Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com

Caso Infanta: Inculpación, renuncia y abdicación

El poder político, a través de la fiscalía, está empeñado en cerrar en pocos días la instrucción del caso Nóos y especialmente en lo que se refiere a la Infanta Cristina. Esta premura no tendrá lugar porque el juez, por más que empuje el fiscal, se tomará su tiempo antes de decidir si archiva el apartado de la Infanta o si la inculpa camino del juicio oral. Lo que provocaría un mayor revuelo que pondría en dificultad el lógico recurso al Tribunal Provincial de Palma de Mallorca que es donde, en caso de inculpación de la hija del Rey, el poder político intentaría el definitivo archivo de esta pieza de la causa.

De ahí que las urgencias políticas y palaciegas no tendrán una respuesta inmediata. Sobre todo porque en caso de inculpación de doña Cristina no encontraremos con un auto del juez Castro tan amplio o más que el de su segunda imputación -que fue de mas de 200 folios- porque Castro sabe cómo las gasta el fiscal y teme el cortafuegos de la Audiencia Provincial que, en el caso de actuar a favor de la Infanta, abriría un escándalo nacional mediático y social de enormes dimensiones. Inculpación de la Infanta que no hay que descartar porque a medida que se van conociendo todos los detalles del interrogatorio parece claro que doña Cristina no ha dicho la verdad al juez en cuestiones flagrantes y documentadas, a lo que hay que añadir su confesión de que en 2006 se enteró que el Rey le había pedido a su esposo Urdangarin de que abandonara el Instituto Nóos.

Una confesión que hace que sus actuaciones posteriores a 2006 -por las que está imputada doña Cristina- las hizo a sabiendas de que lo que pasaba en Nóos y Aizoon no estaba bien, era irregular o ilegal. De lo contrario el Rey no habría pedido a Urdangarin que dejara ese negocio, cosa que no hizo el Duque de Palma. De ahí que la situación procesal de la Infanta ahora pueda ser peor que antes de su declaración ante el juez.

Una situación alarmante y esperada que ha reabierto un doble debate: la posible abdicación del Rey a favor del Príncipe Felipe -como lo solicitaba el historiador Santos Juliá en el diario El País no hace mucho-, e incluso la renuncia de la Infanta a sus derechos dinásticos y del trono, así como al título de Duquesa de Palma, como lo han solicitado en distintos momentos los diarios ABC y El Mundo. A sabiendas todo el mundo que, pase lo que pase con la decisión del juez Castro, la crisis de la Infanta ha dejado muy tocado el prestigio del Rey Juan Carlos -también afectado por el caso de la princesa Corinna y la cacería de Botsuana- y el de la Monarquía.

Naturalmente, todas estas posibles decisiones, sin duda cruciales, no se van a adelantar a la decisión del juez Castro, porque en ese caso se podrían interpretar como reconocimiento de culpabilidad por parte de la Infanta ante de que se pronuncie el magistrado. De todos modos ya sabemos que el fiscal Horrach, cuya actuación en el proceso ha sido lamentable, pretende pedir en su informe de conclusiones preliminares entre 7 y 20 años de cárcel para los dos máximos responsables del caso Iñaki Urdangarin y Diego Torres. Una petición dura con la que el fiscal espera recuperar en algo su posición acusatoria y facilitar la no inculpación de la Infanta.

Veremos qué ocurre y qué hace el juez Castro pero de momento ya tenemos como una cuestión previa el caso del vídeo obtenido sin permiso de la declaración de la Infanta ante el juez. Un vídeo cuya autoría se está investigando, una vez que el magistrado había prohibido cualquier tipo de grabación o fotografía del acto, tal y como lo habían solicitado los abogados de doña Cristina, y lo que de momento les ha salido a todos muy mal porque esa grabación ha dado la vuelta al mundo. De manera que con tanto secretismo lo que se ha logrado ha sido la máxima difusión de este escándalo en España y en el extranjero.

Estamos pues en un momento crucial ante el que el Gobierno y el palacio de la Zarzuela pretenden aparentar normalidad con el viaje del Rey a Portugal en plena tormenta española. Sin duda un viaje también prematuro porque no parece que el monarca esté ya recuperado de su última operación. Pero un viaje que demuestra la impaciencia de la Casa del Rey por alejar de su actividad todo lo relativo al caso de la Infanta -la que cenó en Zarzuela tras su declaración- que a pesar del optimismo oficial parece muy lejos que se pueda acabar.

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