Siete dimisiones y ¡vista a la izquierda!

Lleva razón Joaquín Sabina cuando, en referencia a las noticias ‘apestosas’ de corrupción, dice que ‘España le produce vómitos’.Noticias que no cesan a derecha y a izquierda y ante las que nadie se mueve en el Gobierno, la Fiscalía, el Parlamento y los partidos nacionales PSOE y PP, amén de los nacionalistas de CiU que no les andan a la zaga. Por mucho menos de lo que ya se conoce de estos casos de corrupción habrían dimitido en los grandes países europeos de nuestro entorno todos los políticos afectados. Pero en España nunca pasa nada, y lo que es peor crece la sospecha de un pacto del PSOE con el PP para tapar lo que se pueda, dejando de lado a la Fiscalía, a la intemperie los jueces y en evidencia a los gobernantes, representantes y dirigentes políticos que se escudan en el ‘sub iudice’ convencidos que la Justicia -ahora controlada como nunca- camina a paso de tortuga y sin medios para actuar y que el tiempo juega a favor de los delincuentes o responsables de estos desafueros que han provocado una creciente alarma social.

A la vista de lo que hemos conocido en los últimos días no estaría nada mal que en próximos días fuéramos conociendo dimisiones en cadena de políticos ‘tocados’ o imputados en casos flagrantes de corrupción, irregularidades o abusos de poder. Y en esa lista deberíamos ver a personajes como a Ignacio González, Francisco Camps y Rita Barberá del PP; a Manuel Chaves y José Antonio Griñán en el PSOE; y a Cándido Méndez de UGT. Y si la infanta Cristina también renuncia a sus derechos sucesorios en el trono de España, pues mucho mejor.

Por supuesto, la lista debería ser más amplia y puede que incluso debiera afectar a escalones más altos de la clase política, pero la salida del escenario público de los siete aquí mencionados sería un gesto y una señal de que las responsabilidades de corrupción, abusos o de irregularidades políticas y económicas se empiezan a depurar.

Decíamos ayer y mucho de la corrupción del PP que ahora mana a borbotones, pero hoy le toca el turno al PSOE con la implacable jueza Alaya intentando imputar, por segunda vez, a José Antonio Griñán que es el actual ¡Presidente del PSOE! y expresidente de la Junta de Andalucía. Y con él al también expresidente de dicha Junta, Manuel Chaves, y ambos por presuntas responsabilidades en el escándalo de los ERE fraudulentos apoyados y financiados por el Gobierno andaluz, cuando uno y otro ocupaban cargos de alta responsabilidad relacionados con este fastuoso escándalo que afecta ni más ni menos que a fondos público del paro.

A la vez la misma jueza ha ordenado el registro de la sede central de UGT en Andalucía y de tres empresas relacionadas con este sindicato, para continuar sus pesquisas sobre el desvío de fondos públicos de los ERE, cursos de formación y facturas falsas, en la que constituye una de las varias piezas judiciales que UGT tiene abiertas por estos y otros escándalos que le han costado el cargo al secretario de la UGT andaluza, Fernández Sevilla. Aunque la caza mayor que seguimos esperando es la cabeza del secretario general de UGT Cándido Méndez, quien amaga con dimitir pero se niega a hacerlo como debería visto lo ocurrido y lo que está por salir (de las cajas de informes y datos confiscados por la Guardia Civil), que a buen seguro ya conoce o se imagina Méndez.

Las corrupciones políticas del PP van saliendo del cesto podrido como las cerezas donde unas tiran de las otras sin que nadie pida responsabilidades o exija dimisiones. Y tiene razón Rubalcaba cuando recuerda los 22.000 millones que el Estado ha tenido que invertir en Bankia para salvar este banco oriundo de Caja Madrid (y Bancaja que tampoco es ajena al escándalo) y donde ahora se acaban de desvelar correos e injerencias y manipulaciones del PP.

Sin embargo, los casos de corrupción del PSOE, montados sobre los fondos sociales del paro y los cursos de formación de los ERE o las estafas detectadas en UGT, tienen todos ellos un agravante moral porque afectan a un partido y sindicato que se proclaman ¡socialistas! y presumen defender a los trabajadores y luchar en contra del paro. Pero ahí siguen Griñán, Chaves y Méndez, como siguen González, Camps y Barberá, o permanece a buen recaudo la infanta Cristiana y algunos más. Algunos de ellos parapetados en sus butacas aforadas, en la presunción de inocencia, en las sedes de sus respectivas organizaciones y a la espera del juicio final. Y sin que nadie dimita o sea cesado por más que la ciudadanía esté a la espera de una dimisión en cadena que debería de comenzar ya.

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