Tensión en el mar de la China

El mundo es un pañuelo, se suele decir sobre todo ahora que vivimos en la sociedad global y comunicada, de ahí que los conflictos internacionales, por lejanos que parezcan a nuestro país y la Unión Europea -donde ayer se vivieron nuevas tensiones con Rusia a propósito de Ucrania-, nos afectan e influyen. Sobre todo si de por medio sobrevuela -nunca mejor dicho- una crisis de corte diplomático y militar que puede tener consecuencias en el orden económico y financiero internacional, como la que ahora parece ir fraguándose sobre el cielo del Mar de la China. Lugar donde en las últimas horas y días no paran de volar aviones de combate de China, Japón, Corea del Sur y Estados Unidos.

China, el aparente ‘tigre de papel’ ya ha empezado a enseñar sus garras a sus vecinos de su mar oriental, Japón, Corea del Sur y Taiwán, e incluso le ha mostrado los dientes a los EEUU. Y todo ello por causa de una vieja disputa de varios islotes cuya soberanía ostenta el Gobierno de Tokio, y reclama el Ejecutivo de Pekín. La capital china desde donde se ha decretado una zona de exclusión aérea sobre el cielo de los ocho pequeños islotes, de unas dimensiones parecidas al nuestro de Perejil, pero con un creciente interés estratégico y la posibilidad de que en sus aguas exista ¡petróleo!

La crisis económica y financiera no ha terminado y la paz en el mundo sigue siendo una quimera, incluso ahora que parece algo más tranquilo el sur del Mediterráneo, mas controlada la guerra de Siria y en retirada el desafío nuclear de Irán, desde donde los nuevos líderes de Teherán emiten videos por internet imitando el que llevó a Obama a la presidencia con su famoso Yes, we can.

Un Obama necesitado de triunfos internacionales para paliar sus fracasos en la política interna norteamericana que no ha dudado en enviar dos bombarderos B-52 sobre el cielo de las ocho islas -que los japoneses llaman Senkaku y los chinos Diaoyu- para que sobrevuelen ese espacio aéreo que pretende controlar Pekín y en el que ya han iniciado maniobras otros aviones de Japón y Corea del Sur. Tres potencias aliadas de la zona a las que ha respondido China enviando sus propios cazas para patrullar la que llaman su zona de exclusión aérea.

O sea tenemos a la vista una crisis política, diplomática y militar, con el estreno de China como gran potencia en su zona ‘natural’ de influencia regional, donde Pekín y Washington se disputan la hegemonía. Y todo ello con el telón de fondo del endeudamiento americano a favor de China y del gran negocio comercial que los chinos están haciendo con los americanos y resto de Occidente, gracias a su inmensa y explotada mano de obra.

Hay demasiados intereses económicos de por medio entre China y EEUU para que la crisis de los islotes desemboque en un frente de alta tensión militar. Pero la soberbia del gigante asiático y de su nueva cúpula política y militar no debe ser despreciada. De igual manera que todo el mundo sabe que Obama no puede dar en esta disputa un paso hacia atrás. Motivos todos ellos de preocupación sobre los que algo dirán, si crece este problema, los mercados de Occidente que suelen ser el ‘sismógrafo’ mas preventivo y eficaz a la hora de detectar elementos de desestabilización. Veremos qué pasa y esperemos que nada malo ni especial.