Pedro Sánchez, sólo palabras

Lo único concreto que ha dicho Pedro Sánchez, en su particular ‘proclamación’ como líder del PSOE, ha sido que hay que mirar menos dentro del partido y ocuparse más de los problemas de los ciudadanos. Es decir, que se acabaron las primarias de noviembre a cambio de colocar a Carmen Chacón al frente de las relaciones internacionales del partido. En cuanto a renovar el proyecto político del PSOE todo queda reducido en aplicar el programa diseñado por Rubalcaba y a un relevo generacional en una gigantesca Ejecutiva -de 38 miembros-, auténtico cajón de sastre para contentar a los barones regionales e integrada por personas sin relevancia política ni técnica, lo que echa por tierra su anunciada pretensión de presentar a los ciudadanos un ‘Gabinete de Gobierno en la sombra’.

Y todo ello adornado de grandes elogios a González y Zapatero, como si la consigna fuera la ‘continuidad’ frente a la ruptura con el pasado, al que no se le hace la menor crítica en aras de la unidad ‘la piña’ y de asumir la tradición leninista que coloca el partido, con sus errores pasados, por encima de los ciudadanos como algo que hay que asumir hasta la eternidad.

De lo que se deduce que nada nuevo brilla bajo el sol poniente de un PSOE en franco declive electoral, en el que la única novedad estriba en la juventud de Pedro Sánchez. Quien a lo mejor nos sorprende con su pretendido liderazgo y una nueva práctica política, pero que en el cierre del congreso extraordinario del partido solo aportó palabras y buenas intenciones de recuperación electoral de cara a las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo. Y todo ello bajo la atenta vigilancia de la presidenta andaluza Susana Díaz, que es la triunfadora del Congreso, y que permanece en la reserva a la espera de su oportunidad. Que llegará sí Sánchez se estrella en los comicios de mayo y entonces se celebran las primarias para elegir a la que sería candidata a la presidencia del Gobierno de España -la ilustre Susana y no Chacón- a finales de 2015 o principios de 2016.

Hemos buscado en los gestos y palabras de Pedro Sánchez novedades, firmeza, ideas creativas e iniciativas renovadoras en regeneración ética y en reforma democrática y no se ve gran cosa. Volvió a hablar de federalismo para consolar al PSC pero sin precisar. Y habló en contra de los populismos en crítica indirecta a Podemos a los que no se atrevió a mencionar como fue incapaz de hacer un análisis político sobre el final del Régimen de la transición que estamos viviendo en España. En realidad sus promesas políticas sólo se referían a lo que hará cuando él llegue a la presidencia del Gobierno -derogando casi todo lo que hizo el PP y los acuerdo con el Vaticano-, pero no ha explicado cómo piensa llegar a la Moncloa ni con que discurso.

Y sobre la corrupción, tras zarandear el patriotismo andorrano de Pujol, solo miró al PP para pedirles que asuman responsabilidades políticas, las mismas que no ha asumido el hasta hace pocas horas presidente del PSOE, José Antonio Griñán- el padre político de Susana Díaz-, o su predecesor Manuel Chaves. Ambos encartados en los escándalos de los ERE de Andalucía y puede que pronto camino del Tribunal Supremo, por aforados, tras su posible imputación. Unos aforamientos que Sánchez dice que va a reducir, sin señalar hasta donde, de la misma manera que habla del escándalo de las Cajas de Ahorro intervenidas sin citar a Narcís Serra o Hernández Moltó, sus compañeros de partido.

Por supuesto, ni una sola palabra sobre la reforma de consolidación fiscal del déficit público de la Constitución que aprobó Zapatero, en línea con la Europa neoliberal de Juncker al que se negó a votar en el Parlamento Europeo, y reiterada promesa de negarse a toda gran coalición con el PP. Y, por supuesto, silencio en relación al referéndum sobre monarquía o república, porque Pedro Sánchez, bajo la atenta vigilancia de Felipe González, mantiene el compromiso constitucional de 1978 y la condición dinástica del PSOE. Al menos hasta las elecciones generales, porque si los socialistas vuelven a perder más votos y escaños que Rubalcaba en 2015 ya veremos qué pasa con este partido y su condición monárquica.

En los Palacios de la Moncloa y de la Zarzuela están, desde luego, encantados con el nuevo líder del PSOE, a quién consideran un moderado -un joven Pepe Bono-, con el que se puede pactar, ahora que se fue el ‘estadista’ (sic) Rubalcaba. Y ahora que se acerca el desafío catalán, sin duda venido a menos tras la patética confesión del contumaz defraudador Jordi Pujol. Rajoy recibirá a Pedro Sánchez en Moncloa con todos los honores, y pronto hará lo mismo el Rey Felipe VI, para de esa manera ser armado caballero como nuevo líder de la leal Oposición, cargo que estrenara en el Congreso de los Diputados a la vuelta del verano. Que será el momento preciso en el que los de Podemos lo señalarán como el ‘cachorro’ de ‘la casta’ bipartidista en el flanco del PSOE.

Naturalmente y una vez cumplidos los trámites y reglamentos Pedro Sánchez nos podría, a todos, sorprender como ocurrió con Zapatero aunque en ese caso para desgracia de España y del PSOE. Aunque, es de esperar, que lo de Zapatero sea irrepetible por el bien del país y del Partido Socialista. Y ojalá que Sánchez sorprenda y para bien, pero no lo tiene nada fácil y en su discurso inicial no aporto nada que anuncie un advenimiento político de gran alcance. En todo caso, habrá que esperar y ver que hace y como lidera la Oposición y el PSOE.