La ‘estabilidad’ es la nueva razón de Estado

El fin -España necesita estabilidad política para salir de la crisis- justifica los medios. Éste es el mensaje y argumento en el que se basa o ampara la acción del presidente Rajoy y de su Gobierno. Y el que marcará el debate sobre el estado de la nación, la crisis de su Gabinete que está al caer, y la de su partido que está a la vista y desde donde una marginada Cospedal dice que ella no entra ‘en intrigas’. Y estabilidad, más firmeza, es la palanca y la respuesta oficial frente al continuo desafío catalán y la nuevas pretensiones de ETA, y lo que justifica el control creciente de los medios de comunicación y la tensión que se genera frente al problema hoy candente de la inmigración empeorado tras los graves incidentes de Ceuta.

Estabilidad y razón de estado empiezan a ser la misma cosa y dan pie al uso discrecional del poder y de la fuerza del Gobierno, bien a través de la fiscalía, o de las fuerzas de seguridad e información del Estado, bien a través de los medios de comunicación públicos y privados que el Gobierno tiene a su alcance que son casi todos.

Y claro, según su subjetiva opinión, la estabilidad comienza por la presidencia del Gobierno y el conjunto de su Gabinete, y sigue por la Corona, la unidad de España y la convergencia fiscal con la UE, como cuestiones prioritarias sobre todo lo demás. Y nada ni nadie se ha de interponer en ese ‘caminar estable’ que produce ‘la confianza’ necesaria para que los mercados favorezcan la mejora la economía del país y el sostén de nuestra deuda (del 94% del PIB) lo que ha de llevarnos a la tabla de salvación del crecimiento y el empleo según la hoja de ruta y el discurso del Gobierno.

El que marca de manera personal y autocrática Rajoy, tanto en su Gabinete como en su partido, como ha quedado claro en todas y cada una de sus últimas actuaciones, en las que se ha incluido un pulso abierto a los editores y periodistas de los grandes medios de comunicación, como se ha visto en los relevos ocurridos en torno a los directores de los diario La Vanguardia y El Mundo, y el que ya está en ciernes del diario El País. Todo esto en aras de la idílica estabilidad, en la que colabora con notable entusiasmo la fiscalía del Estado para proteger a partidos e instituciones en los llamados embates de la corrupción. Y todo ello, justo es decirlo, con la plena aquiescencia del PSOE, que también está subido en la pomada de la ‘estabilidad’. Lo que si duda les beneficia a los socialistas frente al resurgir de partidos minoritarios que podrían poner en peligro el vigente ‘bipartidismo’ español que es la fuente suprema de toda estabilidad política, económica e institucional de ¡España!

La pregunta que surge ante tanta certeza es si existe otra manera de hacer las cosas para recuperar la estabilidad, la economía y el dañado Estado del Bienestar, sin recorte de libertades y garantías democráticas. Puede que sí, pero el Gobierno insiste en su línea a la vez que añade como elemento complementario de la anunciada estabilidad: la escasez de tiempo para alcanzar los objetivos de la anunciada mejora global del país.

El mensaje complementario es: No queda tiempo. Hay que actuar, dicen los poderes constituidos y los fácticos convencidos de la necesaria urgencia de las decisiones, por drásticas que sean, para alcanzar pronto un tiempo de crecimiento y prosperidad. Y ¿qué piensan los ciudadanos sobre todo ello? Pues las encuestas de opinión dicen que no están de acuerdo con semejante discurso y actuación política, pero falta por ver lo que harán los ciudadanos cuando llegue la hora de votar. Los comicios europeos del mes de mayo serán una excelente oportunidad. Y entonces veremos qué opinan los españoles sobre el discurso imperativo de la famosa estabilidad.