El Tesoro celebra el 20-N de Rajoy

La noticia buena del día de ayer llegó de la última subasta de la deuda pública en letras del Tesoro a seis y doce meses que se han colocado a 0,7 % y 0,5% de interés, respectivamente, por un total de 4.549 millones de euros. Lo que constituye un hecho relevante dado que esos tipos confirman el regreso de la confianza de los mercados en el proceso de recuperación económica de España, y garantizan la financiación del país a un precio razonable. Y muy lejano del interés que se pagaba de hace poco más de un año, cuando España asumía costes de más del 7 % por los bonos a 10 años, con una prima de riesgo en los 630 puntos (ayer cerraba en 237) y un horizonte incierto y sin visos de solución. A la vez, la UE ha dado en estos días por concluido el rescate bancario de nuestro país, aunque persisten dudas sobre la morosidad, y los observadores de la OCDE aseguran que España está en la vía, aunque lenta, del crecimiento. Lo que no está mal.

De ahí que estos datos le sirvan a Rajoy, su Gobierno y el PP para celebrar, con prudencia, el segundo aniversario de su victoria en las elecciones de generales del 20-N de 2011, aunque este nuevo balance no garantiza al PP la recuperación del tercio de votantes que ha perdido en estos dos años de austeridad y de subida de los impuestos -en pos de la convergencia con el déficit que marca la UE-, para pasar del 44,4 % de 2011 a poco más del 30 % en los últimos sondeos de proyección electoral.

En este ecuador de la legislatura y en el recuerdo del inicio de la crisis que Zapatero y su gobierno negaron, el PSOE asiste a un penoso espectáculo, como el que ofrecen el expresidente y el exvicepresidente económico socialista, Zapatero y Solbes, con sus mutuas acusaciones sobre las divergencias entre ambos sobre la crisis y de las medidas y las soluciones que debieron de haber adoptado a primeros de 2008. Los dos mienten porque negaron la crisis durante la campaña electoral de 2008 -Solbes en su debate televisivo frente a Pizarro-, y actuaron tarde y muy mal, lo que les llevó a una ruptura entre ambos y a la gran derrota de 2011, de la que aún no se han recuperado porque de aquel 28,8 % de votos a los socialistas, al día de hoy apenas les quedan un 27 %, cuando lo lógico sería su recuperación frente a un Gobierno conservador y austero, pero no es así. Además está en cuestión el liderazgo de Rubalcaba y por cerrar las heridas abiertas con el PSC, las que de momento han sido restañadas pero no sanadas del todo.

Aunque si hablamos de política Rajoy no está mucho mejor en su débil liderazgo y los problemas de su partido a nivel nacional y en Cataluña, Madrid y Valencia no son desdeñables. Pero el poder es siempre un apoyo muy importante y el Presidente se juega el todo por el todo a la recuperación económica y la financiera de los dos próximos años para llegar en mejores condiciones a los comicios generales de noviembre de 2015.

Sin embargo, una cosa es la confianza financiera en España -‘está barata’ dicen algunos inversores-, y otra la confianza política e institucional en nuestro país. Y si repasamos una jornada como la de ayer veremos que, en vísperas de la enésima operación del Rey de cadera, el caso Urdangarin no cesa de aportar noticias sobre las estafas y fraude fiscal (aunque no le sea imputable el delito) del que fue su montaje en Nóos y Aizoon, a la sombra del prestigio real. Como no dejan de llamar la atención casos de corrupción tal y como los ERE de Andalucía, o las presuntas malversaciones de UGT y la escapada de Camps tras ser citado a declarar, además de los Gürtel, Bárcenas y los escándalos catalanes que tampoco hay que olvidar.

Y si mal está la Corona y el bipartidismo del PP y del PSOE, peor sigue el desafío catalán aunque ahora con un Artur Mas afligido y desconcertado por la bajada del PSC de ese tren secesionista que nadie sabe hacia dónde va, ni cómo piensa celebrar una consulta ilegal sobre una pregunta imposible que los independentistas aún no han podido redactar ni consensuar: ‘clara ‘dicen desde ERC, e ‘inclusiva’ dicen en CiU, mientras ICV duda si seguir o bajarse del tren.

España necesita de la estabilidad política y para eso hace falta más liderazgo, lo que no es fácil de conseguir con los mimbres actuales o jefes de partido que circulan por el parlamento español, donde hoy impera el uso y abuso del decreto ley y donde ayer se escenificó el reparto de mayor a menor (la mayoría para el PP) del Consejo General del Poder Judicial. Otro ejemplo del deterioro de la vida democrática al que son ajenos hoy los tres partidos que se presentan como emergentes, como IU, Ciudadanos y UPyD.