25 de abril en Portugal

Nuestro amigo y admirable Patxi Andión habrá recordado con emoción el cuarenta aniversario de la ‘revolución de los claveles’ de Portugal, cuando capitanes y coroneles del ejército luso se sublevaron contra la dictadura de Marcelo Caetano abriendo la puerta de las libertades, la democracia y la justicia social. Patxi Andión, nuestro cantautor muy querido en Portugal, se unió con su compromiso democrático y con su voz a ese movimiento de la oficialía lusa y cantó con ellos en las calles y plazas lusitanas el ‘Grándola Vila Morena’, la canción de José Alfonso, que dio alas a la revolución pacífica y democrática. Un tiempo de esperanza y de ilusión que hoy, 40 años después, se recuerda con nostalgia en estos momentos de dura crisis económica y social que castiga y muy duramente a nuestros vecinos y amigos portugueses.

Y algo parecido hemos vivido en España con la muerte reciente de Adolfo Suárez, ahora que los ideales de la transición se han visto traicionados por el deterioro de la democracia y sobre todo por la enorme crisis del paro y de la corrupción que invade este país. Y que ha aumentado las desigualdades sociales y abierto un largo túnel de desesperanza para millones de habitantes de esta hoy enferma y dolida península ibérica, porque en esto de la crisis los ciudadanos de España y Portugal, tantas veces de espaldas a pesar de la proximidad y de una absurda mutua desconfianza, sí que vamos de la mano.

Mal que nos pese tenemos que decir que en estos aniversarios hay motivos suficientes para decir que el tiempo pasado fue mejor. Y que los gobernantes y representantes de entonces estuvieron a la altura de las circunstancias tanto en Madrid como en Lisboa y que la solidaridad y la responsabilidad política y democrática existió, y que las libertades alcanzaron techos que poco a poco se han ido bajando y reduciendo como hoy ocurre a uno y otro lado de esta frontera luso-española.

El aniversario del 25 de abril y la muerte de Adolfo Suárez son dos eventos que han de sacudir la conciencia de los poderosos de la política y de la economía de ambos países, pero también de las instituciones y las naciones mas importantes de la Unión Europea (empezando por Alemania), que han dado la espalda al sur de la UE e impuesto unos ajustes y sacrificios excesivos que al final siempre soportan los sectores más desfavorecidos de España y Portugal. Y en algunos casos, y aunque ello les avergüence a los gobernantes y lo oculten como vergüenza nacional, hasta límites de la indigencia y la extrema pobreza, como hace poco acreditó Cáritas en España, y como a buen seguro que pasa en Portugal.

Suena en Lisboa Grándola Vila Morena, los lusitanos salen a las calles con claveles en las manos, los entonces jóvenes militares reciben el calor y los aplausos de la ciudadanía, se abrazan y se emocionan unos y otros, como lo hemos hecho los españoles al paso del féretro de Adolfo Suárez por las calles de Madrid, donde también sonó la canción de Jarcha ‘Libertad sin ira, libertad’ en pos de la reconciliación de las Españas enfrentadas en nuestra tremenda Guerra Civil.

Y ahora ¿qué nos queda? Pues la resignación y esperar. Pero eso no puede ser así ni nuestros gobernantes y representantes se han de conformar con un horizonte de una decena de años para salir de la crisis, sino que exigimos liderazgo, audacia e imaginación para que los problemas no se aplacen y se aborden ya. Porque si eso no ocurre la distancia entre ciudadanos y la clase política se agrandará como probablemente lo veremos en los comicios en curso del Parlamento Europeo donde al día de hoy la abstención es la opción favorita, o el voto de castigo ciudadano a quienes no están a la altura, en España y en Portugal, de la dramática crisis respectiva y nacional.