Sánchez Galán dice la verdad

Dice Jaime Peñafiel, doliéndose de España, que le gustaría ser gibraltareño, ‘llanito’, es decir ciudadano británico, y comprendo su impulso y su española decepción. Además es cierto que el único lugar de la península ibérica donde existe la democracia es en la Roca de Gibraltar. No en vano ‘en este país’ -que diría Fígaro- la democracia brilla por su ausencia en beneficio de una autocracia rampante, mientras mengua la libertad de expresión en el solo beneficio del poder. Miente el Gobierno, el Director General de la Guardia Civil y los mandos ‘beneméritos’ que redactaron el informe sobre la brutal represión a inmigrantes que nadaban para salvar su vida y llegar a la playa de Ceuta, mientras les disparaban con pelotas de goma, y quien denuncia semejante tropelía, que nos avergüenza como españoles, se le llama enemigo de España y de la Guardia Civil.

Y afirma diciendo la verdad el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, que su compañía es cada vez menos española y más británica, estadounidense y mejicana (lo mismo que vino a decir Paco González de BBVA), como verdadero es que en el ámbito energético (especialmente en las energías renovables) se ha violentado la seguridad jurídica con decisiones de impacto retroactivo. Y acto seguido la Moncloa se enfurece y manda a Iberdrola un ‘obús’ informativo a través del diario El Mundo (el antes doberman del caso Bárcenas y del caso Nóos de Pedro J. contra Rajoy, y ahora convertido en el dulce caniche Monclovita de Casimiro) acusando a Sánchez Galán de: dañar la imagen de España, mentir y ofrecer una imagen falsa de la economía española. Llegando el diario converso a interpretar que el Presidente de Iberdrola presentó a España ‘como un país bananero’, y a comparar sus palabras con el ‘España nos roba’ del independentismo catalán, lo que es una indecente manipulación y premeditada carnaza distribuida por la Moncloa para los tertulianos lenguaraces colocados en las emisoras por ese mismo poder.

Que Sánchez Galán diga, ante sus accionistas, que Iberdrola reforzará sus inversiones ‘en países que ofrezcan marcos regulatorios más seguros, estables y con perspectivas de crecimiento’ no sólo está bien dicho sino que esa es su obligación empresarial. En la que también ha incluido el anuncio de la inversión de 1.440 millones de euros en España para los próximos años. Y a no perder de vista que Iberdrola invirtió en España en los últimos 10 años ¡22.000 millones de euros! y que pagan cada año en impuestos la cifra de 3.200 millones de euros, a los que hay que añadir sus inversiones de más de 150 millones de euros en I+D+I. Cifras todas ellas que revelan el alto compromiso de Iberdrola con nuestro país. Lo que no puede ser, y ese es el gran fracaso del ministro de Industria, José Manuel Soria, es que en un país como España, que permite una producción y distribución barata de energía eléctrica, la luz tenga un precio desorbitado por causa de los gigantescos impuestos que le carga el Gobierno al conjunto de los españoles. Lo que nos lleva a pensar que Soria se ha buscado un adversario con el que cubrir su incompetencia y la insaciable recaudación impositiva de su compañero de Gabinete Cristóbal Montoro.

O sea, ya estamos otra vez con el viejo truco de ‘matar’ o demonizar al mensajero, sea empresario, periodista o un político de la oposición, poniendo ¡a España! por testigo y como escudo de los errores y desafueros de la acción gubernamental. Ya sabemos que Sánchez Galán tiene su propio y directo estilo (que le pregunten a Florentino Pérez), pero de ser enemigo de España no se le puede acusar, ni existe contradicción en defender la ‘Marca España’ y al mismo tiempo los intereses y a los accionistas de su empresa. Buena prueba de todo ello la dio ayer Sánchez Galán al reunirse, en compañía de otros grandes empresarios españoles César Alierta y Pablo Isla con Angela Merkel y François Hollande.

Al fondo de todo esto está la falta de liderazgo de Rajoy que el presidente del Gobierno pretende compensar con ciertos golpes ciegos de autoridad -que le pregunten a esa alma en pena que se llama Cospedal-, y la falta de iniciativa de un Gobierno que huye de los problemas (el catalán incluido) y de las grandes reformas pendientes del país -de las Administraciones del Estado y de sectores estructurales como el energético- y espera que el tiempo, la UE y Angela Merkel le arreglen todo lo demás. Pero al margen de todo esto, nos preocupa y mucho los modales y artes ocultas e inconfesables que se utilizan desde los canales de propaganda del poder para tapar sus errores y echar sus culpas sobre las espaldas de los demás.