La maquiavélica estrategia de Rubalcaba

El debate sobre ‘el estado de la nación’ que se celebra en esta semana es el preámbulo de las elecciones europeas del mes de mayo, y también el principio de la última cabalgada del líder de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba. Quien espera derrotar al PP en esa cita europea -con el paro, el aborto y la corrupción como palancas electorales- que espera convertirla en su trampolín para subirse a las primarias del PSOE con la intención de permanecer al frente de este partido tanto en la secretaría general como en la cabecera del cartel socialista de las elecciones generales de 2015.

Este viejo zorro de la política está jugando con varias barajas a la vez y está llevando a cabo una maquiavélica maniobra: pretende derrotar al PP en mayo, pero hace pactos secretos con Rajoy; habla de federalismo sólo para salvar su relación con el PSC; y prohíbe hablar de primarias en su partido hasta que él se pueda presentar como candidato.

Y por ahora las cosas no l van nada mal porque la encuesta que publicó este pasado domingo el diario El País sobre las próximas elecciones europeas anuncia la victoria del PSOE sobre el PP y otorga a los socialistas 18 escaños en el Parlamento Europeo, 16 al PP, 9 para IU, 5 a UPyD, 3 a los nacionalistas conservadores, 2 para los nacionalistas de la izquierda y 1 para Ciudadanos. La distancia de los dos grandes partidos nacionales no es amplia (28, 1 % PSOE y 26,3 % para el PP), pero ya anuncia el desplome de ambos y el final del ‘bipartidismo’ español como lo anunciaban otros sondeos. Lo que preconiza para 2015 un escaso reparto de escaños en el Congreso de los Diputados para PSOE y PP lo que impedirá alianzas ideológicamente razonables y abrirá la puerta a la gran coalición PSOE-PP, el sueño que a Rubalcaba le gustaría presidir.

Ya sabemos que es demasiado pronto para hablar del horizonte político de 2015 y que la cita previa son los comicios europeos. Pero todo está relacionado y ello explica los nervios que se viven en el palacio de la Moncloa y las crecientes luchas de poder en el seno del PP, así como el intento de Rubalcaba de mantenerse en el poder del PSOE e incluso presentarse a las primarias, si logra la victoria electoral sobre el PP en la cita europea del 25 de mayo.

Eso explica ‘la ley del silencio’ que Rubalcaba ha impuesto a los candidatos socialistas a las primarias -Madina, López, Chacón, etc.-, y que sorprendentemente ha sido acatada por todos ellos, lo que no deja ser extraño en un país que se dice democrático. A la vez Rubalcaba ha establecido unos importantes y secretos pactos con Rajoy para repartirse la Justicia, proteger a la Corona, evitar choques sobre la corrupción (con la ayuda de la fiscalía) y puede que incluso para silenciar a medios y periodistas que molestan a ambas formaciones y favorecen el fin del bipartidismo.

Asimismo Rubalcaba ha renunciado a liderar la protesta social ciudadana en la calle, donde otras minorías de la izquierda ocupan ese espacio, y se presenta como un moderado mediador frente a la crisis política catalana con su indescifrable proyecto federal que sobre todo está dirigido a frenar la ruptura del PSOE con el PSC, de manera especial antes de los comicios europeos que sin duda son la última oportunidad de Rubalcaba para seguir en política, mientras en su partido no se mueve un gato. Solo Susana Díaz se envalentonó tras conseguir la presidencia de la Junta andaluza pero Rubalcaba ya la ha domesticado obligándola a tragarse el apoyo del PSC al derecho de autodeterminación y ya está.

Y ahora Rubalcaba, subido en la ola preelectoral que le da una ligera ventaja sobre el PP, intentará por un lado consolidar su liderazgo y poder al frente del PSOE exhibiendo su locuacidad en el debate sobre ‘el estado de la nación’ frente al machacón y tenaz discurso de Rajoy sobre la recuperación económica y la bajada de los impuestos que pronto anunciará el presidente del Gobierno y del PP. Y ya veremos si levantando además la bandera española frente al nacionalismo catalán, una cuestión hoy crucial sobre la que Rajoy y Rubalcaba -que a menudo hablan de ello en secreto- no dicen en público la verdad de lo que piensan y lo que traman en la oscuridad.