incluidas- y a todos los nacionalistas de CiU por delante. Y no existe escapatoria posible, ni cortafuegos, ni tampoco hay tiempo para intentar hacer olvidar lo ocurrido, entre otras cosas porque lo ocurrido no hizo nada más que comenzar y anuncia un serial político, mediático y judicial de dimensiones incalculables y de muy larga duración. De ahí que Artur Mas no tiene más salida que la de asumir su responsabilidad política presentando por ello su dimisión y convocando unas elecciones autonómicas catalanas anticipadas al próximo otoño, en las que, sin duda, Convergencia pagaría un precio muy alto, tras separarse definitivamente de Unió.

Se lo ha dicho a Mas sin rodeos Duran i Lleida al afirmar que el escándalo tiene muy serias consecuencias políticas y afecta de lleno a la pretendida consulta catalana, como afectará al próximo aniversario de la Diada. La única solución democrática a todo ello son las elecciones y todo lo demás es un intento fallido de prolongar una agonía que conduce, irremediablemente, a una muerte política de lo más granado del nacionalismo burgués catalán.

Y esto de las elecciones anticipadas es lo que deberían de exigir todos los partidos de la oposición catalana, y especialmente la izquierda que, a base de intentar que nada cambie en la hoja de ruta del proceso independentista, se están enfangando todos en la corrupción de los Pujol, que lo es también de la Generalitat y de CiU por los cuatro costados.

Lo más dramático o patético de este escándalo es que ha sido Jordi Pujol, el padre de la nueva patria catalana, el que ha dinamitado todo con la pública confesión de sus delitos en un intento desesperado de salvar a su familia por encima de todo lo demás. Y esta vez nadie podrá decir que la culpa es de España, o del Gobierno de Madrid. La culpa es de la banda de los ladrones de la Generalitat que lideraba Pujol a lo largo de mucho más de 30 años, robando ingentes cifras de dinero público cuyo alcance está aún por dilucidar. Porque en su confesión Jordi Pujol ha vuelto a engañar a todo el mundo con el cuento chino de una herencia paternal -que su hermana dice desconocer- y que, en principio, han cifrado en cuatro millones de euros pero que, a la vista de los distintos frentes judiciales que hoy están abiertos, podría conducirnos a una auténtica cueva de Ali Baba.

Cabe imaginar que en los próximos días o semanas Artur Mas tendrá que reaccionar, si es que consigue salir del aturdimiento y la confusión en la que se encuentra inmenso, lo que no es nada fácil. Sin embargo y, aunque en caliente no lo considere, el escándalo de Pujol puede convertirse para Mas en la coartada perfecta para romper el proceso soberanista, retirarse de la escena de la política y hacerse la víctima -eso se le da muy bien- de una crisis que le llegó desde la presidencia de honor de su propio partido, y ni más ni menos que de la mano del fundador.