Rajoy y Rubalcaba piden votos a cambio de nada

Mal empieza la campaña electoral europea del PSOE con la dimisión de diez dirigentes del PSC de Gerona por motivo del ‘derecho a decidir’, mientras los escándalos de Andalucía -los ERE y los cursos de formación- mantienen su ritmo de crucero. De ahí que desde el PP, que también tiene lo suyo en Bárcenas y Gürtel, se les pida a los socialistas que ‘no ensucien la campaña’, es decir un pacto de silencio electoral sobre la corrupción de los dos partidos. Al fondo el problema catalán, en primer plano el paro y en la trastienda la crisis institucional sobre la que Rajoy y Rubalcaba mantienen una discreta colaboración.

Es decir debate sobre Europa y la económica y el paro, pero un sonoro silencio sobre todo lo demás, a sabiendas ambos partidos que se juegan un duro castigo electoral para el PSOE y el PP que podría escenificar el deterioro imparable del modelo bipartidista que sustenta el régimen o modelo partitocrático imperante en este país. Lo que de confirmarse obligaría a cambios sustanciales en las organizaciones partidarias y en los modales de sus líderes, hoy acostumbrados a actitudes autocráticas y monopolizadoras de su inmenso poder.

Rubalcaba ha nombrado a Valenciano candidata con su dedo, y lo miso ha hecho Rajoy con Cañete. Pero Rubalcaba, al escoger así a su número dos del PSOE para la apuesta europea, ha transmitido la sensación de que los socialistas no esperan ganar y que por ello el secretario general ha querido dejar ‘colocada’ a su pupila, una vez que él se verá obligado a adelantar las elecciones primarias y a dar paso a un liderazgo nuevo en el PSOE. Un liderazgo más joven y no comprometido con las pasadas etapas del felipismo y zapaterismo en las que Rubalcaba tuvo un alto protagonismo en lo bueno y también en lo malo que fue bastante.

Rajoy está en el poder, y los malos resultados electorales en estos comicios le afectarán menos por aquello de ‘ande yo caliente y…’ No en vano siempre se dijo que el poder desgasta más al que no lo tiene y Rajoy no solo tiene el poder sino un enorme poder. Y aún le quedan dos años de legislatura por delante, en los que espera rehacer su difícil situación. Sin embargo su liderazgo autoritario, escurridizo e inmovilistas, tanto al frente del Gobierno como del PP, y su absentismo habitual de los grandes debates nacionales han hecho que su imagen y valoración esté hoy por los suelos y en posiciones nunca vistas para un jefe del poder Ejecutivo.

Pero, dicho está, eso no le inquieta a Rajoy que vive encerrado en su torre de marfil Monclovita desde donde evita toda situación de riesgo, renunciando a tomar la iniciativa en España o en Europa y quedando a la espera de que la tenue brisa de la recuperación, a la que piensa añadir una bajada de impuestos, le permita recuperar el tiempo y el apoyo perdido. Si los próximos datos del paro del mes de abril son positivos, si el BCE decide abrir su caja fuerte en mayo para que fluya el crédito y si presenta su reforma fiscal, el candidato Cañete del PP podrá presumir de cierta recuperación en la economía durante la campaña, mientras su alter ego Valenciano se limitará a decir que el grupo socialista europeo es el único que puede cambiar las políticas de ajuste de la Unión Europea, y poco más.

Sin embargo, siendo esto así va ser muy difícil que los ciudadanos se movilicen para votar en estos comicios como se lo piden ahora tanto Rubalcaba como Rajoy, dos viejos políticos con más de 30 años cada uno en altas instancias del poder. La respuesta electoral de muchos ciudadanos puede acabar en la abstención, como el mayor voto de castigo posible, mientras que otros electores se refugiarán en IU, UPyD y Ciudadanos, además de en las nuevas opciones que acuden a estas elecciones como Vox, por la derecha, y Podemos, por la izquierda. Eso es, la temida abstención está de moda y al final puede ser la respuesta ciudadana a la clase política que no se merece y que sí merece un aviso, un castigo y también una profunda renovación.