El baile de las balanzas

El Gobierno ha puesto encima de la mesa sus estudios sobre la situación actual de las balanzas fiscales de la Comunidades Autónomas. Y lo ha hecho en este preciso momento de cara a la visita que realizará a la Moncloa Artur Mas el próximo día 30. Los datos ofrecidos del Gobierno, cuyos resultados y método de análisis son discutidos en Cataluña y aireados en Madrid y en Baleares, abren por otra parte una batalla política entre las que se llaman Comunidades ‘ricas’ y ‘pobres’, en la que sale dañado el principio de solidaridad y la cohesión nacional.

Da la impresión que el objetivo de Rajoy no es otro que hacer alguna concesión a Cataluña, reconociendo a esa Comunidad un déficit fiscal cercano a los 8.000 millones de euros, aunque con ello abra una nueva polémica con Madrid y Baleares. A la vez que quedan en evidencia los regímenes forales de País Vasco y Navarra, que salen muy beneficiados a pesar de sus privilegios.

Pero, naturalmente y como era de esperar, desde Cataluña tanto el gobierno de Mas como sus aliados independentistas declaran que el déficit es mayor, que la cifras se han ‘cocinado’ en Moncloa y puestas a favor de las posiciones de Rajoy. Aunque de momento ya tienen algo concreto de qué hablar Mas y Rajoy dentro de la legalidad.

Ahora bien, esas no son las cuentas globales de la relación de la autonomía Catalana con el Estado y con el resto de España, una vez que la parte fiscal no incluye otras balanzas esenciales como son la comercial, la de servicios (turismo) y los activos del Estado en Cataluña (puertos, aeropuertos, ferrocarriles), amén de los fondos del paro y las pensiones. Lo que sumado todo ofrecería el verdadero mapa de la relación económica global con un resultado muy favorable para Cataluña por cuanto disfrutan de un mercado y clientela consolidada para productos, servicios e instalaciones de casi 40 millones de españoles. Un Mercado irremplazable para Cataluña que, dicho sea de paso y hablando de fiscalidad, se lleva a su territorio gran parte del IVA que sus empresas e instituciones financieras y de todo orden recaudan en el resto de España, en vez de quedar donde se produce como debiera ser el caso.

De manera, que las cuentas fiscales son incompletas y no dicen la verdad del enorme beneficio económico que Cataluña recibe del resto de España, e incluso de la Unión Europea, gracias a que España forma parte de dicho entorno político y económico, del que Cataluña quedaría completamente fuera si consiguiera ser un Estado independiente. Y si a ello suman el desprecio a la lengua españole, en favor de la francofonía como pretende Artur Mas, en ese caso Cataluña perdería el mercado español, el europeo y el de casi toda América, porque no conviene olvidar que en los EEUU son más de sesenta millones los ciudadanos que hablan español.

O sea que con las cuentas globales y bien hechas, en vez de decir esa infamia de “España nos roba”, los catalanes lo que deben de decir y reconocer es que se benefician y mucho económicamente de su pertenencia a España. Sobre todo si tienen en cuenta de que sus planes de ruptura pueden provocar una guerra comercial y la salida del territorio catalán de muchas de las empresas españolas e internacionales.

Ésta y no otra es la verdad que, manipulada como lo ha hecho la Generalitat y los aliados de Mas, conducen a la mentira reiterada que puede que pronto se pueda desmontar si los independentistas avanzan hacia el ‘choque de trenes’ y finalmente se desata la guerra económica, turística y comercial. Y entonces ya se verá -como se vio en la ‘guerra del cava’- cuál es la realidad. Ya les ha pasado con la Unión Europea donde creyeron que podían seguir y donde les han dicho mil veces por activa y por pasiva que eso es imposible si se independizan, como les ha pasado con el euro y también con la comunidad internacional, EEUU incluidos.

Pero los independentistas con Mas a la cabeza seguirán en sus trece y hacia nadie sabe dónde hasta que se topen con la cruda realidad económica y social y sobre todo con la legalidad.