De Aznar a Tejerina

Rajoy camina con pies de plomo entre su parsimonia y un cierto temblor. El presidente no es favorable a la toma de drásticas y comprometidas decisiones y le gusta hacerse esperar mientras se define como independiente y previsible, aunque su actitud no deja de provocar inquietud en su partido y malestar entre muchos ciudadanos que esperan liderazgo y firmeza en el tiempo de crisis y desánimo general que habitamos. Ayer Rajoy nombró sin mayor sorpresa ministra de Agricultura a Isabel García Tejerina, la mano derecha del hasta ahora titular Miguel Arias Cañete, convertido en aguerrido candidato del PP en las elecciones europeas, en las que el presidente Rajoy ha decidido excluir a su mentor y predecesor en el cargo José María Aznar quien ha lamentado su marginación.

En el PP hay dos partidos en uno: el núcleo aznarista más firme y exigente en lo que ellos mismos llaman ‘valores y principios’ de la derecha; y un PP más moderado e inmovilista que preside Rajoy como un Ulysses, con los oídos taponados con cera para evitar la tentación de cantos de Sirena que le empujan a tomar decisiones de riesgo y afrontar de manera directa las cuestiones que marcan la agenda nacional, y de especial manera el desafío catalán.

El presidente mantiene el rumbo fijo que marca Bruselas y cree que los datos macroeconómicos de la mejora financiera le dan la razón, aunque su impacto en la sociedad -en créditos y empleo- se hace esperar. Y ello le permite, en la campaña europea, hablar de recuperación y cargar la crítica sobre el gobierno de Zapatero, reaparecido en campaña junto a Valenciano, y punto débil del discurso del PSOE en sus dos flancos: por la derecha, porque le acusan -a ZP, Rubalcaba y Valenciano- de ser culpables del nivel de la crisis española; y por la izquierda -desde IU- de ser quien inició la austeridad y propició la reforma constitucional para el compromiso de estabilidad del déficit.

En estas circunstancias era difícil imaginar un importante cambio de Gobierno de Rajoy, a pesar de que el interés general español así lo solicita por el desgaste y falta de calidad de algunos de sus ministros. Pero Rajoy no ha querido arriesgar un nuevo gobierno al veredicto de las urnas del 25 de mayo, y ha ascendido al cargo de ministra de Agricultura a Isabel García Tejerina, una mujer con un excelente currículum y experiencia política en España y en la UE. Lo que sin duda constituye una buena decisión y garantiza continuidad, en Madrid y Bruselas, de una política que va bien y que ha obtenido buenos acuerdos en las negociaciones sobre la PAC europea.

La pregunta es: ¿y para nombrar a Cañete candidato y a Tejerina ministra hacía falta esperar tantos meses y crear tanta tensión y expectativas dentro del PP? Ése es Rajoy, le gusta jugar, como un niño, con sus compañeros de partido y medios de comunicación en una actitud un tanto ridícula y poco democrática para refirmar que él es el que manda y quien impone los tiempos y calendario. Nada que ver con un Renzi italiano o Valls francés que cambiaron sus gobiernos en solo 48 horas.

Pero a Rajoy, cualquier decisión importante por pequeña que sea se le transforma en algo trascendental porque teme que el castillo de naipes que tiene en su despacho de la Moncloa en cualquier momento se le puede derrumbar, de ahí que sus pasos sean cortos y poco ruidosos para no desestabilizar su posición. Sabe que Gürtel y Bárcenas le acechan, que la Corona está pendiente de la Infanta, que Cataluña es un incierto tobogán, que la deflación y la tensión de Ucrania amenaza el crecimiento y que las elecciones europeas son un primer gran test que tiene que ganar.

En cuanto a José María Aznar está claro que tiene otra visión de España y del PP y considera necesaria otra política y otro modelo de liderazgo como se lo ha dicho ya en público a Rajoy, lo que no ha gustado nada en Moncloa, lugar donde Rajoy practica castigos a quienes desde su espacio interior lo critican, como ha ocurrido con El Mundo, Aznar, Aguirre, Cospedal, etc, y como ocurrirá con quien se atreva, desde el entorno político y cultural del PP, a poner en entredicho su liderazgo. Aunque esa actitud castigadora desvela el temblor y la inseguridad de Rajoy, su autoridad más que su ‘autoritas’. Pero eso es lo que hay en la derecha española, que ya es algo, a la espera de ver lo que hay en el seno del PSOE que al día de hoy parece bien poco, sobre todo si la novedad es la reaparición de Zapatero, como contraste a la ausencia de Aznar. El PP se juega muchos en las elecciones europeas pero le quedan casi dos años en el poder. El PSOE se lo juega todo pero desde la oposición y por ello intentan la movilización de su electorado, lo que al día de hoy está por ver.