Fabra, es la guinda de un pastel podrido

A Carlos Fabra, como a Al Capone, la Justicia lo ha cazado por evasión fiscal. Aunque no por los delitos de la malversación y el cohecho, y por ello este delincuente desvergonzado todavía se declara ‘satisfecho’ con la condena, que esperemos que no sea la última porque su currículum de cacique abusador del poder es tan grande como el aeropuerto fantasmal y ruinoso que dejó tras de sí.

La condena de Fabra ha estallado como bomba de relojería en el Comité Ejecutivo del PP donde se celebraba el segundo años de su victoria electoral de 2011, con un pastel de corrupción en el presidente de la Diputación de Castellón se ha convertido en la guinda de esta podrida tarta. El mismo pastel del que hace poco salió, como en una despedida de soltero, esa ‘starlette’ mediática en la que se ha convertido Luís Bárcenas, tras enseñar su doble contabilidad, para llevarse con ella a su infierno de la cárcel de Soto del Real la foto familiar de los primeros dirigentes del PP de los últimos años: Aznar, Cascos, Arenas, Acebes, Cospedal y Rajoy. Hoy todos bajo la sospecha de haber urdido y gestionado un sistema opaco para la financiación ilegal del PP, que el juez Ruz empieza a confirmar.

Las ruedas de prensa de Cospedal son patéticas y ayer pidió sin pudor la ayuda de la fiscalía para frenar al juez Ruz, no vaya a ser que la citen a ella -como lo ha pedido Rubalcaba- a un careo con Bárcenas, y lo que es peor que el juez solicite la declaración del propio Mariano Rajoy, sobre el que pesan importantes indicios. Los que van desde sus SMS a Bárcenas -cuya publicación lo dejó mudo y en evidencia-, a su clara responsabilidad por lo ocurrido en los últimos años donde Rajoy lo ha sido todo en el PP: desde vicesecretario a secretario general, responsable de las campañas electorales y ahora presidente.

Y no son Fabra y Bárcenas los únicos dirigentes del PP tocados por la corrupción porque la lista en enorme e incluye de especial manera a dos ex presidentes autonómicos, Matas y Camps, de Baleares y Valencia, en compañía de numerosos consejeros de esas Comunidades, a las que también hay que añadir Madrid y en las que los ciudadanos les darán un duro castigo electoral.

Si Rajoy fuera citado a declarar por el juez Ruz -lo que sería de mucho extrañar, visto como se manejan los hilos de la marioneta judicial desde el palacio de la Moncloa o la Fiscalía General- esa indignación ciudadana, contenida por el miedo a perder lo poco que les queda, saltaría por los aires porque en ese caso el jefe del Gobierno no estaría en condiciones de ejercer el poder y menos de pedir sacrificios o imponer ajustes sociales a los españoles. Si Mariano Rajoy fuera señalado por el juez la explosión social sería incontrolable. De momento, y en una segunda oleada, saldrá más que señalado por los partidos de la oposición, con excepción de los nacionalistas de CiU que por temor a sus propios escándalos, van en todo esto de la mano del PP.

Y ya sabemos que los ERE de Andalucía tienen al presidente del PSOE, Griñán muy tocado y puede que pronto imputado, y que la UGT es un pozo sin fondo de irregularidades y despilfarros con el dinero público, sin que Méndez se marche de una vez. Pero hoy es la fiesta de cumpleaños del PP y a Rajoy le toca apagar las dos velas del cumpleaños electoral que son, posiblemente, la única luz que de verdad ven los ciudadanos en el túnel de la crisis del país por más que el presidente insista en que la crisis ha acabando ya.

Desde luego la mezcla explosiva de corrupción y austeridad está ahí, le resta autoridad de los gobernantes y tiene una mecha muy larga que el día menos pensado una chispa podría incendiar.