Una España dividida y difícil de gobernar

Puede que Rajoy se arrepienta y se de cuenta algún día de algo que parece muy sencillo de explicar, pero que la ceguera del poder impide ver a los políticos tocados por la soberbia: que las mayoría absolutas no son eternas -y menos aún en tiempos de crisis-, y que entonces llegará la derrota o la necesidad de pactar con aquellos a los que se les ha negado el diálogo e impuesto el Gobierno por decreto, como está ocurriendo ahora en España.

Pero mientras tanto y a la espera de una recuperación económica que va muy lenta no llegará a los ciudadanos antes de 2015, el presidente del Gobierno Rajoy, sigue instalado en su mayoría absoluta e inmovilismo político (incluso dentro de su partido, el PP), al tiempo que crecen las distancias políticas con el PSOE. Otro partido que también sufre su propio desgarro de cohesión. Y por si algo faltara en el horizonte tenemos el desafío catalán de CiU y ERC contra la unidad de España y un panorama electoral que anuncia el final del bipartidismo de PP y PSOE, gracias a la progresión de IU por la izquierda y de UPyD por el centro.

Eso es lo que confirma la última encuesta electoral publicada el pasado domingo por el El País donde el PP se perfila como ganador de las elecciones generales de 2015 con un 33,9 % de votos, lo que les otorgaría 146 escaños pero muy alejados de la mayoría absoluta (176) y con una pérdida de 40 escaños frente a los 186 que tienen ahora. Además, el PSOE está solo a 2,4 puntos del PP, con el 31,5 % de intención de voto y 131 escaños, lo que les supone recuperar 21 con respecto a los 110 que obtuvieron en 2011. Cabe imaginar, asimismo, que el PSOE mejore el resultado su cambia de liderazgo -Rubalcaba está bajo mínimos-, de igual manera que el PP espera mejorar los suyos si la economía mejora y como consecuencia de su prometida rebaja de los impuestos.

Aunque los dos partidos tienen delante dos exámenes previos por pasar como son: las elecciones Europeas de junio de 2015, donde PP y PSOE sufrirán un severo castigo de los ciudadanos; y luego en junio de 2015, las elecciones municipales y autonómicas en las que el PP puede sufrir sonoros descalabros como se anuncian en las Comunidades de Madrid, Valencia y Castilla La Mancha.

Por la izquierda el sondeo de El País ofrece a IU una importante mejora de sus resultados para pasar de los 11 escaños de 2011 a 25 en los comicios de 2015. Por en centro UPyD, también dobla sus resultados y va de los 5 escaños actuales a 11, aunque muchos de ellos localizados en Madrid (7) y en Valencia (2), más un solo en Andalucía y otro en Castilla León, pero ninguno en Cataluña por su falta de acuerdo con Ciudadanos.

Con este posible resultado electoral es impensable que el PP pueda gobernar en 2015, aunque contara con escaños de UPyD -algo hoy imposible por la pésima relación de Rajoy con Díez- porque entre ambos solo sumarían 156 escaños. Por lo que el PP necesitaría además los apoyos de PNV (7), CiU (11) y UPN (1), para alcanzar la investidura. Algo imposible vistas las tensiones actuales del PP con UPyD, CiU y PNV, por distintos motivos e incluso por la incompatibilidad de UPyD con PNV y CiU.

El PSOE se encontraría en una situación similar en caso de que los resultados electorales fueran los del sondeo de ‘El País’, dado que sus escaños (131), son insuficientes incluso con apoyos de IU (25) e incluso los de UPyD (11), con lo que el PSOE solo sumaría 167 escaños. Por lo que el PSOE necesitaría un pacto con IU y los nacionalistas, imposible de imaginar federalistas (PSOE/ IU) y los independentistas (CiU/ERC).

En realidad la única salida a esta situación de bloqueo sería la ‘gran coalición’ PP-PSOE al estilo de la que se acaba de fraguar en Alemania. Algo que hoy resulta difícil de imaginar por causa de las enormes distancias políticas que separan a ambos partidos en la Educación, Sanidad, pensiones y reforma laboral, amén de lo que se refiere la cuestión territorial donde el PSOE defiende el modelo territorial.

Es verdad que aún quedan dos años por delante y muchas cosas pueden cambiar a favor del bipartidismo menguante, o incluso de los partidos emergentes IU y UPyD. Pero al día de hoy esto es lo que hay y ello es la clara consecuencia de la indignación general de los ciudadanos que en un porcentaje muy alto no desaparecerá.