Difícil discurso del Rey en Nochebuena

Estamos a la espera del difícil discurso del Rey Juan Carlos I con motivo de la Navidad y de los detalles de la que será su aparición en el palacio de la Zarzuela -con o sin muletas, con la decoración de un Belén, o la foto del Príncipe, etc.-, porque las palabras y los entornos son importantes dado que revelan un estado de ánimo y el contexto de la situación nacional.

El Rey hablará a buen seguro de la unidad de España, en clara alusión al desafío secesionista lanzado desde la Generalitat de Cataluña. Pero falta por ver si hará alarde de una cierta firmeza o si, por el contrario, optará por la conciliación en este tiempo en el que los nacionalistas independentistas ya han pasado el Rubicón de la unidad nacional, y donde el Gobierno de España aún o ha tomado medida alguna que ponga freno a un proceso que está en marcha, desbordando la ley y la Constitución.

Esperamos también un discurso optimista del monarca diciendo que lo peor de la crisis ya ha pasado y que 2014 será el año de la recuperación económica y social. Y por supuesto no faltarán sus palabras de ánimo a los parados y los que padecen en sus familias y hogares la inclemencia de la crisis. Como puede que el Rey se extienda sobre el dolor de las víctimas del terrorismo ante la que ha sido masiva excarcelación de etarras (y otros delincuentes) al suspenderse la aplicación de la doctrina Parot. Como merecerían alguna alusión las víctimas de la violencia de género.

Sin embargo otro gran capítulo de la delincuencia española, el de la corrupción que afecta a gobernantes y dirigentes políticos y que daña el prestigio de las instituciones, no parece que vaya a ocupar un lugar muy destacado en el discurso del Rey. Entre otras cosas porque, tras el caso de la mansión ‘oficial’ de Corinna y una vez visto lo que ocurre con la Infanta Cristina, mucho nos tememos que el monarca no se atreverá a repetir lo de ahora hace dos años cuando afirmó que los españoles (salvo él, que es ‘inviolable’ y la infanta Cristina, en consecuencia) somos iguales ante la ley.

Del deterioro democrático e institucional (partidos y sindicatos incluidos) o de esperadas reformas de la Constitución que están pendientes y las que afectan a la Corona no se espera alusión alguna. Y mucho menos sorprenderá el Rey a los españoles anunciando su abdicación en favor del Príncipe Felipe, cuestión que ha estado en muchos debates a lo largo de los últimos meses y con motivo, entre otras cosas, de su estado de salud. Más bien al contrario el Rey nos dirá que está mucho mejor y con más ganas que nunca para continuar al frente de la Jefatura del Estado. De manera que los partidarios de la abdicación del Rey y la llegada del Príncipe de Asturias deberán conformarse con la larga espera que tienen por delante.

Sin embargo los ‘escribas’ del discurso deberán de andarse con mucho ojo y con tiento porque el prestigio de la Corona sufrió en este año que termina un deterioro importante. Por lo que tanto el Rey como la Familia Real, el Gobierno y el primer partido de la oposición deben de andarse con pies de plomo ante esta cita del monarca con el conjunto de la sociedad. Ya sabemos que en estos casos no se suelen correr riesgos pero no conviene olvidar que los silencios premeditados lejos de evitar los problemas los pueden aumentar. Sobre todo cuando los niveles de desesperanza y de la indignación de gran parte de la ciudadanía están en cotas tan altas y tan difíciles de enmendar.