Berlusconi expulsado y coalición en Alemania

Por fin el Senado de Italia ha aprobado la expulsión de Berlusconi de la política con seis años de inhabilitación para cargos públicos tras su reciente condena de cuatro años de cárcel en el escándalo Mediaset, y a la espera de la confirmación de otras condenas entre las que se incluye la de prostitución de menores. Punto final pues a Berlusconi en el mismo día en el que Angela Merkel anunció en Berlín un acuerdo para gobernar en ‘gran la coalición’ que unirá a su partido conservador CDU-CSU y a los socialdemócratas de la SPD.

He aquí dos noticias importantes, dos países espejos en los que se debería de mirar España para expulsar a los políticos corruptos y alcanzar acuerdos importantes entre los grandes partidos del país, en este tiempo de tan enormes dificultades para el conjunto de los españoles, de amenaza de ruptura de la cohesión nacional y grave deterioro de las primeras instituciones del país.

En Italia la política -donde hay de todo, corrupción incluida- es un ‘arte’ y al final los jueces y la mayoría democrática de los ciudadanos ha expulsado del Parlamento y la vida pública a este abyecto personaje que es Silvio Berlusconi, y que monto todo su poder sobre un poderoso entramado mediático, aprovechándose de las carencias y divisiones internas de la oposición que, por fin, ha puesto punto final a una negra etapa de la política italiana, de la que ahora sale Berlusconi derrotado y como delincuente que es.

En Alemania, el país que mejor ha sobrevivido a la crisis europea e internacional Merkel ha vuelto a conseguir una gran coalición, como la que se debió establecer en España tras la marcha de ese político catastrófico llamado Zapatero, incluso a pesar de la gran mayoría parlamentaria (absoluta) del PP, porque de lo que se trata es de unir a los españoles ante la crisis y no de dividir.

Pero en España ni los altos responsables políticos y financieros de la corrupción pagan lo que deben ante una justicia que controlan los políticos ni se hacen grandes acuerdos de unidad nacional. Por no haber ni siquiera hay unidad en el seno de los partidos como se aprecia a diario en el PSOE -donde ayer Tomás Gómez se apartó de la dirección nacional-, entre el sector de Rubalcaba y los que se arremolinan ahora en torno a Susana Díaz; o como se ve en el PP en claras discrepancias entre Rajoy y el aznarismo, o en CiU, entre Mas y Duran, o en IU entre Lara y Llamazares, e incluso en el ámbito del centro incipiente de UPyD y Ciudadanos en donde Rosa rechaza de plano cualquier diálogo o acercamiento con los seguidores de Albert Rivera.

El espectáculo español es lamentable. Desde luego desde el inicio de la transición España nunca tuvo más problemas y a la vez unos pésimos gobernantes y dirigentes políticos como los que ahora se ocupan de la vida pública del país. De ahí el rechazo general de los ciudadanos a la clase política, como lo reflejan las encuestas, y de ahí también el ascenso de la abstención y el hundimiento electoral que esos sondeos electorales anuncia para los primeros partidos del país, PP y PSOE, como preámbulo del final del bipartidismo, lo que anuncia futuras dificultades para la gobernabilidad.

Naturalmente la ausencia de liderazgos claros y de estadistas está en el origen del deterioro económico, social, moral e institucional español, que bien merecería una reforma democrática a fondo en pos de un modelo democrático, territorial y de separación de los poderes del Estado. Las carencias que, junto al mal gobierno, han estado y están en el origen de la actual decadencia española. Una reforma que la actual partitocracia y los profesionales del poder se niegan a llevar a cabo en defensa de los privilegios de unos pocos que nadie quiere perder lo que lastra y daña el interés nacional.