El funeral del Régimen y el golpe de Estado

Con Adolfo Suárez, y en coincidencia con los graves problemas políticos, sociales e institucionales -e incluso morales- que sufre este país se acaba también el Régimen de la transición. Y vamos a ver si todavía Suárez, en su último suspiro, no se habrá llevado consigo y simbólicamente a su ‘tumba política’ a destacados protagonistas de ese Régimen ahora que, como por arte de magia y en vísperas de su funeral de Estado por Suárez que hoy presidirá el Rey, se entreabrió la puerta que guarda los secretos del golpe de Estado del 23-F como se ve en las asombrosas declaraciones que la periodista Pilar Urbano ha hecho al diario El Mundo y en las que acusa al Rey de liderar el golpe de Estado planeado por el general Armada y al que se habría sumado Felipe González, entre otros de los protagonistas políticos de la transición.

Declaraciones explosivas de Pilar Urbano que constituyen el prólogo de su nuevo libró que saldrá este jueves bajo el título de ‘La gran desmemoria. Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar’. Una denuncia de envergadura, sobre la que se espera una declaración oficial del palacio de la Zarzuela -y del propio Felipe González-, que ve la luz horas antes del funeral de Estado de Adolfo Suárez a quien la periodista presenta como el defensor de la democracia y de la legalidad frente al furor de los generales golpistas y sus cómplices en la más altas esferas del poder y los primeros partidos políticos de ese tiempo. En cuanto al golpe de Estado, que ni el tribunal militar del golpe ni el Parlamento de esos años investigaron lo más sencillo y clarificador sería acabar con el secreto impuesto sobre todos los documentos y las actas judiciales de ese acontecimiento histórico y esencial. ¿Por qué no se levanta el velo? Los que pueden hacerlo callan y lo impiden por miedo a la verdad.

En todo caso de todo esto se deduce que la muerte de Suárez puede tener algunas consecuencias mayores de las esperadas por causa del clamor popular, reclamando la figura del expresidente del Gobierno, lo que ha tenido gran impacto en el conjunto de la sociedad española y se ha convertido en punto de referencia y de comparación con la actual clase política ante la falta de audacia y consenso nacional que serían necesarios para abordar los actuales y graves desafíos de España, frente a los que no se divisa una acción común por el mal entendido uso de la mayoría absoluta por parte del PP y por la acción poco conciliadora de la oposición del PSOE.

Dos partidos cada vez mas enfrentados entre sí con vistas al largo periodo electoral que se inicia a finales de mayo en los comicios europeos, que cotizan a la baja en los sondeos electorales camino de reducir el modelo bipartidista de los próximos años, y que han sido protagonistas de llamativos casos de corrupción, al igual que ha pasado con CiU. El partido nacionalista y conservador catalán que, para colmo, ha osado desafiar al Estado con la convocatoria de una demencial consulta para la independencia de Cataluña.

Un desafío este que se ha convertido en problema añadido para España a la vez que en una excusa providencial para que el PP y PSOE eviten plantearse el cambio de Régimen mediante una reforma democrática de la Constitución, en pos de una segunda y definitiva transición. La que seguramente liderarán otros políticos ajenos a esta etapa final de la transición, quizás bajo el reinado del Príncipe Felipe y a no más tardar.

Hacen falta otros protagonistas una vez que Rajoy y Rubalcaba, lejos de abordar la reforma, intentan reconducir la situación con el objetivo de mantener los privilegios y hegemonía del bipartidismo vigente y el actual modelo partitocrático español, donde no existe separación de poderes ni controles democráticos, mientras que los aparatos de los grandes partidos controlan la soberanía nacional (que no reside en el Parlamento), estos aparatos partidarios son los fabricantes de las listas electorales cerradas de las que manan unos diputados sumisos que no responden ante la ciudadanía que los eligió sino ante el jefe de filas que los seleccionó.

Lo menos que hay que pedir a la muerte de Suárez es que se haga un diagnóstico realista de la situación española, que se abra un debate constituyente -como el que no hubo en el inicio de la transición- y se aborde un periodo reformista constitucional en pos de una verdadera democracia. Y todo ello mientras se lucha, con sensibilidad social y consenso, contra la crisis económica y el deterioro social e institucional.