El aborto: crecen las políticas separadoras

Cuando parecía que llegaban buenas noticias de Europa sobre la Unión Bancaria, la Europa de la Defensa y el fin de exclusiones en la UE a ciudadanos de Perú y Colombia gracias a la iniciativa  de España en la UE; y cuando más falta hace la unidad de los españoles para salir de la crisis económica y el paro, de pronto reaparece la fractura social e ideológica de España, esta vez con motivo de la absurdamente endurecida Ley del Aborto, dejando a España con Irlanda como únicos países de nuestro entorno europeo que no tienen una ‘ley de plazos’, como ocurre en Francia, Alemania, Inglaterra e Italia incluso con gobiernos conservadores, y cuando el Papa Francisco ha declarado que hay que obviar todas estas polémicas. Algo de lo que buena culpa tienen el presidente Rajoy y su Gobierno -con la especial colaboración de los ministros Montoro, Wert, Gallardón y Fernández- que han usado la mayoría absoluta parlamentaria  para imponer reformas que no arreglan nada, que separan a los españoles y que, en muchos casos, suponen una involución en la vida democrática del país y en el recorte de libertades y derechos civiles que parecían consolidados.

Lo peor de estas políticas ultraconservadoras es que no van a durar en el ordenamiento jurídico español porque el que será en 2015 futuro nuevo Gobierno de España obligará a rectificar estas inútiles políticas separadoras. Las que por otra parte les sirven al PP como ‘carnaza’ para su electorado más conservador -que son convencidos inalterables- pero les quitarán los codiciados y decisivos votos del centro político y con ello la pérdida segura de la mayoría absoluta e incluso de la victoria electoral.

Y todo esto por dos motivos esenciales: porque el talante de Rajoy es autoritario y no admite críticas, pactos ni consensos; y porque el Gobierno y el PP se han creído que las mayorías absolutas son eternas. Lo que demostrado está que no es cierto y menos aún en plena crisis económica, por más que el Gobierno confíe en que su discurso del optimismo y la recuperación les dará la victoria, lo que no será nada fácil porque chocará con la realidad económica y social de las clases medias y los ciudadanos de a píe.

Lo importante, en nuestras circunstancias por encima de discursos ideológicos es la unidad nacional de los españoles frente a los grandes problemas del país, y no solo frente al secesionismo de los nacionalistas catalanes que es una cuestión a parte en la que si hay consenso entre las fuerzas constitucionalistas españolas. Pero en lo demás el desencuentro es absoluto y abundará en la división de los españoles frente al admirable caso de Alemania, nación que no sufre los graves problemas de España y que acaba de sellar bajo el liderazgo de Merkel una nueva gran coalición de Gobierno con la SPD y un reparto equitativo de las carteras ministeriales.

Un gran pacto nacional que en España es imposible por la ceguera y la soberbia de Rajoy. Lo acabamos de ver en la nueva ley del aborto, que tampoco servirá para nada porque los abortos van a seguir como hasta ahora, y lo único que se conseguirá son mas sufrimientos para las madres abortistas, en tan doloroso trance. Y en otras reformas claves de la Justicia y el Código Penal, o en la Educación, la Sanidad, la Economía, en la normativa laboral y en derechos esenciales como son los de manifestación y reunión, y a no perder de vista los recortes relativos a la libertad de expresión.

En España no hay sitio para un pacto nacional como tampoco se vislumbra la necesaria reforma constitucional para mejoras de la vida democrática, porque tampoco hay una mínima base para el acuerdo. Curiosamente donde sí parece haber entendimiento, de un tiempo a esta parte, entre el PSOE y el PP es para silenciar o tapar la corrupción por la cuenta que les trae a los unos y a los otros, mientras los escándalos variados no cesan de crecer.

Ceguera lamentable la del Rajoy y del PP que por contentar a sus más conservadores instintos y favorecer al electorado más seguro de su flanco derecho, lo más probable es que dentro de dos años pierdan el poder. Sobre todo si el PSOE hace su renovación en el liderazgo del partido y UPyD y Ciudadanos mantienen su ritmo de progreso en las encuestas electorales, que tendrán su prueba de fuego en los comicios europeos de junio de 2014. ¿Involución en la vida democrática y reformas ideológicas/conservadoras que apenas van a durar más de dos años, para que además el PP pierda las elecciones?

Pues, por lo que parece, ese es el plan de Rajoy, el que por otra parte impide mientras tanto  un gran pacto nacional. El presidente Rajoy cree que todavía se puede recuperar con la mejora de la economía y su nueva intransigencia y aparente firmeza ante el desafío secesionista catalán lo que le permitiría remontar todos los obstáculos de cara a los comicios de 2015, renunciando desde ahora a cualquier acuerdo nacional y convencido de que la lentitud de la Justicia en los casos de corrupción impedirá que los muchos escándalos del PP no tengan un efecto demoledor. Aunque en esto de la corrupción y la Justicia nunca se sabe, por más que la aplicación de la ley suele ser lenta y que las sentencias lleguen para después de las elecciones generales de 2015 (¿cuantos años llevamos con Gürtel). Sin embargo también es posible que los jueces pongan en marcha una dura y flagrante acusación que llegara incluso hasta las puertas del despacho de Rajoy. Y en ese caso se derrumbaría con estruendo el castillo de naipes de Rajoy y sus reformas ideológicas y separadoras de la nación.