De Ucrania a Venezuela

¿Qué hace y dice la diplomacia española ante los conflictos hoy crecientes en Ucrania y Venezuela que, aunque parecen lejanos, afectan a nuestro país? No se sabe porque el Gobierno no dice nada y está de perfil, y por lo que se ve, demasiado ocupado con otras cuestiones de la política nacional, aunque España no debería ausentarse de estos escenarios en los que se están poniendo en riesgo la estabilidad de importantes áreas de los continentes del este europeo y latinoamericano.

La cifra de 26 muertos y más de 200 heridos en Ucrania, como consecuencia de los enfrentamientos de las fuerzas del Gobierno de Kiev con los manifestantes de la oposición que le exigen el cambio de régimen, ya han merecido la calificación de hechos ‘intolerables e inadmisibles’ por parte del presidente de Francia, François Hollande, y de la Canciller alemana Angela Merkel, que se encontraban reunidos ayer en París. Y que de esa manera han expresado el sentir y la preocupación de la Unión Europea ante hechos que parecen convertirse en el preámbulo de una guerra civil de imprevisibles consecuencias en el Este de Europa y bajo la atenta mirada y el control del presidente ruso Vladimir Putin.

Por otra parte en Venezuela se ha incrementado la tensión social y política con motivo de otros enfrentamientos entre el gobierno de Maduro y las fuerzas de la oposición tras la detención de su líder Leopoldo López.

Enfrentamientos que han producido tres muertos y numerosos heridos y que están desatando nuevas protestas, así como medidas represivas y más recortes de las libertades por parte del gobierno de Maduro a quien parece írsele de las manos la nueva y candente situación. Si añadimos la repercusión de todo ello en los EE.UU., donde el senador John McCain ha pedido al presidente Obama la intervención militar en Venezuela, veremos que la crisis de este país empieza a alcanzar cotas alarmantes de ámbito ‘regional’.

Problemas de envergadura que preocupan e interesan en España, como país amigo del pueblo venezolano y como país inversor en esas latitudes, donde a la inestabilidad se le une el deterioro social y problemas de seguridad y abastecimiento de alimentos para el conjunto de la población, amén del recorte de libertades públicas como las que afectan a los medios de comunicación.

Estamos pues ante dos conflictos que preocupan a España. El de Ucrania, por ajeno que nos parezca, porque una guerra abierta en ese país -y no digamos si se produjera una intervención de Rusia- pondría en peligro la estabilidad política y económica del Este de Europa e incluso la propia estabilidad económica de la UE, porque no en vano por Ucrania pasan los gaseoductos que transportan el gas ruso hacia los países de la UE. Y no está la Unión Europea para soportar un problema de semejante envergadura cuando se afana en salir de la crisis económica, financiera y social en la que estamos inmersos.

En cuanto a Venezuela vamos a esperar a ver si se reconducen los acontecimientos porque de lo contrario también en España se hará sentir esta crisis, en lo político y económico por la presencia en el país de importantes empresas e inversiones españolas, sabiendo como sabemos que un conflicto en esas latitudes podría afectar a otros países progresistas aliados del Gobierno de Caracas.

De manera que mucho cuidado con Ucrania y Venezuela no vaya a ser que en ambas situaciones se pierdan los controles camino de situaciones muy graves por causa de enfrentamientos en los que las pérdidas de vidas humanas podrían provocar una escalada que más adelante podría ser imposible de controlar.