Mas desprecia el discurso del Rey

Frente al secesionismo catalán, ya no es tiempo de discursos sino de pasar a la acción y de imponer la legalidad sin complejos ni dilación. De ahí que el discurso del Rey de Navidad no haya servido para nada frente al independentismo de Cataluña. En todo caso suele ser habitual con motivo de los discursos navideños del Rey de España, que los políticos y los analistas hagan interpretaciones distintas y a veces contradictorias sobre el alcance y contenido del discurso del monarca. La ambigüedad calculada de algunas de sus afirmaciones permiten las distintas versiones interpretativas que cada uno escoge desde su óptica política y sus intereses. Pero hay afirmaciones del Rey, en el discurso de esta Nochebuena como el ‘orden constitucional’ y la necesidad de hacer cumplir la ley y la Constitución que no deben de pasar desapercibidas y que conviene subrayar, como hay que destacar la frase del monarca sobre su compromiso de permanencia en la jefatura del Estado, lo que sirve para acallar las especulaciones sobre su posible abdicación.

Sin embargo, la respuesta o interpretación mas esperada al discurso del monarca, la del presidente de la Genralitat, Artur Mas, ha sido la del rechazo a toda alusión al orden constitucional y al Estado de Derecho, porque Mas se ha dedicado a pedir ‘libertad’ para Cataluña, como si ese país fuera un territorio oprimido. De lo que se deduce que todos ellos llamamientos del monarca a la convivencia y el diálogo no solo no sirven para nada sino que diluyen el mensaje de firmeza y autoridad que parecía atisbarse en las palabras del Rey.

Por ello se puede afirmar que el Rey Juan Carlos ha querido decir, frente al desafío independentista catalán, que en su ‘determinación’ de continuar en el cargo y de no abdicar se incluye su compromiso de hacer cumplir ‘el orden constitucional’. Añadiendo el monarca que el Estado de Derecho debe hacer que se cumplan en España la Constitución y las leyes. Pero desde Barcelona ya le han dicho que el orden constitucional’ a los nacionalistas les importa un pimiento. Aunque otros observadores, como los del flanco socialista de la política, ponen inútilmnte el acento en las palabras relativas al diálogo y la necesidad de renovar los ‘acuerdos de convivencia’ en alusión a sus pretensiones de reforma federalista de la Constitución.

Sin embargo, nosotros querríamos ver una doble advertencia que debería afectar no sólo a la Generalitat de Cataluña, que preside Artur Mas camino de la autodeterminación para la independencia, sino que también obliga al Gobierno de España que preside Mariano Rajoy. Porque esta claro que en Cataluña ya se ha desbordado el marco Constitucional y no se cumple la legalidad. Se aprecia en el incumplimiento reiterado de las sentencias de los Tribunales Constitucional y Supremo que obligan a la enseñanza en castellano y del castellano. Lo que ocurre sin que el Ejecutivo de Rajoy actúe con la contundencia y celeridad que le exige la legalidad.

El Rey, con su discurso de doble lectura, pretende haber cumplido con su responsabilidad constitucional en su alocución de Nochebuena a pesar que esta cita con los españoles no era fácil por causa de los muchos problemas por los que atraviesa España (y la Corona). Y, de especial manera, frente al disparate secesionista catalán de Artur Más quien aprovechó el inmovilismo de Rajoy y la ambigüedad de Rubalcaba ante la ilegal posición del PSC favorable a la autodeterminación, para traspasar todas las líneas rojas de la legalidad mientras se encamina hacia la confrontación y la ruptura de España. Y si no fuera cierto que de la alusión del Rey al orden constitucional y al cumplimiento de la ley se desprenden estas dos advertencias, entonces mal irán las cosas y el monarca habría perdió una excelente oportunidad.

El Rey, pues, ha cumplido directa o indirectamente con su mandato constitucional -como Jefe del Estado y de las Fuerzas Armadas- y ahora hace falta que lo cumpla el presidente Rajoy, el Parlamento y las fuerzas democráticas y constitucionalistas, como lo ha pedido el Rey.Y el mismo mensaje afecta de manera frontal a la Generalitat y a CiU, ERC, ICV y CUP como los promotores que son de una ‘consulta’ ilegal de autodeterminación para la independencia de Cataluña, para lo que están utilizando los fondos públicos del Estado español, lo que constituye el delito añadido de malversación.

El rey se ha solidarizado con todos los colectivos que sufren la crisis y también con las víctimas del terrorismo que soportan la afrenta del anunciado final de la doctrina Parot que ha permitido la excarcelación de muchos terroristas. Y ha sido prudente el monarca al hacerse eco de las expectativas de mejoras económicas, que anuncia el gobierno al decir que mientras no existan oportunidades para los parados no se podrá hablar de una clara recuperación.

Y tampoco ha eludido el Rey los problemas de la corrupción aunque ahí pasó ligero sobre las ascuas al pedir ejemplaridad a políticos y gobernantes, en vez de pedir dimisiones y que se asuman las responsabilidades políticas de cada caso, sin uso y abuso del control de la fiscalía del Estado y del Poder Judicial. La continua protección de la Infanta Cristina por el Gobierno, la fiscalía y la larga mano del Poder Judicial, le restan credibilidad a estas palabras del monarca, así como al nuevo compromiso de la Corona con ‘la ejemplaridad y la transparencia’.

Es decir una de arena en favor de la unidad de España, y una de cal para pasar de puntillas sobre la corrupción, y por causa de una alusión del Rey que parece contraria a que se reformé la Constitución de 1978. Porque esa reforma, en lo que se refiere al vigente ‘sistema democrático’ del que el Rey hizo un elogio tan desmedido como ahora injustificado, bien merece un impulso y en profundidad. No en vano muchos de los problemas actuales de España vienen de las carencias del modelo partitocrático español, ajeno a las grandes democracias de nuestro entornó europeo y Occidental. De ahí que las someras alusiones del Rey a las reformas nos parezcan insuficientes porque se corre el riesgo de que todo quede como está.