Tras Suárez, vuelve la política

Sólo un par de inoportunas alusiones del cardenal Rouco en su homilía, relativas a la crisis de Cataluña y la Guerra Civil española, empañaron la solemnidad y el respetó público del funeral de Estado celebrado en la catedral de la Almudena por el fallecido presidente Adolfo Suárez. Acto presidido por los Reyes don Juan Carlos y doña Sofía, que fueron acompañados de los Príncipes de Asturias, el Gobierno y los ex presidentes González, Aznar y Zapatero, mandatarios extranjeros y demás autoridades del Estado y presidentes autonómicos, Artur Mas entre ellos. Funeral sobrio y emotivo que cierra la despedida ciudadana de Suárez, que tanto dio que hablar en su favor, y que abre en España un nuevo tiempo político y económico.

Político porque está a punto de iniciarse la campaña electoral de las elecciones europeas, donde Rajoy tiene pendiente aún el nombramiento de la lista de candidatos del PP. Y también porque parecen apaciguarse las aguas del debate catalán con tonos más comedidos entre Madrid y Barcelona que auguran el inicio de un diálogo discreto, o secreto, entre ambas partes para después de las elecciones europeas del 25 de mayo. Y la hora de la política también para buscar un posible consenso para relanzar la economía con la necesaria mejora y fluidez del crédito y del empleo en toda España mientras, a la vez, el Gobierno aborda iniciativas urgentes contra las bolsas de la pobreza entre familias españolas, como lo denuncia Cáritas.

Naturalmente, todo esto sería más fácil si Rajoy decidiera dar un nuevo impulso a su Gobierno mediante un cambio a fondo de su actual equipo de ministros, lo que no parece factible antes de las elecciones europeas de mayo -tiene en Francia el ejemplo que acaba de dar Hollande ante el claro desgaste de su Gabinete-, lo que le obligaría al Presidente español a una reinterpretación de su mayoría absoluta buscando pactos y al PSOE a una mayor flexibilidad de sus posiciones económicas en materia de convergencia del déficit público.

Sobre todo una vez que las cuentas del déficit español del año 2013 han resultado bastante aceptables, con una desviación de sólo el 0,12 % sobre el 6,5 % fijado por la UE. Algo que incluye una sensible mejora de las cuentas del Estado por más que la desviación de los Presupuestos del Gobierno central haya sido más dolorosa que la de las Comunidades y peor que la de los Ayuntamientos que cumplieron sus objetivos. Lo que en conjunto quiere decir que en España se ha ajustado el gasto del Estado y ordenado muchas cosas en los dos pasados años, aunque queda mucho trabajo por hacer a sabiendas que serán necesarios más sacrificios para abordar el objetivo de déficit de 2014, y alcanzar cotas de crecimiento superiores al 1%, como lo vaticinan algunos analistas.

Para que esto sea así y al margen de la política española se hace también necesaria la colaboración urgente del BCE con la compra de activos financieros en la zona euro para, de esa manera, conjurar el peligro creciente de la deflación y lograr que fluya el crédito siempre y cuando los bancos y entidades financieras beneficiarios de esas nuevas y posibles medidas del BCE tengan la obligación de abrir el cerrojo del crédito y de ofrecerlo en condiciones razonables a emprendedores y empresarios.

Es, pues, la hora de la política y de los pactos por el empleo y la recuperación económica. En suma la hora del consenso del que Adolfo Suárez fue un adalid, y especialmente en la crisis del desafío catalán que esperemos encuentre en los próximos meses zonas de diálogo y de encuentro que excluya cualquier atisbo de ruptura o tensión nacional, peligros que al parecer solo atisba el cardenal Rouco en su desafortunada homilía que esperemos sea la última como Arzobispo de Madrid, una vez que se espera que el Papa Francisco aborde el relevo los antes posible por el bien de su Iglesia y de este país.